Agua en sus venas (radwulf 3)

CAPÍTULO XIV

Amace

—Gracias, Verha —le dije, cuando me ayudó a descender de Rhym.

Me sentía tan cansada, tanto física como mentalmente, que incluso fui incapaz de sopesar mi respuesta a la doncella que se presentó ante mí con prisa.

—Su excelencia —dijo, inclinándose profusamente—, Lord Richard y Lady Bashe le invitan a cenar con ellos.

—No —dije cortante—, disculpame con ellos. Agradezco sus atenciones, pero ha sido un día demasiado largo. Necesito descansar.

—Entiendo, su excelencia. Transmitiré sus palabras de inmediato, con su permiso.

Ella dio media vuelta corriendo al interior, mientras me animaba a dar los pasos necesarios para ingresar al Palacete y dirigirme a la alcoba. Necesitaba un baño y lanzarme a la cama.

Sin embargo, Lyssa y los demás tenían otras cosas en mente.

—Tardaron demasiado, ¿qué sucedió? —preguntó ella.

No queriendo explicarlo, asentí y me senté en el sofá, dejando que ellos expresaran su disconformidad.

—Esperamos al sanador de Lord Evron —comenzó Wills.

—Pero nunca llegó —gruñó Alton—. Incluso Lady Wet parecía desconcertada por su retraso…

—Ugh, encima la ciudad da la impresión de ser insegura —agregó Verha.

—No había ningún soldado custodiando las puertas del Palacete. Si el Comandante Argus ha sido negligente hasta ese punto, no quiero ni imaginarme cómo ha manejado el Palacete militar. El General querrá su cabeza cuando lo sepa —dijo Wills, retomando la palabra.

—Estamos de acuerdo en que esa mujer da miedo, ¿verdad? —preguntó Verha a Wills y Alton.

—¿Qué mujer? —les pregunto Lyssa.

—Lady Wet —respondieron los tres al unísono.

—¿En verdad? —me preguntó Lyssa, sorprendida.

—No puedo negar que es extraña… —suspiré.

—Tiene la mirada muerta, como mi abuelo —dijo Verha, y se explicó al ser el centro de la atención—; Mi abuelo materno fue parte de la marina y estuvo presente en la masacre de “La Perpetua”. Mi abuela dijo que sus ojos solían ser de un verde cristalino, pero ahora son una sombra verde, sin brillo y manchados por el horror. Nunca superó lo sucedido.

Durante el consiguiente silencio, me pareció que todos llegaron a un acuerdo tácito.

—Por nada del mundo debe estar a solas con ella —dijo Lyssa, los demás asintieron.

—Está bien —acepté. No podía negar que esa mujer parecía peligrosa—. De todas formas, mañana iremos a ver en persona al sanador Adolf, y luego veremos los registros de la biblioteca. Mis prioridades son reunir evidencia y escoger un reemplazo temporal.

—Entendido, milady —asintió Wills—. Yo tomaré el primer turno…

—Permíteme hacer el primer cambio —le dijo Lyssa.

Wills me dio una mirada extraña antes de asentir.

—Está bien. Haremos las rondas como acordamos antes.

Los cuatro se retiraron. Lyssa con algo de reticencia, obedeció mi pedido de solicitar la ayuda de un par de doncellas para llenar la tina.

—Puedo hacerlo yo —dijo.

Yo sacudí mi cabeza en una negativa silenciosa que al final ella aceptó. Los cuatro debían estar en el mejor estado posible para complir su misión de protegerme, por lo que dormir cuando pudieran era indispensable.

Ella lo sabía.

Las doncellas solicitadas llegaron poco después, y luego de llenar con agua fría la tina, titubearon ante la orden de dejarme a solas. Claramente querían ayudarme, pero no lo permití. Ellas hubiesen visto mis cicatrices. Pocas personas las habían visto, y no tenía energía para lidiar con el horror y la vergüenza… con la lástima. Comenzar una relación con Clim, me había vuelto demasiado consciente de mi apariencia.

Una mañana, semanas atrás, él había llegado a mi oficina para consultarme sobre la geografía del oeste. Sin duda, una excusa para poder pasar tiempo juntos.

—A ti se te da mejor la geografía —dijo, inclinándose a mi lado—. Su majestad insiste en extender el único puerto en esta zona…

Señaló el mapa que dejo sobre mi escritorio, apoyando su brazo izquierdo en el respaldo de mi silla.

—N-no es viable —tartamudee, sintiendo su aroma y presencia con mucha intensidad. Mi corazón me instaba a inclinarme hacia él, en busca de su calor y tacto—. Más allá de lo construido, la profundidad incrementa el costo de poner pilotes para extender la plataforma…

—¿Y en esta dirección…?

Señaló hacia la zona marcada como “playa”, e intenté concentrarme en el asunto.

—Tampoco, tendríamos que extender la playa y terraformar la zona al completo, para que las mareas no perjudiquen el embarque. Además de que los civiles perderían la entrada al mar, en ese pueblo la población debe rondar los cinco mil habitantes, tendríamos que trasladar la mano de obra. Construir alojamientos, los recursos…

Mire su rostro, tan cerca, tan atractivo. Incluso sus anteojos, aquellos que Drave le había dado para disminuir sus dolores de cabeza, le daban un aire tan atrayente… Deseaba besarlo. Mucho. Giró su rostro y nuestros ojos se encontraron un segundo. Avergonzada, volteé y escuché su ligera risa.

¿Por qué no?

¿Por qué no lo hago?

¿Qué me detiene?

Armandome de valor, gire mi cuerpo hacia él y alcance sus anteojos, quitándoselos con cuidado para dejarlos sobre el escritorio. Él tan sólo me observó, y no se resistió cuando deslice mi mano a su nuca y lo acerque todavía más hacia mi. Cerré los ojos y llevé mi boca a la suya.

Él correspondió mi beso con un pequeño gemido, deslizando su lengua contra la mía mientras colocaba sus manos en mi cintura. Una oleada de cálido placer me atravesó, y sentí el fuerte impulso de dejar mi asiento y aferrarme a él… pero entonces escuche que alguien se aclaraba la garganta. Me aparté, sorprendida, y vi a Cyna bajo el umbral de las puertas, de espaldas a nosotros. Clim comenzó a reírse, mientras mi rostro ardía y lo ocultaba contra su pecho. Sus manos todavía en mi cintura.




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