Clim
Me levanté al alba, quizá demasiado temprano, pero cansado de continuar con mi inutil intento de conciliar el sueño. Esa noche iba a partir hacia Onode, después de terminar de delegar mis deberes a Lesson y los Comandantes Mayores en la ciudad, Yenray y Ferez. El objetivo era evitar que mi ausencia fuera evidente, al menos, hasta que ya estuviera de regreso.
Acababa de regresar a mi habitación luego de una larga charla con los tres, cuando noté a Noemia de pie en medio de mi salón privado.
—¿Qué? —inquirí, demasiado centrado en mi pronta partida como para prestarle más atención que esa.
Pronto me aseguraría de que Macy estuviera a salvo. Nada más importaba.
—Te lo diré todo, pero será mejor que tomes asiento —dijo, señalando el sofá frente a ella.
Ella tomó asiento en el sofá contiguo, mientras yo hacía lo que me pidió a regañadientes, sintiéndome más que inquieto por su tono y expresión. La vi acomodar sus faldas, tomándose un tiempo molestamente largo antes de hablar.
—Maldición, suéltalo de una vez. —Le urgí, perdiendo la paciencia.
—Estoy decidiendo por dónde comenzar —gruñó, frunciendo el ceño.
Tras soltar un largo suspiro, masajeó con sus dedos entre sus ojos. Su cansancio y su figura tensa, no eran algo habitual de ver.
¿Es tan malo?
—Sabes que hace diez años, Ambon tomó la decisión de dar autonomía administrativa a las ciudades. En especial más allá del gran río Onode —asentí ligeramente, instándole a continuar—. Como es obvio, la comunicación con otras ciudades fue demasiado escasa y difícil aquellos años. Era de esperar que las personas buscaran migrar lejos del peligro, y ese fue el caso en Onode. La mayor parte de su población decidió cruzar el río e instalarse en el distrito contiguo.
»El Alcalde de Minkah en aquel entonces era Lord Anish. Cuando su tiempo a cargo terminó unos años después, asumió Lord Evron.
»Siendo más precisa, su primera esposa, Lady Delphine, falleció el otoño anterior al robo del Traidor. Unos tres años después, se casó con su segunda esposa, Wet de Minkah. Y durante los meses siguientes él cultivó su influencia con rapidez, pese a nunca haberse involucrado en la política, y fue escogido como Alcalde.
»Según las cartas enviadas por los civiles de ambos distritos después de la boda de Hazel y Ambon, al inicio todo transcurrió con normalidad. Lograron adaptarse a los cambios y vivían sus vidas con miedo, pero ayudándose unos a otros… y entonces las personas comenzaron a desaparecer. La violencia se disparó y la desconfianza fue echando raíces en todos.
»Hice copias de algunas, las que me parecen más relevantes —hurgo en uno de los bolsillos en sus faldas, y dejó un fajo de papeles sobre la mesita—, leelas luego. Son… preocupantes, como mínimo. Sucesos que parecen sacados de las más abominables pesadillas.
—¿Qué papel juega Lord Evron en todo esto? —Le pregunté, alcanzando los papeles.
Su prolija y familiar letra, no calzaba con el terrible contenido que me aguardaba.
—Su segunda esposa, Lady Wet de Minkah… es a ella, a quien señalan como la responsable detrás de todo.
—¿Ella? —sacudí la cabeza con incredulidad—. ¿Una mujer está detrás de todo?
Noemia asintió y unió sus manos en una silenciosa plegaria, mientras daba un vistazo al cielo raso.
—Clim, pese a que no he logrado sentirlo, la única explicación con sentido… —Me miró a los ojos—, hay al menos un Bletsun involucrado en esto.
—¿Qué dices? —jadee, saltando fuera del sofá—. Eso no…
—Estarás de acuerdo una vez leas las cartas —señaló los papeles en mi temblorosa mano—. En Radwulf no hay fuerza más poderosa que la Bletsun, los Tamers apenas están regresando y son incorruptos, y las ánimas tampoco son capaces de reunir el suficiente poder como para afectar la vida.
No quería admitirlo. Decir que “ella tiene razón” se sentía incorrecto, como si tal afirmación fuera el punto final de una desastrosa historia… que prefería lanzar al fuego.
—Entiendo que te cueste creerlo… —continuó, poniéndose de pie—, naciste y creciste en un Radwulf distinto al que yo conocí. Pero, Clim, no somos Tamers. Así como protegemos este reino, somos capaces de destruirlo.
Sin más, ella me dejó solo con mis turbulentos pensamientos.
Volví a tomar asiento, arrojando los papeles sobre la mesita mientras me armaba de valor para continuar. Para apresurar mis pasos hacia Macy y procurar, con todo mi ser, que el futuro no se convirtiera en un desastre irreparable.