Agua en sus venas (radwulf 3)

CAPÍTULO XXV

Clim

Abandone el palacio cerca de la medianoche, sin despedirme de nadie. Dado que Sath podía ser reconocido por algún soldado, tome un corcel del establo con el pelaje completamente negro llamado Zen. Con escaso equipaje y tan discretamente como pude, deje atrás la capital y me apresure en recorrer los kilómetros que nos separaban.

Mantuve mi preocupación a raya, mientras evitaba los caminos principales, bordeaba pueblos, cruzaba bosques y riachuelos. Tan sólo me detuve a descansar lo justo y necesario para Zen, más que para mi bien. No podía permitirme que él muriera de agotamiento. Mantenerlo bien alimentado, hidratado y descansado, era la mejor manera de permanecer tan fuera de los ojos curiosos como pudiera.

No tenía opción respecto a la promesa con Noemia, por supuesto. Debía mantenerme fuera de la vista y conocimiento de Macy… pero sobre todo, necesitaba asegurarme de que nada saldría mal.

“Ningún destino es inmutable. Prepararnos para todas las posibilidades, es lo único que podemos hacer”.

Las palabras del Maestro resonaban con claridad dentro de mi cabeza. Probablemente, gracias a la anterior intervención de Noemia, y no podía sentirme más agradecido por ello.

“... mantener el cuerpo saludable les ayudará en el control sobre su magia”.

“Extiendan sus sentidos. Todo lo que nos rodea está conectado, desde el más pequeño grano de arena, hasta las estrellas que iluminan el cielo nocturno…”.

“... Incluso en las peores situaciones, no deben olvidarlo”.

Fueron casi seis años bajo su tutela… tan sólo seis años. Y aunque en su momento me parecieron una eternidad, ya como adulto no podía sacudirme la sensación de que todo pertenecía a otra vida.

A la vida de alguien más.

El niño que fui, tan lleno de sueños y esperanzas. Tan feliz pese al duro entrenamiento, las largas horas de estudio, el agotador ir y venir a lo largo y ancho del reino. Era muy diferente al hombre en que me convertí. Demasiado ocupado para disfrutar de las pequeñas cosas, sin tiempo para volver al placer de leer novelas y luchando para estar junto a Macy.

A veces, sentado frente al fuego me perdía en aquellos pensamientos, lamentando no haber llevado conmigo algún libro que pudiera distraerme.

Cuando finalmente llegué a las cercanías de la ciudad de Onode, me sentí aliviado gracias a la fuerte presencia de Macy. No necesitaba extender mi magia hacia ella, arriesgándome a ser descubierto. Era tan clara y estable, que casi me sentí estupido por preocuparme.

Casi.

Decidí hospedarme en un pequeño hostal por el momento. Fui hasta la caballeriza a un lado, donde dejé al agotado Zen en manos de un muchacho, y en la recepción firmé como “Nelson de Ro´ime”. El nombre falso que solía usar de niño, cuando nos debíamos hospedar en algún lugar con el Maestro. Solo bajé la capucha ante el anciano que me recibió, por cortesía. Y entonces esperé… pidiendo a los Dioses que nada saliera mal.




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