Agua en sus venas (radwulf 3)

Apartado 30

Pocas cosas son capaces de sorprenderme. En mis casi 32 años de vida, he sido testigo y partícipe de tantos sucesos, tantas verdades y tanta oscuridad.

Pero estos niños parecen ser la gran excepción.

Como mencioné la última vez, los lleve a las tierras baldías de Ghnom, tan lejos como nos fue posible. Ahí, puse a prueba sus capacidades mágicas. Y entre las habilidades registradas, puse especial atención en el “control de temperatura” que ambos comparten. Al ser una habilidad que no se ve, tan solo se siente, sentía gran curiosidad por el límite exacto en que ambas magias colisionan.

Primero hice florecer margaritas a sus pies, pidiéndoles que bajarán la temperatura en torno a una sola, tanto como pudieran. Amace lo hizo sin quejas, logrando que su flor se congelara por completo, hasta caer sobre la tierra haciéndose añicos. Mientras tanto, Clim comenzó a verse algo pálido mientras su flor dejaba de moverse con la ligera brisa, y una muy ligera escarcha cubría sus pétalos.

Sin embargo, su nariz comenzó a sangrar cuando la escarcha se extendió a las flores aledañas y la primera estalló en pequeños fragmentos de hielo.

Corrí hasta él, pero no alcance a sujetarlo antes de que cayera al suelo. No perdió la conciencia, pese a no verse nada bien. Intenté mantener la calma para no asustar todavía más a Amace, quien gimoteaba llamando a Clim. Él gruñó “mi cabeza”, mientras yo presionaba un pañuelo en su nariz y ella alcanzaba su mano.

Entre mi profunda preocupación, no dejaba de resonar un “imposible”.

Siendo el Bletsun del fuego, Clim no debió ser capaz de congelar nada. Tenía que existir un límite, una pared que tanto él como ella no fueran capaces de cruzar.

Cuando la nariz de Clim dejo de sangrar y pudo sentarse, aún algo pálido y con el ceño fruncido por el dolor de cabeza, mi preocupación fue dando lugar a la curiosidad. Deseaba comprobar que Amace también podía traspasar aquel límite. Que no había sido un suceso extraordinario, y quizá, había un trasfondo desconocido.

Antes de poder hacer algo más que decir “Amace…”, Clim me gruñó un “No”. Y sacudiendo mi brazo, insistió “Macy no, duele mucho”.

Su preocupación era conmovedora y esfumó mi curiosidad casi por completo. Pero Amace misma dijo que quería intentarlo, ganándose una serie de gruñidos e improperios por parte del pequeño gruñón, al que tuve que cubrir la boca para beneficio de mis oídos.

“¿Estás segura de querer intentarlo?”, le pregunté, viendo sus claros y decididos ojos con ansiedad. Ella asintió, y cogí a Clim arrojándolo sobre mi hombro, para llevarlo lejos de las flores.

Sus gritos pidiéndole que no lo hiciera, comenzaban a irritarme un poco. Sin embargo, cerró la boca cuando Amace, ya sentada en medio de las margaritas, comenzó a elevar la temperatura de una flor frente a ella. Como temía y esperaba, pronto comenzó a sangrar su nariz y la flor en la que estaba enfocada, se secó y comenzó a arder hasta convertirse en cenizas entre las demás que comenzaban a secarse.

Clim se retorció y saltó de mi agarre, yendo a su lado antes de que cayera.

Fue… una sorpresa.

Una sorpresa muy inquietante.

En los antiguos registros Bletsun, los de Fuego y Hielo tenían marcados límites entre sus magias. Al ser opuestos tan claros, uno nunca sería capaz de manejar la magia del otro, tanto física como espiritualmente.

Cuando un Dios escoge un alma para ser receptora de su bendición, la misma solo perdura sobre la vida presente, no las encarnaciones futuras. Y ningún Bletsun podría nunca tener dos bendiciones al mismo tiempo.

Siendo así, ¿por qué?

¿Por qué Amace y Clim pueden rebasar esos límites?

Espero desentrañar este misterio… algún día.

Balkar de Ghnom.




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