Agua en sus venas (radwulf 3)

CAPÍTULO XXXI

Clim se internó en la ciudad sintiendo la humedad del aire con cierta incomodidad. No podía ignorar que había algo más allá de las desiertas calles y la presencia que se desvaneció en algún punto de sus callejones. algo que parecía acecharle a cada paso. Parecía una locura, pero él casi podía jurar que algo consciente se movía a través de la humedad.

Desde las sombras.

Pese a ya no poder sentirlo, se dirigió hacia donde estimaba que se había hallado el origen. Una fuente comunal, con una estatua en honor a Zafhro Regwos en medio y labrados de Jnah en el borde. No había nadie alrededor, aunque él logró sentir el calor corporal de varias personas dentro de las viviendas.

Una de las cortinas en un segundo piso se movió un poco, pero no podía irrumpir sin una razón concreta, y sin riesgo a incumplir su promesa. Entonces decidió sentarse unos minutos junto a la fuente, e intentar conectarse con algún fogón o la llama de una vela.

Lo que… resultó ser una pérdida de tiempo.

Mientras tanto, Wills guiaba a su grupo hacia el mismo puente que Clim había cruzado. Los hombres sospechosos estaban de vuelta, bloqueando el paso, pero no titubearon. Con movimientos precisos, los noquearon e hicieron a un lado, atando sus manos y dejándolos entre unos arbustos sin el menor tiento.

Llegaron a la ciudad y fueron por los callejones hasta un establo, donde Wills negoció con su reticente dueño para obtener los caballos que necesitaban, y un carruaje antiguo pero en buenas condiciones. Entretanto, sus subordinados se dispersaron alrededor del Palacete, vigilando las entradas y salidas a una distancia prudente. Cuando uno de ellos vio salir a Lady Wet por la puerta principal, y subir a un carruaje rumbo al encuentro con la Virreina, alertó a sus compañeros y corrió de vuelta al establo. En el lugar, el carruaje ya estaba atado a dos caballos y otros tres corceles con sus monturas para ellos, por lo que partieron de inmediato rumbo al Palacete. Se acercaron por un costado y Wills ingresó al lugar a través de la puerta de servicio, con dos de sus compañeros detrás mientras los demás llevaban el carruaje a la puerta principal. Las doncellas y los mozos reunidos en la cocina los vieron pasar con asombro, apartándose de su camino sin atreverse a decirles nada. Sólo la cocinera murmuró un “por todos los Dioses, ¿quiénes son?” con una mano sobre su agitado corazón.

—Quédense aquí y no digan nada. —Ordenó Wills, dirigiéndose a la escalera de servicio.

Subieron rápidamente hacia la habitación del alcalde, atravesando la antecámara con largos y decididos pasos, pero antes de alcanzar las puertas estas se abrieron y Glyn se asomó con el ceño fruncido. Por inercia, Wills y sus compañeros se detuvieron de golpe y llevaron sus manos a las empuñaduras de sus espadas.

—Señorita Glyn, hágase a un lado. —Le ordenó Wills, dando un amenazador paso hacia ella.

Antes de que ella pudiera decir algo, Drave se asomó a su espalda y dijo:

—Hola, Wills. No pierdas el tiempo y entra.

La sorpresa resquebrajó el rictus severo de Wills.

—¿Pero qué…?

—No hay tiempo para explicaciones —insistió Drave, y sujetando su brazo lo jalo hacia el interior de la habitación.

Glyn esperó junto a la entrada con los dos compañeros de Wills, ansiosa pero decidida. Drave rodeo la cama del adormilado Lord y le quitó las mantas de un tirón.

—Tenemos que movernos rápido —dijo, subiéndose a su lado—. Tengo un hechizo que cortara la conexión entre Lord Evron y Wet. Pero en el segundo en que se corte, ella lo sabrá.

—Un momento —dijo Wills, alzando las manos con exasperación—. ¿Lady Amace está al tanto de esto?

—Uh… no —respondió Drave, deslizando un brazo bajo los hombros del Lord.

—¡¿Cómo que no?!

—No tenemos tiempo —insistió Drave—. Nuestra misión es llevar a Lord Evron hasta Real, las explicaciones pueden esperar hasta que estemos en camino.

Wills quería respuestas… pero lo sabía mejor. Su Virreina le había encomendado una misión y él la cumpliría, aun si debía incluir sin aviso a Lord Drave de Ro´ime.

—Bien, lo que sea —masculló.

Se inclinó, deslizó un brazo tras Lord Evron y alzó su torso casi sin dificultad. Glyn se apresuró en despejar el camino y mantener las puertas abiertas, mientras uno de los soldados reemplazaba a Drave y el otro detenía al mayordomo que se asomó desde el pasillo.

—¿Qué sucede aquí? —preguntó el hombre con temor.

—Vaya con su familia, señor Feng. —Le dijo Glyn, antes de que Wills o Drave pudieran intervenir.

Ella y el hombre intercambiaron una mirada, y eso bastó para que él asintiera.

—Me iré entonces.

El soldado que sostenía al señor Feng espero a que Wills gruñera un “suéltalo” antes de dar un paso atrás, y ver como este corría lejos. Entonces todos se apresuraron hacia las escaleras principales, pero Wills dejó al Lord con sus subordinados, y alcanzó a Glyn antes de bajar, sujetándola de un brazo.

—Si ese hombre alerta a alguien…

—No lo hará. —Le gruñó Glyn, jalando su brazo lejos de él—. El señor Feng sabe muy bien lo que está en juego. Nadie alertara a los espías y soldados de Lady Wet.

Parecía estar muy convencida de sus palabras, sin embargo, Wills no le creía ni podía permitirse creerle. Drave se detuvo a mitad de las escaleras, volteando con el ceño fruncido.

—Yo confío en su palabra, así que déjala —dijo cortante.

Un tono que Wills nunca le había escuchado usar. A regañadientes, la dejó ir y todos salieron por las puertas principales y hacia el carruaje. Rápidamente, los soldados acomodaron a Lord Evron en uno de los asientos, de modo que su cuerpo quedara medio recostado con ayuda de algunas almohadas… y entonces un susurro metálico alertó a Wills.

Volteó justo cuando el atacante alzaba la espada con intenciones de cortarlo. Con un fluido movimiento golpeó sus muñecas, sostuvo uno de sus brazos y dio una patada en sus rodillas, provocando que se inclinara. Sintiéndose muy, muy molesto, torció su brazo hacia atrás mientras lo rodeaba y envolvió su cuello con el otro brazo, jalándole con tanta fuerza que el sujeto sólo podía proferir gruñidos ahogados.




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