¡ah, era eso!

ELYAN

Me llamo Elyan, tengo 60 años, y hasta hace poco mi vida no se distinguía de la de cualquiera. Desde hace años repito el mismo ritual: una ducha rápida, un café bebido a medias y el trayecto hacia una pequeña oficina donde paso los días rodeado de rostros que apenas reconozco. Vivo en un apartamento modesto, con la ventana del vecino por paisaje y el murmullo constante de la ciudad como única compañía.

Siempre me he visto como un hombre ordinario: vida ordinaria, sueños ordinarios, miedos ordinarios. Temo a la enfermedad, a la soledad, al fracaso. A veces siento que la existencia es una carrera interminable hacia un destino que nadie ha explicado. Me pregunto, como tantos otros, cuál es el propósito de todo esto. ¿Para qué estoy aquí? ¿Qué sentido tiene realmente mi vida?

Mis días transcurren entre rutinas y mis noches entre sueños que nunca recuerdo. En ocasiones me siento en el balcón, mirando el cielo nocturno en busca de una señal, alguna pista que ilumine el misterio de mi existencia. Pero las estrellas guardan silencio, y yo me quedo con mis dudas, esperando que algún día ocurra algo distinto.

A las siete en punto suena el despertador. El pitido se mezcla con el tráfico que ya invade las calles. Me visto con la misma ropa de siempre —camisas neutras, pantalones que no llaman la atención— y preparo un desayuno ligero: una tostada y un café que tomo de pie, observando por la ventana a la gente que pasa con prisa, como si todos huyéramos de algo que no sabemos nombrar.

En el trabajo, los días se deslizan entre reuniones y tareas repetitivas. Mis compañeros conversan sobre sus fines de semana, algún partido de fútbol o planes que no me incluyen. Yo escucho en silencio, sin encontrar verdadero interés en nada de ello. A la hora del almuerzo como solo en un parque cercano, observando a los niños que juegan y a las parejas que pasean, sintiendo una distancia que no sé cómo acortar.

Por las tardes regreso a casa en metro, con la mirada perdida en mi propio reflejo. La cena es sencilla, algo rápido que preparo sin entusiasmo. Las noches se me van entre libros que ya no consiguen atraparme o películas que veo hasta quedarme dormido. A veces me descubro mirando el reloj, deseando que el tiempo avance con más prisa, como si estuviera aguardando algo cuyo nombre desconozco.

No sé si llegará ese día en que todo esté más cerca de lo que imagino. No sé si, de forma inesperada, algo romperá esta inercia. No sé si el velo de la confusión se levantará alguna vez y podré ver con claridad lo que quizá siempre ha estado ahí, oculto a plena vista.

Hasta entonces, soy simplemente Elyan. Un hombre con un nombre, un trabajo y una vida a la que no logro encontrar sentido, por más que me esfuerce en participar, en encajar, en ser uno más.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.