Apenas me levanté, leí el mensaje de Nether diciendo que había ajustado los días para que calzáramos una salida juntos.
Tenía los ojos hinchados de tanto llorar y del poco sueño que tuve. Luego de calmarme, Zay no pudo quedarse por mucho porque lo llamaron para arreglar un tema urgente de trabajo. Nos despedimos y dimos las buenas noches, pero yo no tuve nada de eso.
Mi cabeza era un caos desde aquella conversación.
Nada estaba bien, pero tampoco quería dejar de verlo, de escuchar su voz.
Me obligué a salir de la cama para tomar un baño frío, mi rostro seguía caliente y mis pensamientos, contradictorios. Mamá entraría al cuarto en poco tiempo para ver que me hubiese levantado, así que me apresuré con la ducha y me sequé a medias el cabello.
—Mi niña, Elnath ya salió —llegó diciendo mamá incluso antes de abrir la puerta—. Qué bueno que ya estás levantada.
Me besó la frente y luego volteó a mi armario, metiéndose de lleno para sacar toda la ropa de los cajones y colgadores.
—Devbah, ven aquí, necesito una ayudita.
—¿Mamá? —La miré confundida, mi ánimo ligeramente mejor.
Mi robot obedeció y se movió apenas unos zéntitros para quedar a su lado. Mamá notó mi cabeza ladeada, pero no hizo más que soltar una risita, sin querer responderme por unos minutos, revisando la ropa de un lado a otro.
Similar a cuando tuve que ir a ver a Elheks, pero ahora un montón de malos recuerdos se me acumulaban sobre la espalda.
Me había arriesgado demasiado ayer, había puesto en peligros a todos solo por hablar con Zay.
—Saldremos a la feria de abastos —me respondió luego de que nos quedáramos en silencio por un rato, sin dejar de acomodar una cosa con la otra—, con la diseñadora de siempre.
—Sí, lo sé. Pero... —me senté en la cama, bajando la voz—, siento que hay otra cosa.
Ella se rio, apartando unos mechones de cabello una vez la combinación que quería estuvo lista
—¿Como qué? Es solo una salida madre e hija y quiero que te veas hermosa. —Me lanzó un beso—. Ahora ve a ponerte esto, hoy te peino yo.
Entrecerré los ojos, pero con lo mal que iba todo, no quise reclamar. Tomé el vestido verde de falda acampanada con detalles florales con el bolero holgado y me metí al baño otra vez.
Me miré al espejo, me gustaba. Era ropa que me hacía sentir bien, pero no estaba segura de sí mi estado de ánimo podría acompañar el vestuario.
Salí y descubrí a mamá escribiendo en su tableta, riéndose como cuando le tenía una sorpresa a papá, pero no lo lograba ocultar bien. Había algo que no me quería decir, y a juzgar por mis opciones, solo tenía la certeza que iba a ser relacionado a Nether y Zhartek, después de hablar con ella por la mañana todo hacía sentido.
—Vamos, toma asiento —me dijo mamá—. ¿Recuerdas cuando te peinaba de pequeña porque, según tú, Devbah no te hacía el recogido como te gustaba?
La miré a través del espejo: llevaba una coleta alta y había maquillado el borde alargado de sus ojos en un color similar a su cabello rojizo. Sonreía con ternura, pasándome las manos por el cabello en búsqueda del cepillo especial para mi cabello de grandes hondas.
—Devbah sigue haciendo los recogidos muy apretados.
Le devolví la sonrisa, pero luego aparté la mirada, concentrándome en el borde del espejo como si fuese lo más interesante del mundo.
—Sí, pero no hay nada mejor que la mano de una madre para peinar. —Me acurrucó entre sus brazos, apretando su mejilla contra la mía—. A quién habrás salido tan guapa.
—Mamá —reí con ella.
Continuó peinándome, apartando de mi rostro la mayor cantidad del voluminoso cabello, dejando solo dos mechones a los lados. Una trenza que iba de un lado al otro y se enroscaba justo al costado.
—Soy la mejor peinando, no tienes que decirme nada.
Asentí, mis ojos en un radiante amarillo.
—Ahora ponte tu maquillaje bonito y quedas como... —Se calló, haciendo cara de asco—. Olvídalo, no quiero que parezcas princesa, al menos no una de este planeta.
A pesar de lo malo que era recordarlo, solo reí. Pasando a maquillarme con lo típico de rubor, pestañas y labial. Me atreví a usar la decoración que estaba de moda entre los rangos intermedios a bajos, en los que se colocaban pequeñas piedritas en el párpado.
Mientras lo hacía, mamá guardó toda la ropa.
Ordené mi bolso con la tableta. El video que había pedido Ahren todavía no salía, para ese momento tendría tanto a cires como thares odiándome como si fuese su mayor enemigo. No quería pensar en cómo me vería en él. No quise pensar en eso. No cuando me quedaba tan poco...
Galaxias, yo misma me arruinaba el día.
Me di cuenta entonces que no había conversado ni con papá o con mamá lo que había sucedido ayer con Ahren.
—¿Dónde está papá?
—¿Fhrewiz? —Ladeó la cabeza, sin dejar de sonreír—. En su escritorio, ya se sirvió desayuno. Nosotras gozaremos del día fuera, iremos a una zona de comida donde pediremos lo que queramos.