El plan era simple, iría con él hasta su transportador estando invisible y una vez allí, iríamos a donde quisiéramos.
De solo pensarlo se me encendía el rostro: era una cita. Y estaba desafiando a Ahren y todo lo que él había puesto sobre mí al hacerlo. Me sentía emocionada, mi corazón latía con fuerza, pero también estaba aterrada.
Jugué con mis dedos, justo detrás de él mientras observaba a los cithlreanos a nuestro alrededor. Su perfume llegó a mi nariz: dulce y sutil; combinaba a la perfección con él.
—Bien..., voy. —Amplió la sonrisa girando hacia donde estaba yo e hizo camino entre el montón de compradores que se apilaban entre sí.
Estaban todos tan atareados que no se fijaron en la sombra que se generaba bajo mis pies y con tantos cuerpos yendo y viniendo, tampoco cuestionaban si llegaban a rozarme.
Sentía el corazón en el oído, a pesar de que me había acostumbrado a usar mi habilidad en los castillos de vez en cuando y también en casa, afuera no había día que recordara haberlo hecho de esta forma, ante tantos. Era un nuevo tipo de experiencia en todos estos años solares.
Después de que esa entrevista saliera a la luz, yo estaba yendo entre los cithlreanos sin que alguno se fijase en mí. Algo similar a la euforia me embargó. Estaba yendo a una cita y nadie lo notaba. A mi alrededor, por más atención que pusiese y mirara, no había nadie. No nos seguían.
Repetí el camino de Zay. Ya no teníamos nuestras manos juntas, pero me sentía más cerca de él que antes.
Llegamos a un sitio con más cires que thares y de allí nos desviamos entre unas cuantas tienditas que vendían comida de un intenso pero buen aroma. Algunas frituras y otros confites captaron mi atención. Casi no pasaba por aquí, así que me sorprendió ver algunas cosas de otras regiones en su máximo esplendor.
Llegamos a una zona de estacionamiento bastante apartada, sin cámaras a simple vista.
Zay se detuvo junto a un transportador negro y antiguo, tenía al costado un rayado de una flor cerjyah con una pequeña “R” como firma. Quizás me apresuraba a sacar conclusiones, pero podía asegurar que había sido su hermanita.
Me metí en él luego de Zay y, solo cuando estuvimos en lo alto, reaparecí, cubriéndome el rostro mientras intentaba no reír: lo habíamos conseguido.
Quizás mis Estrellas se estaban apiadando de nosotros porque sabían que no teníamos demasiado tiempo.
Mantuvo el transportador en el aire, sonriéndome con confianza.
—Te dije que podías tenerme un poco más de fe.
Reposé mi cabeza en el asiento, mirándolo con ternura, él copió mi gesto y uno de sus mechones azules se escapó al costado. Galaxias, todas mis dudas parecían esfumarse al verlo.
—Podrías haberme dicho.
—Tu madre quería que fuese una sorpresa y tu padre y yo creíamos que era mejor que no supieses si es que ocurría algo antes de la reunión. —Se excusó, sus pupilas aun brillando en amarillo—. Planeamos todo con cuidado, así que realmente no tienes de qué preocuparte.
—Tengo mucho por lo que preocuparme —susurré, tratando de mantener el ánimo—, pero confiaré en ti y en mis padres...
Otro destello azul se paseó por sus ojos, haciendo flaquear la expresión tranquila y contenta que llevaba. Bajó la mirada hasta los controles, consiguiendo que me sintiera culpable incluso sin decir nada.
—Lo siento. No era mi intensión, solo...
—No es nada, Ari. Solo me molesta todo lo que ha hecho él, ya sabes —suspiró y tomó el peluquín, lanzándolo al asiento de atrás con una pequeña sonrisa antes de que esta desapareciera, reemplazada por una mueca torcida—. Entiendo cómo te sientes. Los clanes y altos rangos nos han mantenido de esta forma desde hace tantos zenlenios. Además, nuestras familias...
Reposó la cabeza en el asiento, pero no pude concentrarme en ello, solo en lo que había dicho.
—¿Sabes algo más de mi padre que yo no sepa?
Dio un pequeño brinco en el asiento y torció el rostro de inmediato hacia el costado que no podía ver.
Tragué saliva, mi corazón latió de prisa por los motivos equivocados. Ni siquiera sabía porqué había hecho esa pregunta, después de los problemas que le había traído a mi familia ni siquiera debía cuestionarlos.
—Zay.
—No es sobre tu padre, Ari —carraspeó, aún sin voltear—, es sobre el mío. Aunque tengo que admitir que la principal razón por la que no me llevo con el Híades Fhrewiz es porque se parecen en cosas que no comparto.
Quedé mirándolo por un largo segundo, esperando que me mirara a los ojos, pero no lo hizo, siguió dándome la espalda. No entendía qué era lo que me molestaba de todo esto, pero algo en mí no dejaba de decirme que iba más allá de mentiras piadosas.
Además, bajé la cabeza, estas cosas no hacían más que notar lo poco que nos conocíamos en realidad. No habíamos tenido tiempo para nada, tampoco lo tendríamos.
Cuando se giró, sus ojos encontraron los míos en un temeroso violeta. Mis fuerzas flaquearon. A pesar de todo, deseaba conocerlo, deseaba que cada barrera entre nosotros se derrumbara, aunque fuese consciente de que yo mantenía demasiadas elevadas por culpa de Ahren.