Ahris | Constelaciones Perdidas

°• Capítulo 19 •°

Todo fue demasiado rápido. Mis tacones volaron fuera de mis pies y las lágrimas nublaron mi vista al mismo tiempo que el agua se acercaba dispuesta a tragarme por completo. Desaparecí del miedo me hice un ovillo como papá me había enseñado.

Solté un grito ahogado en el momento en que golpeé el agua, hundiéndome hasta el fondo. Fría, aunque poco turbulenta. Usé mis pies para impulsarme, sintiendo la piedra pincharme de vuelta.

Jadeé con desesperación en el momento que mi cabeza salió a la superficie por un momento, chapoteando a todos lados en una lucha constante con el peso del vestido. Mis Estrellas, no podía salir a tomar aire si la tela me arrastraba al fondo. Necesitaba nadar hasta la orilla o iba a morir.

Escuché mis quejidos como si fuesen ajenos, luchando por liberarme de las capas de la falda al mismo tiempo que movía mis brazos para nadar hasta un lugar menos profundo. Intenté con todas mis fuerzas mantener la cabeza afuera, pero el peso... Si tan solo pudiese quitarme el vestido.

Más, rogué al cielo, solo un poco más.

Por Xinegya, solo un poco.

Pataleé, aguantando la respiración en cuanto me hundí, saliendo otra vez para sentir el aire llenar mis pulmones con violencia. Por favor...

Me moví, nadando con toda la fuerza que me quedaba hasta que mis dedos dieron con las rocas. Un paso y otro, el terror fue lo único que me movía hasta que lo logré, la mitad de mi torso estaba fuera del agua.

Tosí sin dejar de temblar por toda el agua que me había entrado a la boca.

Estaba viva.

—Mis Estrellas —sollocé, tocándome el rostro y luego los brazos aun sin creerlo del todo. Viva, había logrado salir.

Entonces me di cuenta, todo llegó como un golpe igual de fuerte. Con la vista empañada observé la estructura que se elevaba junto a la cascada: un gran ventanal donde los cithlreanos me miraban de vuelta, hablando entre ellos con genuina sorpresa.

Arriba, Ahren se aferraba a la baranda y Seveth parecía listo para saltar.

Trastrabillé con genuino pavor. No. No podía dejar que me hicieran un chequeo.

Me remecí internamente para despertar y erguí la espalda, tratando de regularizar mi respiración. Si estaba viva, debía seguir con el plan, mantener a mi familia a salvo seguía siendo la prioridad.

Avancé hasta la hierba y la tierra húmeda, cada herida que me había hecho picaba como si me echaran alcohol, incluso mi palma estaba lastimada de tanto haber intentado arrancarme el vestido.

No sabía dónde estaban mis padres, tampoco si podía enfrentarlos sin echarme a llorar de nuevo o si duraría hasta entonces. Me temblaba el mentón...

¡Por mis Estrellas! Estaba tan enfurecida conmigo misma. Debía mantenerme en pie, ser fuerte ¡y lo único que hacía era llorar como una tonta!

Miré el vestido celeste e hice todo para quitármelo de encima, arrancando gran parte de la falda y rompiendo la zona del abdomen, pero mis manos no dejaban de temblar, el corazón me zumbaba en los oídos.

De no haber sabido nadar ni siquiera un sanador podría haberme traído de vuelta. Y... Y yo...

Mis piernas cedieron y caí sobre la tela de la cola, aun respirando con dificultad. Me mordí el labio hasta hacer sangre, era una estúpida sin remedio a la que habían intentado matar y quién sabe qué más harían con ella y también...

Por mis Estrellas..., estaba tan, tan cansada.

Podría haber sido Vinzze o un soldado con traje especial, no importaba, el mensaje era más que claro. Lo más probable es que ni el Rey Hetduiar me quisiera viva.

Me sobresalté de inmediato en cuanto las ramas se quebraron cerca de donde estaba. Reconocí a un cithlreano y detrás de él a mis padres.

Las palabras se me quedaron atoradas en la garganta en el momento en que los vi y la poca fuerza que me quedaba se fue. Corrieron hacia mí y me estrecharon en un abrazo tan desesperado que temí perderlos de la misma forma en la que temían perderme.

—Oh, mi niña, mi pequeña. —Mamá me tomó el rostro sin dejar de llorar, examinándome aterrada—. Estás aquí, mi niña, mi bebé. ¿Qué pasó? ¿Qué te han hecho, mi Areia?

Papá se cubrió el rostro con manos débiles y en cuanto lo escuché gemir de la forma más dolorosa me rompí también.

Los estreché de vuelta y lloré sin querer volver a soltarlos.

—Oh, mi pequeña —repitió mamá.

—Estoy bien —pude decir con un hilo de voz, más consciente de que Seveth seguía en las cascadas—, estoy bien...

Cerré los ojos solo un momento antes de que mi cabeza volviese a decirme que no era verdad, que si los amaba debía ponerme de pie.

Le tomé la mano a papá de manera disimulada para que me ayudara y viese mis recuerdos, teníamos que seguir actuando.

Él apretó mis dedos de vuelta, estaba destrozado.

Mamá le pidió a aquel cithlreano que nos llevara de vuelta y luego pasó su brazo por debajo de mis hombros, dándome apoyo sin importar que le mojara el precioso vestido dorado que traía.

—Mi niña —repetía, dejando besos en mi sien una y otra vez, siendo incapaz de parar su llanto.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.