La noche había sido larga mientras daba vueltas en la cama, divagando entre pensamiento y pensamiento, lágrimas y frustraciones; pero hoy era el día que saldría con Nether y Zhartek y tenía que animarme por eso.
Habíamos apartado el día, planeado a dónde iríamos y qué comeríamos.
Sonreí mirando la notificación de Nether, despertándonos por si no lo habíamos hecho ya. Pero tanto Zhartek como yo le respondimos al instante.
Nether > Despierten, mis polluelos, un gran día nos espera.
> Vestido lila como acordamos ; )
Zhartek > De solo leer tu mensaje siento que me
estás gritando y remeciendo, das miedo.
Nether > ¿Yo? Jamás haha
Me reí saliendo de la cama para tomar un baño y arreglarme. Con ayuda de Devbah, combiné el vestido lila sencillo con una chaqueta crema y zapatos bajos del mismo color.
Bajé la escalera, encontrándome con papá y mamá, conversando sobre el baile mientras hacían unas tortillas de granos y macahra. No parecía ser nada secreto, puesto que no se detuvieron a mitad de oración y me sonrieron a medias, concentrados en lo que estaban haciendo.
—Hoy sales con Nether y Zhartek, ¿no? Diles que me vengan a ver, en especial Nether, me duele que se olvide de mí —se quejó mamá, exagerando su tono.
—Si le digo seguro nos quedamos aquí en vez de salir, le recuerdo cuando terminemos —bromeé y me dispuse a ayudar con las tazas y el agua. Al terminar, nos sentamos todos y disfrutamos de la comida.
Estaba cansada, pero luego de mi cita —galaxias, de solo pensarlo de me encendían las mejillas—, tenía una alegría que se mezclaba con la resignación que llevaba en la espalda.
—Hoy tengo trabajo que hacer en la Segunda Región, así que iré por mis cosas —nos dijo papá, levantándose de la mesa para ir a su escritorio.
Mientras mamá y yo continuábamos con los últimos bocados de las tortillas, el timbre de casa sonó. Tanto Mexpt como Whitty, el nuevo robot de limpieza que había llegado ayer mientras no estaba, fueron para conectar los altavoces.
No me sorprendió, seguro era uno de mis dos amigos.
Me levanté, riendo hasta que la voz del otro lado me obligó a detenerme a mitad de camino.
—El Príncipe Ahren Revlenth Tharenler honra con su visita a la familia Ghadimhe Frehidoth.
Sentí como mi presión bajaba al igual que los colores del rostro de mi madre. Nos miramos con terror, al mismo tiempo que mi padre aparecía por el otro lado con los mismos ojos morados que nosotras.
Miré rápidamente la tableta portátil: una invitación familiar a la Cascada del Llanto. Ahren había hecho esto de sorpresa, acorralándonos a todos.
Pero papá fue rápido, aceptando la entrada al séquito de Ahren antes de hacerlo enfadar.
Yo no hice más que sostenerme de la pared, incrédula incluso después de haber sido amenazada. ¿Y si se había enterado? Una cita con otro cithlreano durante un Cortejo Real, con el mismo que él odiaba.
Por Xinegya, me faltaba el aire.
Antes de abrir, papá ocultó el detector de huellas oculares dentro de un jarrón.
Detrás de Seveth estaba Ahren y una sirvienta, mantenía una sonrisa complacida y llevaba uno de sus muchos trajes rojos de detalles variados. Sabía exactamente lo que acababa de hacer.
—Su Alteza —dijo mamá y se acercó, dudosa, bajando la cabeza para no meterse en problemas—, es una verdadera pero grata sorpresa su llegada.
Me acerqué también, aunque quisiera alejarme. Los tres hicimos la reverencia correspondiente.
Debía estar tranquila, era posible que no lo supiese. No tenía que saberlo. Confiaba en Zay, confiaba en papá. Pero aun así no dejaban de temblarme las piernas.
Mi tableta vibró entre mis dedos, seguro era alguno de mis amigos. Por mis Estrellas...
—Lo mismo digo, su Alteza —acompañó papá el comentario de mi madre—. Si me permite preguntar, ¿a qué debemos el placer?
—Pensé que les había llegado el comunicado, que decepción —se lamentó falsamente, sin quitar sus ojos de mí. No parecía molesto, esto le divertía—. Los había invitado a todos a una salida familiar. Es parte de lo que he decidido para el Cortejo Real. Pensé que sería divertido cambiar un poco las cosas, sabiendo que mi querida Areia desconoce los beneficios de ser una Rango Dos.
Mi padre miró su pantalla un segundo y mi madre le sonrió incómoda. Yo cubrí el anillo, queriendo quitármelo como si quemara.
—No estábamos al tanto, lo lamentamos. —Mamá inclinó aún más su cabeza—. Pero estaríamos encantados, su Alteza. ¿No es así, Fhrewiz? Aunque mi esposo tiene que trabajar hoy, su Alteza...
Lo dejó en el aire, permitiendo que Ahren entendiera sin pedirle tiempo o faltarle el respeto. De cualquier forma, aquello no le gustó. Mantuvo la sonrisa como siempre, pero apretó la quijada, elevando el mentón como si mi familia fuese poca cosa.
—No les mentiré, si se niegan sentiría que han pasado a llevar mi tiempo y esfuerzo. Además, una vez su hija se convierta en la futura reina, ninguno tendrá que trabajar más. Pensé que lo sabían.