Ailin

Capítulo 4

Llegué a casa.

Puse una de esas películas que ya me sabía de memoria. Honestamente, creo que la tele también estaba aburrida de mí, porque hasta el volumen sonaba cansado.

Entonces TING... notificación de Instagram.

Entré al perfil.
Sí, el perfil del grupo agrospoco de la escuela... un nombre tan raro que ya en sí da miedo.

Empecé desde el inicio, revisando cada publicación como si estuviera auditando una empresa sospechosa.

La rubia del grupo subió un video:

"Hoy es la gran fiestaaaaa" -decía sonriendo como si la hubieran enchufado a 220 voltios.

A su lado, Aren Blake.
Frío.
Seco.
Con cara de "odio estar aquí" en cada foto.
Parecía esconder un secreto tan grande que si lo soltaba, temblaba el Google Drive del colegio.

Deslicé más.

Video del 5 de marzo, 2022.

Una chica: Amelia.
Bailando, tomando, riéndose, como si su vida fuera perfecta.

Los comentarios eran un carnaval:
risas, bromas, silbidos, gente gritando su nombre.

La busqué.
Me salió un titular que me partió el aire:

"Amelia G. encontrada muerta - 5 de mayo 2022."

Sin explicación.
Sin sospechoso.
Sin testigos.

Y lo peor de todo:
Murió en el mismo lugar por donde yo pasé.

Seguí leyendo.

5 de marzo del 2023:
Otro chico, 18 años.
Asesinado.
Caso sin resolver.

Mi piel se erizó como si la electricidad me hubiera guiñado un ojo.
Cada 5 de marzo... alguien muere.
Cada año.
Y nadie dice nada.
Ese silencio sí da miedo.

En el grupo apareció un mensaje del profesor:

PROF. EMNANDE:
Hoy 5 de marzo hay excursión.

Sí.
Hoy.
El mismo día de la fiesta.
El día donde siempre muere alguien.
Excelente logística, profe.

Seguí viendo el chat, pero me dormí.
Y la noche duró menos que un respiro.

Me despertó la alarma... y el teléfono vibrando como si se estuviera quejando.

Chat 1: (desconocido)
Hola, AILIN. Soy yo, Alex. ¿Te molesta que tomara tu número del grupo?

Alex.
La reina de la intensidad.
Un huracán con esmalte rosado.

-Hola, Alex. No pasa nada.

Entré a ducharme.
Y ahí llegó otro mensaje.

Chat 2: (otro desconocido)
¿Cómo amaneciste?
Emoji de desinterés.
Ni buenos días.
Ni un "¿respiras?".
Nada.

-¿Y ahora tú quién eres?

Me odiarías.

-Pues ya te odio.

Lo sé. Qué detalle, ¿no?

-Si no quieres decirme quién eres, bien. No insisto.

Te daré una pista.

-No eres un niño. Déjate de jueguitos.

Uy, qué ruda. Te lo digo más tarde.

-Ni que me interesara.

Claro... por eso no me has bloqueado.

Era tan descarado que me dieron ganas de tirarle el teléfono...
pero era caro.

Miré la hora.

Por culpa de ese idiota iba cinco minutos tarde.
Y todavía estaba envuelta en una toalla como una croqueta humana.

Llegué.
La guagua estaba ahí, más ruidosa que la conciencia de un culpable. Gente entrando, saliendo, gritando, riéndose... y yo en medio de todo, sintiendo que el aire cargaba un secreto que nadie quería nombrar.

Apenas puse un pie en el lugar, mi celular vibró.

Chat2 (Desconocido):
-Bonito outfit. Aunque te pusiste la camiseta por encima... cobarde.

Me paré en seco.
Miré a todos lados, como si el asesino estuviera entre los estudiantes, desayunando empanadas.
Ese desgraciado me estaba viendo.

Yo:
-¿Dónde tú estás, psicópata premium?

Desconocido:
-Cerca. Muy cerca.
(Manda un emojie de esos que parecen saber un chisme.)

Y ahí, justo cuando iba a responderle, alguien habló detrás de mí.

-Llegaste tarde, princesa.
Ese tono. Ese descaro frío. Esa vibra de "soy un problema con piernas".

Me giré.

Y ahí estaba él.

Apoyado en la guagua como si la hubiera comprado él mismo, brazos cruzados, mirada seria... pero con esa chispa en los ojos que decía "te estoy analizando... y me encanta hacerlo".

Él no sonreía. Nunca.
Y sin embargo, cuando me vio, uno de sus labios se levantó lo suficiente como para parecer que estaba a punto de reírse... o de arruinarme la paz mental por completo.

-¿Qué? -le dije-. ¿Ahora tú eres el reloj humano?

-No -respondió-. Pero me gusta ver cómo corres cuando crees que llegas tarde.

Mi corazón hizo un brinquito que odié y amé al mismo tiempo.

-¿Tú eres el del chat?
Lo dije con ese tono de "como me mientas te doy un fuetazo verbal".

Él se inclinó un poquito hacia mí, lo justo para invadir mi espacio personal sin pedir permiso.

-Depende -susurró-. ¿Me odiarías?

El descaro.
La osadía.
La química explotando en el aire como un secreto mal guardado.

Yo no respondí.
Solo lo miré, con esa mezcla de miedo, curiosidad y ganas de empujarlo por un barranco... pero caer yo también.

Y él sonrió, suave, casi invisible.

-Tranquila -dijo-. En la excursión te lo digo.
Caminó hacia la guagua pero antes de subir añadió-:
Hoy... no te me despegues.
No por ti.
Por mí.

La piel se me erizó.
Pero no de miedo.
De algo peor: anticipación.

Porque si él era el del chat...
o si no lo era...

En ambos casos, ya yo estaba metida en un juego que no sabía cómo terminaría.




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