Ailin

Capítulo 7

El bus estaba casi vacío cuando regresé.
Y entonces lo vi:
su libro, olvidado en el asiento como si me estuviera guiñando un ojo.

Lo tomé.
Solo para "devolvérselo", claro.
Mentira.
Mi cerebro ya estaba haciendo auditoría emocional sin permiso.

Lo abrí.
Y ahí estaba la maldita nota.

"Nos vemos a las 8 pm."

No estaba firmada.
No estaba decorada.
Pero tenía un olor a intenciones que no me gustó ni un poquito.

El aire se me calentó en el pecho, ese calor que uno no admite porque lo deja vulnerable.
¿Y desde cuándo yo me ponía así por alguien?

Ridículo.
Inaceptable.
Ineficiente.

Apreté el papel sin darme cuenta.

-¿Qué haces con eso? -preguntó Difani detrás de mí.

Casi la lancé del susto.

-Nada -respondí, guardándome la nota como si fuera evidencia clasificada-. El libro estaba aquí.

Ella me miró como midiendo el nivel de estupidez que estaba a punto de cometer.

-Aren... compórtate. Tú sabes lo delicado que es esto.

-Estoy tranquilo.

-Ajá -bufó ella-. Estás a dos pensamientos de pelearte con una sombra.

Iba a contestarle, pero la voz de mi hermano apareció como un veneno suave.

-¿Y de qué hablan tan bajito?

Llegó desde atrás, apoyado en el asiento como si fuera dueño del lugar.
Traía esa sonrisa-la suya, la que siempre anuncia problemas disfrazados de elegancia.

Difani se tensó.
Yo respiré lento.
Ataque profesional en modo silencioso.

-Nada que te importe -le dije.

-Oh, por favor -sonrió él-. Si estuvieran tramando algo... lo sabría. Tienen la sutileza de un huracán.

Lo odié un poco más en ese momento.
No por lo que dijo...
sino porque sus ojos bajaron directamente al libro que yo sostenía.

-¿Ese es el de ella? -preguntó con una tranquilidad venenosa.

Yo no respondí.
Él tampoco necesitaba respuesta.
Lo vio.
Lo olió.
Y sonrió como quien descubre un punto débil.

-Interesante -susurró, y me palmeó el hombro con esa familiaridad que siempre me puso de mal humor.

Apreté el libro como si fuera un salvavidas emocional.

-No te acerques -le dije bajo.

-Solo hice una pregunta, hermanito -alzando ambas manos-. Relájate un poco. No es mi culpa que tengas el ego deshidratado.

Antes de que pudiera darle una respuesta demasiado honesta, se fue caminando por el pasillo.

Difani suspiró dramática.

-Aren... tú necesitas terapia.

-Yo estoy bien.

-Claro que sí -dijo ella-. Y yo soy la Virgen María.

---

⭐ MÁS TARDE... DENTRO DEL BUS

Ella subió, con sus audífonos puestos, la vibra tranquila, como si no tuviera idea del caos que ya había provocado.

Me senté a su lado.
Atrás.
Muy atrás.

Ese tipo de "atrás" donde los secretos se sienten cómodos.

Ella ni me vio al principio.
La música la tenía en su propio universo.

-Oye -dije, tocando suavemente el borde de su asiento-. ¿Podemos salir esta noche?

Ella me miró, arqueó una ceja y sonrió.

-Así que fuiste tú el de la nota.

...
La nota.

Ahí fue que entendí.
Que la nota no era mía.
Que ella lo asumió.
Que el universo quería verme sudar.

Tragué seco.

-Bueno... eh... lo siento por eso -dije, intentando sonar casual. Soné como un correo corporativo a medio escribir.

-Está bien -contestó ella-. Lo pensaré.

Yo asentí, digno, tranquilo, maduro...

-Porque si no vienes... -solté de repente- tendré que invadir tu espacio personal.

Mis neuronas: ¿QUÉEEEEEEE?
Yo mismo no sabía de dónde demonios salió eso.

Ella se quedó en shock.
Después se rió.
Después me miró como si acabara de confesar un crimen.

-¿Qué? -pregunté, ofendido y avergonzado al mismo tiempo.

Ella negó con la cabeza, divertida.

-Nada... solo... tú hablas muy raro.

-No hablo raro.

-Sí. Sí hablas raro.

-¿Vas a venir o no?

Ella se quitó un auricular lentamente, como tortura emocional profesional.

-Quizá -dijo.
Y volvió a ponerse la música.

Yo me quedé ahí, viéndola, sintiendo ese imán absurdo en el pecho, ese "no me gusta, pero tampoco puedo evitarlo".

Y por primera vez en mucho tiempo...
tuve miedo.
Del bueno.
Del que te despierta el alma.

Gracias por leer este capítulo, crew.
Lo escribí con la energía mezclada: un poquito de caos, otro poquito de ternura y una cucharada de adrenalina corporativa.
Puede que a algunos les haya parecido un capítulo normal...
y puede que otros ahora mismo estén sintiendo ese tirón emocional raro que no se explica, pero se siente.

Sea como sea, si este pedazo de historia te movió un milímetro del corazón,
yo ya estoy feliz.
Nos vemos en el siguiente capítulo, donde las cosas se van a poner más... interesantes.




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