Ajaw y las discípulas

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Ambos entraron por la puerta trasera de la casa.

—Es muy bonita tu casa, tiene un toque de paz.—Comentaba el brujo recién entró.

—¡Buen día señor!—Saludó su madre cuando los vió entrar.—Pase, bienvenido.

—Ella es mi madre.—Mona comenzó con las presentaciones.—Mamá, él es uno de los maestros del colegio donde íbamos Angy y yo.

—¡Qué maravilla!—Se expresó con una gran sonrisa.—Al fin conozco a uno de esos talentosos que enseñan a mis hijas a desarrollar sus dones. ¡Mucho gusto!

—¡Mucho gusto también para mi señora!—El también fue muy amable y se agachó para tomar su mano besándola como se hacía a la antigua.—Pero yo no enseñé nada a sus hijas, todo el poder y talentos que tienen es gracias a Ajaw, que descanse en la paz.

—Escuché hablar de ese Ajaw, debe ser muy bueno, mis hijas lo quisieron mucho aunque nunca tuve el honor de conocerlo.

—Por supuesto señora, él fue el más grande brujo y gracias a él sus hijas tienen todo ese ingenio, son de las mejores hechiceras de este tiempo.—Su tono de voz era tan amable e inocente que parecía desconocer cómo se llevaba una conversación en la sociedad actual. Se tenían que decir algunas mentiras o esconder algunas cosas.

—¿Brujos y hechiceras?, no diga esas cosas señor mis hijas jamás harían algo como eso.—La señora sentía un poco de aberración por las palabras producto de lo que significaba en la sociedad y al desconocimiento que muchos tienen en ese tema.

—Señora las brujas no son lo que usted cree. Sus hijas son el ejemplo de eso... Mona le dió un codazo lo más discreta que pudo para pedirle que se detuviera.

Al inicio no entendió muy bien la indirecta pero con su intuición pudo entender que le habían ocultado muchas cosas a su madre.

—Oh, solo digo que debe haber brujas buenas y malas como todo.—Desvió la atención para cambiar el tema. Por fortuna Angy le salvó al salir de la habitación después de escucharlo y sentir su presencia.

—¡Hola!, ¿Qué haces aquí?, ¡Bienvenido!—Angy fue a prisa para saludarlo de mano y darle un abrazo.

—Hola Angy, justo voy llegando y venía a buscarlas a las dos.—Correspondió el saludo dándole un abrazo y una sonrisa.—La directora me envía a hablar con ustedes.

—Pero siéntense por favor, yo me iré a la cocina para hacer mis cosas y los dejo hablando. Joven maestro se queda en su casa.

—Muchas gracias señora, no voy a incomodar mucho.

—No se preocupe, de hecho si se queda lo suficiente alcanzará la comida.—Se fue rumbo a la cocina dejando a solas a sus hijas con el brujo.

Los tres se dirigieron a la mesa y se distribuyeron, él en el centro y ellas dos en un extremo cada una, Angy tomó este distanciamiento hacía su hermana.

—Chicas seré breve, la directora pide que regresen a la escuela, no deben abandonar sus estudios.

—No es así de fácil profesor. La directora sabe bien la situación y que nuestro grupo se ha disuelto.—Respondió Angy de inmediato y con mirada triste, no deseaba volver al colegio aunque le doliera.—Por no decir la muerte del maestro y que los brujos obscuros pueden regresar.

—¿Es por miedo que no regresan?—Se interesó mucho en qué las chicas más talentosas tuvieran miedo.—Esos brujos no se acercarán.

—Nosotras nunca fuimos alumnas del colegio.—Mona interrumpió la conversación entre ellos dos.—¿Por qué se empeñan en tenernos con ustedes?

—Esa es una pregunta que solo la directora conoce. Yo soy un mensajero nadamas.

—Un mensajero que no viene preparado para las respuestas por lo que veo.—Continuó Angy igual de agresiva al hablar que su hermana.

—¡Calma chicas! Las dos están muy agresivas conmigo. ¿Cuál es su problema?—Estiró las manos como acorralado y pidiendo paz.—En verdad son hermanas, idénticas.

Las dos se miraron una a otra y Angy recordó su enojo no aguantando la comparación con ella. Se volteó y no dijo nada más.

—Por favor, en esta época de guerra debemos estar todos unidos y no cada quien por su lado. La directora quiere que estemos juntos, piensa que es mejor y así las podrá proteger.

—No será que tiene miedo y desea espaldas en las cuales esconderse atrás.—Mona si seguía en plan agresivo contra él. De alguna forma culpaban al instituto por las malas decisiones del pasado.

Tanto el brujo como su propia hermana la miraron un tanto sorprendidos por su comportamiento. Angy a pesar de su enojo no había visto a su hermana así y ahí entendió el trauma severo que todo esto le estaba ocasionando. El brujo no entendía de sentimientos pero si de reacciones y esa no era una actitud normal de alguien que quisiera ser aliado.

—No es cuestión de miedo y si lo tuviéramos no buscaríamos como taparlo, sería más como solucionarlo. Tranquila la cosa no va por ahí.

—Entonces no entiendo la petición de la directora por tenernos ahí. ¿Se le olvidó que cuando buscamos ayuda del instituto ella nos vendió con Ajaw por una deuda propia? Nos haya ido bien o mal eso no es algo que haría alguien con deseos de proteger.

Debajo de la vestimenta del brujo había una pequeña bola de cristal que estaba transmitiendo toda la conversación hasta la oficina de la directora quien estaba sentada escuchando con mucho sentimiento la respuesta de Mona. De alguna manera se lo esperaba ya que conocía el dolor y el significado para ellas, pero nunca imaginó que hubiera tanto coraje de su parte hacia el instituto.

—Mona, yo no te puedo decir que el mundo y las personas son perfectas, hay veces que podemos hacer el bien a alguien y el mal a otra persona con la misma acción, así es la vida.—Decía el brujo tratando de calmarla.—Yo solo vine a cumplir con mi misión y me duele irme con una negativa.

Steysi en el colegio había deshecho el hechizo con el que tenía comunicación y escuchaba todo. Ladeó su copa de vino que estaba bebiendo no muy placenteramente. Giró su silla y se quedó pensando un momento en modo reflexivo el cómo podría arreglar la situación con las hermanas. De todas las discípulas consideraba que ellas eran las más importantes y el vínculo con el maestro Ajaw.
La guerra estaba por venir y su puesto como directora así como todo el colegio prendía de un hilo pues los brujos oscuros lo iban a destruir todo, poniendo todas sus reglas nuevamente y matando a todos.
Se recargó y dió muchas vueltas en la silla meditando sus movimientos siguientes. Necesitaba respirar, exhalar e incluso unas vacaciones. Las dos primeras las hizo pero no sintió mucho alivio. La tercera era casi imposible, no podía irse dejando el colegio y a toda la comunidad en esa situación.



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Editado: 23.03.2025

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