Edith y Mona estaban a punto de protagonizar una de las batallas más épicas en el mundo de la magia. Ambas nacieron con un potencial increíble que se potencializó cuando entrenaron con el brujo más poderoso de todos los tiempos, además pasaron meses aprendiendo el arte del combate con brujos de élite, se podría decir que estaban en su máximo nivel.
Ellas se habían estado preparando para volverse las más poderosas, en sus mentes estaba la idea de superarse mutuamente, por fin había llegado el momento de saber quién sería la más vencedora.
—Ven aquí traidora.—Comenzó a retarla Mona.—Te voy a enseñar el verdadero poder.
—Cuando termine contigo.—Le respondió con una sonrisa.—Vas a desear haberte quedado escondida como siempre.
No hubo más palabras, ambas se desplazaron a gran velocidad para atacarse.
Ambas llevaban consigo un báculo mágico. En el mundo de los magos se utilizaban esos objetos para guardar poder o un hechizo particular. Generalmente lo usaban los magos que tienen mucha energía y deseaban pasar desapercibidos ocultándolo. Una especie de sello les permite guardarlo en esas herramientas. Rompiendo el sello en el momento correcto para así liberar su poder.
Ambas habían desarrollado la misma estrategia así que estaban en igualdad aguardando el momento para usar todo su poder.
Al enfrentarse usaban el báculo para estrellarlo con el de su adversaria, la onda de poder que provocaban esos choques eran grandiosas.
El incremento de energía comenzó a llamar la atención del duelo, no solo Selt, sino que la mayoría de brujos cercanos, decidieron observar el duelo. Algunos pensaban que era como la batalla decisiva, quién ganara le daría la victoria a su bando.
Edith tenía una hermosa energía roja que brillaba intensamente, mientras que Mona mostraba una energía morada muy penetrante.
Ambas levitaban rodeadas por su energía. Desde abajo, parecía como dos bolas de estos colores chocaban entre sí una y otra vez provocando un inmenso viento.
“Aura de muerte” lanzó su primer hechizo Mona, uno que permitía usar la energía de los que habían caído en la batalla para provocar una energía gris que lanzó hacia su adversaria.
“Aliento putrefacto” fue el encantamiento de respuesta que Edith eligió, esa energía la lanzó por su boca como si de un Grod se tratara. Según ellos, al hacerlo de ese modo podía salir mucho más profundo.
El resultado fue muy similar al de la batalla hasta ese momento, las energías lanzadas parecían iguales y ninguna sedia la tensión. Estaba claro para ambas que no sería cuestión de superar en poder para ganar, necesitaban una estrategia más inteligente para superar a su ex compañera.
Edith fue la primera en dar el siguiente paso. Arrojó una bola de fuego para impulsar a Mona hasta el suelo, ahí la astuta bruja lanzó un hechizo con su sangre para despertar la tierra. Transportó desde lo más profundo unas raíces que se alimentaban de energía, con ellas pretendía inmovilizar a Mona hasta poder darle el golpe final.
Desafortunadamente no fue tan sencillo, justo antes de ser atrapada, Mona lanzó un hechizo de gran nivel para darle la vuelta a las cosas. “Nigromancia”
Es el nombre del hechizo que lanzó, con él pudo levantar a los muertos como una especie de zombies que le ayudaron a romper esas raíces. Sus nuevos aliados no solo eran inmunes a la magia, sino que también buscaban la fuente de esa para alimentarse.
Mona se había puesto a salvo, esta vez era Edith la que necesitaba buscar la forma de defenderse, tenía muchos zombies tratando de devorarla, lo único que pudo hacer fue encerrarse en una bola de energía mientras pensaba en algo, no tenía mucho tiempo pues los zombies devoraban esa bola poco a poco.
Entendió que era el momento ideal para liberar todo su poder. Clavó el báculo en el suelo, se cortó su mano y con la sangre derramada dibujó un símbolo para liberar su poder. El báculo comenzó a desintegrarse liberando así una enorme ráfaga de energía que puso a temblar a todos ahí. Esa energía fue suficiente para volver polvo a los zombies lanzando sus residuos lejos de ahí.
Mona quedó muy sorprendida de todo el poder que tenía su adversaria, y no solo ella, todos los brujos ahí reunidos la pudieron sentir y temer. Edith había logrado juntar su energía con la de la naturaleza y con la energía oscura haciendo una muy poderosa y abundante, el entrenamiento había valido la pena y era la hora de demostrarlo.
Utilizó su poder para invocar a un espíritu de alto nivel, el guardián de aquellas tierras, una hermosa y gigantesca serpiente emplumada conocida como “Quetzalcóatl”
Su tamaño era grandioso así como el poder que emanaba, un ser que en eras pasadas tuvo que ser contenido por más de 200 sacerdotes, era increíble que solo una bruja lo pudiera invocar y controlar.
La serpiente no tardó en atacar, utilizó su cola para atacar a Mona quien como reflejo invocó un muro de cristal que poco sirvió pues se rompió instantáneamente al sufrir el impacto. La bruja había quedado herida levemente pero tenía muchas ganas de atacar. No se imtimidó, se plantó de frente y colocó su báculo para liberar de la misma forma su energía provocando un inmenso viento que hasta la gran serpiente resintió. Ahora sí ambas brujas darían lo mejor de sí.
Mona también hizo una invocación para contraatacar. Invocó al espíritu guardián del Inframundo, uno tan poderoso como la serpiente emplumada… Mictlantecuhtli.
Los dos seres eran del mismo tamaño y habían ido del mundo espiritual por petición de las brujas quienes estaban dando una gran cantidad de energía para mantenerlos ahí. Así que no se detuvieron y atacaron inmediatamente. Las dos deidades chocaban una con otra intentando hacerse retroceder mutuamente. La serpiente se enrollaba mientras que Mictlantecuhtli ahorcaba, era una lucha sin cuartel.
Dudaron varios segundos en el enfrentamiento hasta que decidieron darlo todo en un último golpe. Edith y Mona invocaron toda su energía para hacerlo posible. El choque provocó que el cielo y la tierra se partieran quemando todo lo que había a su alrededor.