"Al caer la nieve" (libro 1)

Capítulo 36: Desplazada.

Aún estoy inmóvil.

Una parte de mí quiere correr hacia él y apartarla; la otra quiere entender que, en este momento, Santiago solo está buscando un apoyo emocional en ella.

«No te engañes. Lo odias»

No a él.

Estoy odiando lo que siento al verlos juntos.

«Estoy siendo patética»

Ellos acaban de recibir un diagnóstico terrible y yo, como la maravillosa novia, estaba sintiendo unos celos porque otra chica lo estaba abrazando. Había prácticamente corrido hasta este hospital convencida de que debía estar a su lado para consolarlo e incluso intentaba convencer a mi madre de no ir a ese viaje porque odiaba la idea de dejarlo solo, y ahora mientras los observaba desde lejos, una pregunta horrible divagaba por mi mente: «¿Santiago realmente me necesitaba?»

Tal vez, dos semanas lejos me hagan bien.

Que quiero estar con mi familia.

Que mi novio necesita concentrarse en su madre y yo no quiero ser otra preocupación.

Todas son buenas razones…, tan buenas que logran esconder la verdadera: No quiero quedarme aquí viendo cómo su ex – novia ocupa un lugar que yo todavía tengo que luchar para conseguir.

—Cielo.

La voz de Mateo me devuelve a la realidad cortando mis tristes pensamientos. Me seco las mejillas con torpeza porque ni cuenta que ya andaba chillando. Él lo nota, fijándose en su mejor amigo para luego entregarme un pañuelo.

—No lo malinterpretes, por favor.

—Estoy bien. —se lo devuelvo e intento lucir tranquila— Cuéntame.

—Los resultados salieron mal.

El corazón se me encoge.

— ¿Qué tan mal?

Mis ojos se desvían al descubrir a Samuel, el hermano mayor de Santiago, sentado junto a una pared con los ojos completamente rojos. Una mujer se acomoda a su lado y lo ayuda a beber un poco de agua. «Ella debe ser su esposa» El único que brilla por su ausencia es su hermano menor quién hasta ahora no conozco e imagino que por ser el más pequeño prefieren evitarle más sufrimiento.

—Tiene una enfermedad avanzada del hígado. —mi mirada se centra en el novio de Mili por segunda vez— Al parecer, lleva bastante tiempo desarrollándose y nadie se había dado cuenta.

—Pero, ¿Pueden tratarla?

Su expresión me da la respuesta antes de dármelas.

—Van a intentarlo, pero… los médicos hablan de un trasplante.

— ¿Trasplante?

—De hígado.

Cubro mi boca debió a la impresión, la noticia me ha caído como balde de agua fría.

Vuelvo a ver a Santiago quién tiene el rostro completamente mojado de lágrimas y anda conversando con la Richi mayor. No sé qué le está diciendo y tampoco me importa demasiado. Finalmente, él se percata de mi presencia, por lo que respiro hondo y lentamente camino hacia ellos.

No sé qué decirle. Ni siquiera sé si existe algo que pueda decirle en estos duros momentos. Tampoco quiero que me vea triste porque es capaz de volver a llorar y, si lo hace, probablemente yo termine haciendo lo mismo.

Apenas estoy frente a él, rodeo su cuerpo con mis brazos y lo abrazo con todas mis fuerzas, escondiéndome contra su pecho. Estoy tan avergonzada por haberme puesto celosa cuando él lo estaba pasando muy mal.

—Vas a estar bien. —murmuro sin tener la certeza de que sea así.

Detesto soltar algo que ni siquiera sé si debo prometer, pero… ¿Qué más puedo decirle? ¿Qué tengo miedo? ¿Qué me puse celosa de Danna? ¡No! Ese lado tóxico debo ocultarlo bien.

Santiago se separa apenas de mí aun con los rojos y algunas lágrimas todavía se resbalan por sus mejillas. Levanto mi mano y opto por limpiárselo.

—Cielo…

—No tienes que decir nada.

—Mi mamá puede…

Su voz se quiebra y eso basta para que se me forme un nudo en la garganta.

—No. —lo corto— No pienses en eso, por favor.

—Puede pasar.

—Santi…

—Los médicos no saben cuánto tiempo puede esperar.

Bajo la mirada.

¿Qué respuesta puedo darle?

Por el rabillo del ojo noto que la hermana mayor de Lucía continúa a unos pasos de nosotros. Tiene los brazos cruzados y no luce como la chica insoportable que le gusta hacerme la vida de cuadros. Es más, tengo que admitir que la veo muy preocupada.

—Voy a buscar a mi padre, Santi. —se incluye en nuestra charla— Te mantendré informado.

—Si. —asiente con la cabeza— Gracias, Danna.

Ella le dedica una pequeña sonrisa antes de marcharse.

Contrólate, Cielo.

No puedo.

—Perdóname. —confieso.

Él arruga su frente.

— ¿Por qué?

—Por ser tan tonta.

—Eso no reduce mucho las posibilidades, pequeña nube.

—Hablo en serio.

—Yo también.

Le doy un ligero golpe en el pecho y se queja.

—Lo siento.

— ¿Ahora por golpearme?

—Es que yo… —doy un suspiro, tomo su mano y entrelazo mis dedos con los suyos— Me puse celosa de tu ex. Mientras que tu andabas padeciendo por tu madre, yo estaba haciendo una película completa en mi cabeza.

—No sabías lo que estaba pasando.

—Aun así, debí confiar en ti.

Él se concentra en nuestras manos.

—Su padre ha estado muy al pendiente de la situación de mi madre. —lo miro atenta— Ese señor es una de las personas que me está ayudando a encontrar un donador.

—Al parecer, te tiene aprecio.

—Lo conozco desde hace tiempo.

—Tú y Danna… —entrecierro los ojos— no fue solo una simple relación ¿no?

Santiago niega con la cabeza y sus manos cogen mi rostro.

—No hay nada entre ella y yo, Cielo.

—Lo sé. —me observa como si quisiera tener la seguridad de que le creo. Cambio de tema, soltándome de su agarre— Yo no quiero que te sientas solo en esto.

—Tengo miedo.

Admitir algo así no debe ser fácil, por lo que vuelvo a acercarme más a él.

—Entonces tengamos miedo juntos.

— ¿Te quedarás conmigo?

—Sí.

— ¿Hasta que sepamos algo?

La pregunta ganadora que me da entrada a mencionarle sobre mi viaje. ¡Demonios! Aun dudaba en irme con mis padres, sin embargo, eso no cambiaría el tener que decírselo. Tomo aire varias veces porque fácilmente terminaré perdiendo el oxígeno.



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En el texto hay: juvenil, romance, drama

Editado: 18.09.2026

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