"Al caer la nieve" (libro 1)

Capítulo 37: Ángeles.

—No quedó nada de pastel.

— ¿Nada de nada?

—Nadita.

—De seguro, pediste dos pedazos para llevar.

— ¿Cómo lo supiste?

Las tres reímos bajito.

Ha llegado el día de mi gran viaje familiar y me esperan casi diecinueve horas con el trasero pegado al asiento del auto, ya que a papá le encanta conducir y, aunque, podríamos llegar mucho más rápido si fuéramos directamente, él disfruta haciendo diferentes paradas durante el trayecto para conocer nuevos lugares. El inconveniente es que saldremos de noche, así que no sé qué tan satisfactorio sería detenerse en plena oscuridad. Muy aparte de eso, Milagros y Stefany se ofrecieron a ayudarme con mi maleta. También Liliana, pero al final no pudo venir debido a que se iría de paseo con sus primas.

—Él te extraña, Cielo. —lo suelta Mili al cerrar mi primera maleta. Bajo la mirada— Aunque nos agradeció que estuviéramos presente el día de su cumpleaños, se notó que estaba muy triste.

— ¿Acaso Danita no estuvo allí?

—Bueno… sí, pero…

—Entonces no me extraño para nada.

— ¡Que terca esta mujer! —Stefany me quita la ropa que iba doblando— ¿Quieres quedarte solterona como yo?

— ¿De qué estás…? —agrando los ojos— ¡¿Terminaste con Felipe?!

—Ese desgraciado terminó conmigo.

— ¿Por qué?

—Por ser un maldito infiel.

Mi mejor amiga se toma unos buenos minutos para contarme en cómo es que descubrió a su ex – novio engañándola con su vecina. Estoy tan sorprendida porque hasta hace un tiempo creía que la amaba mucho, no cualquiera soporta la personalidad loca de Stefany.

—Cuánto lo siento.

—Pues yo no. —afirma— Yo no necesito un cucaracho a mi lado.

—Tienes razón.

—Admito que sí me afectó, lloré por algunos días, pero ese gusano está más que superado.

—Lo llamaste gusano.

—Re superado.

Contengo las ganas de reír y continúo acomodando mi ropa.

—Lo que intentaba decirte… —vuelve a interrumpirme— es que no conseguirás a alguien mejor que el bombón popular.

—No hemos terminado.

—Aun así, tienes que despertar, Cielo. —hago una mueca— El pobre anda sufriendo por su madre y ahora por ti, ¿No estás siendo muy cruel?

—Pues para eso está su ex – novia para acompañarlo.

—Una cosa no tiene nada que ver con la otra.

—Para mí, sí.

—Para Santi no. —frunzo el ceño— Él se pasó medio cumpleaños mirando la puerta como un tonto.

Si en verdad hubiera estado pensando en mí, extrañándome hasta morir el mismo día de su onomástico se hubiera dignado a devolverme la llamada. Yo fui la primera en comunicarme con él, dejándole un recado a su hermanito, ya que, según el pequeño, el imbécil había salido con Danna y Lucía.

Niego con la cabeza.

—Dudo que esperara a que yo llegara sabiendo lo mucho que me quiere su madre. —digo con ironía— Además, estaba bien acompañado ¿no?

—No puedes compararte.

—No lo hago.

— ¿Quieres saber lo que pienso? —Milagros se incluye.

—No.

—Creo que estás buscando cualquier motivo para convencerte de que no te necesita porque así te resulta más fácil subirte a ese auto hoy por la noche.

—No tengo idea de lo que estás hablando.

— ¡Admítelo!

— ¿Qué más da? —me aviento sobre la cama. Stefany y Mili hacen lo mismo acostándose a mi lado— Por más que quise quedarme con él, no lo conseguí y encima lo vi abrazado con ella y…

— ¡¿Estaban abrazados?!

—Solo lo consolaba. —Mili lo defiende lo cual entrecierro los ojos— Bueno, no digo que estuviera bien.

—Ella no deja de estar en el hospital.

—Corrección. —puntualiza— A la Señora Isabel la trasladaron a una clínica.

— ¿Qué?

—Es más, a una de las clínicas de los padres de La Richi. —estoy confundida— Sucede que, si Santiago no le ha puesto un alto a su ex, es porque ellos lo están ayudando con todos los gastos de su tratamiento. —sigue— Incluso, se encargarán de pagar la operación ni bien consigan al donador.

No puedo articular ninguna palabra.

Mis dos mejores amigas chasquean los dedos para que reaccione.

—El idiota no me lo dijo.

— ¿En qué momento? Si le soltaste lo de tu viaje, lo de su madre, lo de… —la observo fijamente— Mateo me lo contó. Ya sabes que son mejores amigos y se cuentan hasta lo que hacen en el baño.

—Qué horror.

— ¿Entonces? ¿Irás a verlo antes de irte?

—No creo que sea prudente.

— ¿Por qué?

—Porque solo me darían más ganas de quedarme y sería capaz de contradecir las decisiones de mi madre. —me incorporo y suelto un suspiro— Ya es tarde, chicas.

—Podrías llamarlo.

—No.

—Cielo…

—Dije que no.

Camino hacia mi ventana y cruzo los brazos.

Ahora todo tenía sentido: Las visitas constantes de la Richi mayor, el que estuviera en el hospital como si fuera parte de la familia, el que mi novio no pareciera poner demasiadas trabas ante su presencia. No era porque la necesitara, sino porque necesitaba el apoyo económico de sus padres.

Me pregunto de quién habrá sido esa idea.

—Debió decírmelo.

—Su madre necesita un trasplante, Cielo. —habla Stefany con dulzura lo cual es raro— Su cabeza debe estar hecha en un completo desastre.

— ¿Por eso salió con esas dos el día de su cumpleaños?

—Ni idea.

—Eso sí me enoja, aunque…

Dejo las palabras en el aire al salir de mi habitación y bajar por las escaleras en dirección al teléfono. Ya sabía que mis buenas amigas me seguirían, aunque tenerlas detrás lanzándome porras no ayudaba mucho.

—Tú puedes. —murmura una de ellas.

—Solo llámalo. —agrega la otra.

Volteo a verlas.

—Sin presiones.

—Es una llamada, no una ejecución.

—Para mí es casi lo mismo.

Extiendo mi mano, pero me detengo antes de tocarlo.

—No puedo.

— ¿Es tan malo?

—Sí. —pienso en mis padres y en nuestra tradición familiar— Esta vez, no puedo elegirlo a él por encima de todo.



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En el texto hay: juvenil, romance, drama

Editado: 18.09.2026

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