Al cuerpo lo que pida

Capítulo 15 (el camino de siempre)

Las diálisis también tenían su propio camino. No estaban a unos minutos de casa, así que para recibir el tratamiento teníamos que viajar aproximadamente una hora. Con el tiempo aquel trayecto terminó convirtiéndose en parte de mi rutina, como si mi vida estuviera dividida entre el lugar donde vivía y aquel otro sitio al que tenía que ir una y otra vez para que mi cuerpo pudiera seguir funcionando.

Cuando uno hace un viaje tantas veces, termina aprendiendo cada detalle del camino. Las calles, las casas, los lugares donde se podía parar, las personas que aparecían siempre en determinados sitios y hasta los pequeños negocios que terminaban formando parte de la ruta. Para mí, uno de esos lugares tenía algo especial porque allí vendían unos dedos de queso que me gustaban muchísimo. No era nada extraordinario. No era un restaurante famoso ni un sitio que alguien habría elegido como destino. Era simplemente una parada en medio de un camino que yo conocía de memoria, pero aquellos panes conseguían darle un significado diferente al viaje.

Después de una diálisis, cuando seguramente lo último que quería era pensar en otro tratamiento o en el cansancio que me esperaba al regresar a casa, podía existir esa pequeña ilusión. Saber que íbamos a parar allí y que podía comer uno de esos panes hacía que el trayecto tuviera algo que esperar. Quizá para otra persona habría sido una cosa insignificante, pero cuando gran parte de tu vida está marcada por obligaciones que no puedes evitar, empiezas a valorar muchísimo las pequeñas cosas que sí puedes disfrutar.

Los viajes también significaban tiempo con mi familia. A veces podía ir con mi madre y otras con mi padre, dependiendo de quién pudiera llevarme o de cómo estuvieran las cosas. Mi padre, aunque ya no vivía con nosotros, siguió estando pendiente de mí a su manera. Cuando me tocaba acudir a diálisis, podía llevarme personalmente o buscar la manera de pagar un transporte para que pudiera llegar. No siempre necesitábamos estar juntos bajo el mismo techo para que él siguiera formando parte de mi vida.

Durante aquellos años aprendí que las familias no siempre funcionan de la manera que uno imagina. Mis padres estaban separados, cada uno había construido su propia vida y yo había crecido en medio de esa realidad. Pero eso no significaba que dejara de tener padre o madre, ni que ninguno dejara de preocuparse por mí. Cada uno encontraba su propia forma de acompañarme y, aunque pudiera haber diferencias entre ellos, ambos estaban presentes de alguna manera.

El camino hacia la diálisis también me fue haciendo mayor. Al principio quizá no entendía realmente todo lo que significaba aquel tratamiento. Después comencé a reconocer los lugares, las rutinas y las caras. Sabía cuánto podía durar el viaje, sabía qué ocurría al llegar y sabía que después vendría el regreso a casa. Lo que alguna vez había parecido extraño terminó convirtiéndose en una parte habitual de mi vida.

Pero había algo que nunca terminó de hacerse completamente normal: las personas que conocía allí.

Con el tiempo hice amigos entre quienes también acudían a diálisis. No eran muchachos de mi edad. Eran, en su mayoría, personas adultas y mayores que llevaban sus propias historias encima. Al principio podía parecer extraño que un joven terminara compartiendo tantas horas con personas de generaciones tan diferentes, pero la enfermedad tenía esa capacidad de poner a todos en el mismo lugar. Allí no importaba demasiado la edad. Todos sabíamos lo que significaba estar conectados a una máquina, esperar, cansarse y volver a casa para repetirlo nuevamente.

Con algunos hablaba más que con otros. Compartíamos conversaciones, pequeñas bromas y momentos que probablemente desde fuera parecerían insignificantes. Pero cuando pasas tantas horas junto a las mismas personas, terminan formando parte de tu rutina y, de alguna manera, también de tu vida.

Sin darme cuenta, aquella sala comenzó a guardar una parte importante de mi historia.

Y yo todavía no sabía cuánto iba a doler descubrir que algunas de aquellas personas no estarían allí para siempre.



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En el texto hay: humor, amor, biografía

Editado: 17.09.2026

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