Al filo del corazón enemigo

Capítulo 1

Se colocó su labial favorito con precisión, mientras observaba su reflejo frente al espejo. Su cabello recogido en una coleta alta, con dos mechones a los lados. Tenía su mirada perdida, ¿Estaba haciendo lo correcto?

Negó con su cabeza y tomó su bolso para bajar las escaleras hacia la sala de su casa. Cruzando el pasillo, miró por segunda vez la sala de logros de su familia. Un enorme cartel decoraba la puerta con el texto “Prohibido el paso” todos sabían que ese cartel fue colocado, para Austin.

Giró el picaporte para echarle un ojo a todos los trofeos que su familia había ganado a lo largo de los años. Los de su padre en una sección, los de su madre, los de Clark y los suyos de cuando era niña y de hace meses. Allí no había rastro de Austin. Había ganado demasiados trofeos, pero en el fútbol americano, y a Glen no le agradaba la idea de que estén en el cuarto de logros familiares, así que su hermano solo los colocaba en su cuarto.

La habitación era inmensa, cada trofeo y medalla brillaba.

Arrugó su nariz y salió del allí. Bajó las escaleras y encontró a su madre haciendo el desayuno, pero no divisó a su padre a lo que, sin pensarlo antes, interrogó.

— ¿Y papá?

— Está en el gimnasio, quiso entrenar antes de irse.

Su repuesta fue algo neutra, a lo que, Liz desvió su mirada hacia el jardín, que junto a él estaba el gimnasio privado de su padre. Allí entrenaba con tranquilidad sin llamar la atención de nadie.

— ¿A dónde irá? -interroga disimuladamente mientras toma una tostada con mermelada.

—El director de una academia lo contactó para saber si podría dar una charla antes de que sus chicos comiencen un torneo internacional -contestó, y Liz abrió sus ojos como dos platos.

— ¿Un torneo internacional? -pregunta sorprendida.

— No puedo decirte mucho, Liz. Prepárate que debemos ir a la academia -habla un tanto irritada.

Ambas caminaron hacia su garaje, subiendo al auto de Liz, ya que el de su madre estaba en el taller mecánico. Había atropellado por accidente a un perro y dañó su parachoques.

Liz se colocó el cinturón de seguridad y avanzó lentamente, pero un sonido ensordecedor se escuchaba a lo lejos causando que se detenga. Miró a su madre para saber si ella también lo oía, y en efecto. Esperaron unos segundos y observaron al responsable, una motocicleta. Ambas pensaron que seguiría su camino, pero para su sorpresa, estacionó junto a su casa.

Sabine lo ignoró esperando a que su hija avance, pero Liz estaba esperando a que esa persona baje, para saber quién era. Observó con más atención su casco y tenía calcomanías atractivas.

— Lizbeth, llegaremos tarde- su madre la quita de sus pensamientos.

La joven volvió a la realidad y avanzó para conducir con cuidado. Observó por el espejo retrovisor y vio como el muchacho se adentró a su casa con el casco aún puesto. Le resultó extraño, pero no le dio demasiada importancia.

Unos minutos después, llegaron a la academia en donde todos los compañeros de Lizbeth estaban allí. Estacionó a unos metros de la puerta para dejar a su madre y ella estacionar un poco más apartado, ya que el sol dañaría la pintura de su carro.

Le quitó las llaves y bajó. Tomó su bolso del asiento trasero y cerró la puerta. Giró sobre sus pies para avanzar, pero su cuerpo chocó con una persona. Ken. Su novio secreto de hace dos años.

Le envió una sonrisa genuina, ya que estaba totalmente sorprendida. La escondió detrás de su auto e impactó sus labios con los suyos.

— ¿Cómo has estado? -interrogó con una sonrisa sin despegarse de ella.

— Ahora más que bien, pero siento que mis padres me están ocultando algo. No sé muy bien qué es, pero lo debo descubrir.

— No te preocupes por eso ahora, tenemos el torneo en unas semanas y mañana vendrá el club oponente, no debes mostrar debilidad-la regaña como una niña.

— Tienes razón-toma su mano alejándose un poco.

— ¡Lizbeth! -el grito de su madre la sobresaltó al pensar que los estaba observando, pero se alivió al vidrio de su auto que estaba en las puertas de la academia.

— Nos vemos en unos minutos-besa sus labios antes de irse y toma su bolso-lo siento, mamá. Se cayó mi bolso y tuve que recoger todo.

Sabine negó con su cabeza y se adentró a la academia, que por cierto su madre era la gran entrenadora. Aún con su edad y luego de haber pasado por tres partos, seguía conservando su figura. Al instante notó su mirada de desaprobación y solo bajó su mirada.

Se adentró al edificio con su cabeza gacha y observó a sus amigas a lo lejos ya practicando. El sonido de las espadas resonaba en toda la habitación, provocándole escalofríos a Lizbeth. Amaba ese sonido.

— Bien, antes de que comiencen el entrenamiento quiero recordarles que mañana será la reunión con el club que pelearan en el torneo-los balbuceos no tardaron en ser escuchados-no quería hacerlos entrar en pánico, pero no es una opción negociable...-el sonido de la puerta interrumpió el discurso de Sabine. Ken corrió a su posición y dejó su mochila para escuchar la charla-tarde, Ken-lo fulmina con la mirada.

— ¿Qué es lo que no quería decirnos para que no entremos en pánico? -la amiga de Liz interrogó con seriedad.

— El equipo que vendrá mañana serán Los leones-la mandíbula de varios cayó al suelo al escuchar ese nombre.

— ¿Cómo puede decirnos hasta ahora? Ese equipo ha tenido campeonatos mundiales e internacionales, no podemos competir con ellos, ganarles va a ser imposible...

— ¿Quieres retirare? -la interrumpe al notarla demasiado alterada –hazlo, no te detendré. Ese equipo no es más que unos adolescentes ingratos y mimados que tienen todo en bandeja de oro. Quiero que les bajen ese ego y lo usen como un trapeador-las palabras rudas de su madre, le aceleraron el corazón. Ella quería renunciar, pero no era negociable con su familia.

Ese torneo la llevaría a la universidad y si perdía, no tendría futuro frente a sus padres.




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