Al filo del corazón enemigo

Capítulo 2

Las lágrimas de Liz caían sobre la pantalla de su teléfono. Leía una y otra vez el mensaje de Ken que se iría del país por una nueva oferta de trabajo de sus padres. No quería que acabe, luego de dos años juntos, pero no podía evitarlo, ya que ni Glen ni Sabine aprobarían lo suyo.

No podía demostrarles tristeza a sus padres, preguntarían el motivo, y aunque no les importe, no quieren distracciones. Bajó las escaleras y tomó asiento junto a ambos hermanos. Luego de unos minutos, su padre y su madre tomaron asiento.

La pierna derecha de Liz no dejaba de moverse por la incomodidad. Su mirada se fijó en la enorme cena que su madre había preparado para Clark, sí, su hijo mayor, no para Austin. No comprendía el motivo ya que hacía horas habían vuelto de un restaurante, pero no le importó ya que ni ella ni Austin habían cenado. Observó a su padre que se encontraba con su mirada puesta en su teléfono, esquivando cualquier charla con su hijo.

— ¿Cómo te ha ido en tu último torneo, amor? -Clark sonríe ante la pregunta de su madre.

— Más que bien, aunque...-se quedó en silencio y su padre ante ese suspenso, dejó su teléfono a un lado-conocí a una chica y...

— No-su padre lo interrumpió cortando el filete rojo.

— ¿Qué?

— Las mujeres te distraen, no es bueno que comiences una relación ahora cuando estás tocando el cielo con tu éxito. Hay muchas mujeres interesadas hoy en día-el pleito había comenzado.

— Papá, tengo 31....¿Crees que voy a ser esgrimista hasta los 80?

— Si eso te da fortuna, sí. Una mujer interesada solo quiere tu dinero...

— ¿Y crees que Nicole es interesada? Ni siquiera la conoces.

— ¿Así se llama? No te daré mi bendición para salir con ella, mucho menos casarte. Y si quieres salir con ella, no volverás a esta casa jamás-Glen limpió su boca con el pañuelo, se puso de pie y se marchó.

Un silencio incómodo invadió el ambiente. Austin solo comía y Liz ni siquiera pudo tocar su plato de comida, tenía su estómago revuelto. Mientras que Sabine estaba un tanto incómoda, pero seguía con una sonrisa fingida.

— Bien...-Liz extendió su mano hacia el hombro de su hermano mayor y le sonrío- ¿Cómo te fue en el servicio militar?

— Me fracturé mi tobillo por tercera vez-dijo cubriendo su boca mientras masticaba.

— Si hubieras sido esgrimista, eso no habría ocurrido-comentó su madre dando un bocado de su filete.

— Tampoco habría pasado, si no me hubieran enviado al servicio militar-una sonrisa hipócrita se dibujó en el rostro de Austin.

— Si hubieras seguido las reglas de esta familia, seríamos una familia feliz-él tensó su mandíbula.

— También me alegra verte, mamá. Si es que me permites llamarte así-el joven se pone de pie y sale de la casa.

Liz se mantuvo en silencio, pero no aguantó y se fue tras su hermano. Dejando a su madre y Clark solos en la “cena familiar”. Atravesó esa puerta y buscó rastros de Austin, pero no podía encontrarlo. Caminó hacia su auto y lo encendió, no pudo haber ido tan lejos.

Lentamente retrocedió, pero su pie pisó bruscamente el freno al ver al muchacho en el estacionamiento de sus vecinos. Lo observó por unos segundos y al notar que estaba por salir en su motocicleta, se escondió detrás del volante.

Dudó por unos largos segundos, hasta que su mente accedió a su petición. Comenzó a seguirlo. Su auto iba a una distancia prudente, aunque un poco obvia.

El chico estacionó en una pequeña tienda de conveniencia y Liz estacionó a unos metros. Se bajó de su auto y caminó hacia la tienda. Quería verlo sin casco. Su curiosidad era más grande que su dignidad. Se adentró al lugar y observó a su alrededor. No había rastros de aquella persona, ni de nadie. El lugar estaba casi vacío. Chasqueó su lengua y giró sobre sus pies para salir, pero el cuerpo del joven estaba frente a ella, evitando que salga. Su cuerpo se sobresaltó y ella estaba un tanto nerviosa por el susto.

— ¿Acaso me estás siguiendo? -Liz vio su cara en el reflejo del visor. Ni quiera podía ver los ojos del chico.

— ¿Acaso sufres de algún trastorno social? -el chico ladea su cabeza sin comprender su pregunta- Siempre estas con ese casco.

— Solo cuido mi identidad

— ¿Eres famoso?

— ¿Quieres saberlo?

— Esto no nos está llevando a ninguna parte...-intenta irse, pero el muchacho no le cedía el paso. El joven toma su casco y comenzó a elevarlo, dejando a la vista su rostro. Liz levantó la vista con curiosidad. Su boca se abrió ligeramente por la sorpresa. Matthew era más alto de lo que había imaginado. Sus hombros anchos le daban una presencia difícil de ignorar, aunque su postura relajada evitaba que pareciera arrogante. El cabello oscuro caía ligeramente sobre su frente, desordenado por el casco que acababa de quitarse. Resultaba difícil de creer que aquel hombre, que ahora la estaba observando con una sonrisa algo tímida, fuera el mismo Matthew que lideraba a Los Leones, la organización de esgrima más prestigiosa del mundo, cuyo nombre inspiraba admiración y respeto en cada torneo.

Liz conocía perfectamente el nombre de Matthew. Sus padres se habían encargado de ello.

Durante años, cada torneo terminaba igual. Si Los Leones ganaban, había discusiones en casa. Si Matthew destacaba, su padre encontraba alguna razón para desmerecerlo. Su madre ni siquiera intentaba ocultar el desagrado que sentía por él.

“Es arrogante.”

“Se cree mejor que todos”

Había escuchado esas frases tantas veces que terminó aprendiéndolas de memoria. Por eso, tenerlo ahora frente a ella resultaba tan extraño. Matthew se inclinó ligeramente hacia ella al notar que lo observaba sin decir una palabra.

— Tengo una duda –dijo con un tono tranquilo

— ¿Cuál?

— ¿Llamo a la policía ahora o después? -Liz parpadeó confundida.

— ¿Qué?

— Me has estado siguiendo todo este tiempo. Creo que eso cuenta como acoso-durante un segundo, ella creyó que hablaba en serio, pero luego vio la sonrisa que intentaba ocultar




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