Liz apenas despertaba. No podía abrir sus ojos por las punzadas que sentía sobre ellos. La resaca la estaba matando. Se incorporó un poco y divisó su cuarto frente a ella. Su corazón casi sale de su pecho. Dio un salto saliendo de la cama y caminó hacia la puerta, no sabía cómo había llegado a su casa. No comprendía la situación.
Giró el picaporte con delicadeza para no llamar la atención de nadie en su casa. Caminó fuera de su cuarto hasta las escaleras, pero se detuvo al escuchar la voz de su madre. Corriendo hacia su cuarto de nuevo, chocó con su hermano, Austin.
— Tenemos que hablar-regaña de la nada. Toma su antebrazo antes de que su madre los vea mientras subía las escaleras y la adentró a su cuarto.
— ¿Mamá sabe...?
— ¿Que un chico te trajo a casa? -la interrumpe quedando en silencio por unos segundos- ¿eso es lo que realmente te preocupa? -Liz muerde su labio inferior con nerviosismo-eso no es lo más importante, sino quién te trajo a casa, ebria. Sabes que mamá y papá odian a Matthew...
— Austin, no fue mi intención ir con él...
— No me importa lo que hagas, Liz. Conoces el odio que le tienen a ese chico. Además...no parece una mala persona. Te trajo aquí, se marchó por unos minutos, pero luego apareció de nuevo con tu auto. Dejó las llaves en la puerta, pero mamá pensó que las habías perdido....
— Espera, ¿Tú hablaste con él?
— Mamá estaba dormida cuando él llegó. Si supiera, ya habrías despertado hace un buen rato.
— Lo siento.
— Si necesitas que te cubra te ayudaré, pero ten mucho cuidado. No quiero te odien por eso.
Liz lo abrazó con tristeza. Juraba no volver a verlo jamás en la vida a ese chico, pero el mundo no estaba a su favor.
Se duchó con velocidad y se preparó para ir a la academia con su madre. Montó su auto y el aroma al perfume caro de Matthew le invadió sus fosas nasales. Ese aroma que le estremecía el corazón y la piel. Sacó con velocidad el perfume de su bolso y comenzó a rosear por todos lados antes de que su madre suba.
Segundos después Sabine apareció. Comenzó a toser al ahogarse con todo el perfume.
— ¿Tanto odias el olor a cuero? -su hija ríe. Su madre siempre supo que Liz odiaba el aroma a cuero de los asientos de su auto. Soltó un suspiro interno aliviada.
Condujo con cuidado hacia la academia y allí estaba la motocicleta de Matthew. Su corazón se aceleró tanto que, al intentar estacionar, casi atropella a una colegiala.
— ¿Te encuentras bien, Lizbeth? -interroga su madre.
— Sí -ríe nerviosa sin dejar de ver la motocicleta de Matthew. Su madre notó al instante hacia dónde miraban sus ojos.
— ¿De quién es esa motocicleta? -la joven comenzó a toser intentando esquivar la pregunta.
— Es muy bonita. Sabes que amo las motocicletas-responde rápido luego de ahogarse con su propia saliva.
— Jamás te permitiría subirte a una de esas-abre la puerta para bajar-son muy peligrosas. Por eso te compramos un auto.
— Sí, mamá...-ambas bajan del vehículo y caminan en dirección al edificio.
El teléfono de Sabine comenzó a sonar. Ambas se detuvieron, pero su madre le hizo seña de que entre. Accedió y entró con nerviosismo buscando a una sola persona. Sus pasos eran flojos, no comprendía la razón.
— Liz-llama su amiga a la distancia al verla.
— Viniste temprano -ríe.
— Sí, es que mi madre quería llegar antes que los...-su mirada se desvía inconscientemente hacia una sola dirección. Unas figuras masculinas con la vestimenta de esgrima estaban en un rincón. Sabía que Matthew estaba allí, pero no podía ver su rostro por las máscaras.
Examinó a los jóvenes por unos segundos. Cuerpos casi idénticos, musculosos, flexibles y obviamente presumiendo ser un grupo exigente.
— ¿Estás bien? -interroga su amiga al verla seria-estás un poco pálida.
— Sí, no sabía que ellos ya estaban aquí...-carraspea su garganta.
— Ah, llegaron muy temprano. Sé que uno de ellos es Mathew, pero todos llegaron con las máscaras y no pude distinguirlos. Apuesto que es el más musculoso-Rita ríe nerviosa.
Los recuerdos de aquella noche pasaron frente a sus ojos. Recordaba cuando tocaba sus brazos mientras lo besaba, sí era musculoso.
La puerta se abrió bruscamente. Sabine se hizo presente al lugar y divisó a los jóvenes apenas entró. Caminó con pasos firmes hacia sus alumnos mientras tenía miradas clavadas en su espalda.
— Harán una simulación del torneo- su hija arqueó sus cejas ante su madre-no solo vinieron a charlar. Estos chicos vinieron para que ustedes sepan a qué se están enfrentando-toma a Liz con fuerza y la mira con rudeza-quiero que hagas pedazos a Matthew. Sé que está aquí. No sé cuál de todos es, pero si es necesario, destrúyelos a todos.
Ella soltó aire y se centró en lo más importante. Impresionar a su madre.
Comenzó a vestirse con rapidez mientras escuchaba las voces de los muchachos. Notó a la distancia que uno de ellos no le quitaba los ojos de encima. Dedujo que era Matthew. Soltó un largo suspiro, se colocó su casco y caminó hacia su espada.
— Quiero que den lo mejor de ustedes-Sabine se acerca a su hija y finge acomodar su traje-no te quiero débil ahora. Lo que sea que tengas en tu mente ahora mismo, bórralo de inmediato y concéntrate.
Asintió y caminó hacia la pista con sus pasos firmes. Supo que el chico que subió junto a ella no era Matthew ya que su espada era normal.
Liz respiró hondo por segunda vez y levantó su espada. Sus ojos no se apartaban de su rival.
Ambos avanzaron con pasos cortos y rápidos, sin dejar de observarse. Ninguno quería ser el primero en cometer un error. De pronto, el rival atacó.
La punta de la espada fue directa hacia su pecho.pero ella reaccionó al instante. Con un rápido movimiento de muñeca, desvió la hoja hacia un lado. El choque del metal rompió el silencio del lugar. No esperó.
Aprovechó ese mismo instante para avanzar, pero en lugar de atacar de inmediato, hizo un amague. Su rival cayó en la trampa y levantó la espada para defenderse.