Las competencias habían terminado y los alumnos comenzaban a abandonar la academia. Liz no soportaba la idea de volver junto a su madre. Ni siquiera podía verla a la cara con el odio que cargaba sobre ella. Por eso le pidió ayuda a Rita.
— ¿Serán solo ustedes dos? -interroga su madre ante la petición de la amiga de su hija.
— Sí, queremos festejar que a Liz le fue bien en su primer combate contra Los Leones...
— No estoy de acuerdo. Les faltó espíritu y sentimiento a sus movimientos. Pero dejaré que tengan su pijamada si compartes tu ubicación toda la noche-Liz sonrió, incrédula. Todo su plan se vendría abajo si su madre veía su ubicación en un bar en medio de la nada.
— Por supuesto que lo hará. Usted no sabe en dónde vivo ¿o sí?
— No, pero lo sabré con la ubicación-les entrega una sonrisa forzada a las chicas y se marcha. Un taxi la recogió minutos después.
— ¿Cuál es tu plan?
— Solo tienes que llevar contigo mi teléfono toda la noche. Te daré un número para que me contactes-escribe el número de Matthew en la palma de la mano de Rita-envíame un texto a ese número. Llévate mi auto y ve a tu casa. Si por alguna razón mi madre intenta llamarme, llama al número que te escribí aquí y fingiré estar en tu casa.
— Sabes que, si tu madre se entera de esto, es capaz de echarme de la academia ¿verdad?
— No lo hará. Lo prometo.
— No creo que pueda hacer esto...
— Por favor, necesito hacer esto. Tú conoces a mi madre y esas fotografías no mienten. Sobornó a Ken y no voy a dejar que siga controlando mi vida de esta forma.
— Me debes la vida- Liz abraza a su amiga y le entrega las llaves de su auto- ve con cuidado y mantenme al tanto de absolutamente todo.
Liz esperó a que Rita se alejara con su auto antes de volver a entrar en la academia. El edificio estaba casi vacío. Solo se escuchaban algunas voces apagadas y el eco de los pasos sobre el piso. Recorrió el pasillo con la mirada con lentitud.
— Pensé que no vendrías.
La voz de Matthew la hizo detenerse. Él salió lentamente detrás de una columna, con las manos en los bolsillos y una sonrisa apenas visible.
Liz respiró hondo. Ya no había forma de echarse atrás.
— Estaba esperando a que mi madre se marchara- contesta con una sonrisa nerviosa.
— ¿Estás segura de esto?
— Nunca estuve tan segura de nada.
— Ven, vamos a dar un paseo.
Toma su mano con delicadeza y caminan hacia su motocicleta fuera del edificio. Matthew le extiende un casco con calcomanías, similar al suyo. Notó que había traído uno extra por seguridad.
— ¿Cómo sabías que iba a venir contigo?
— Porque no he podido dejar de pensar en ti-respondió con una sonrisa antes de montar su motocicleta.
Liz se sujetó de sus hombros y subió detrás de él. Se colocó el casco y el aroma no tardó en aparecer. Esa fragancia embriagadora que le provocó un escalofrío por toda su espalda.
Ella rodeó su cintura con ambos brazos. Sintió cómo él se tensaba apenas un instante antes de relajarse de nuevo. Aunque no podía verle el rostro, estaba segura de que sonreía debajo del casco.
La velocidad era estable. No era veloz pero tampoco lenta. Era tranquila, como la noche. No había tráfico y eso resultaba agradable para el recorrido.
— ¿A dónde vamos?
— No tengo idea.
— ¿No tienes un plan?
— Mi plan era que aceptaras venir.
Liz sonrió y negó con su cabeza sin comprender el cómo había terminado con ese chico. Mientras esperaba que haya algún destino, comenzó a sentir en su brazo las vibraciones del teléfono de Matthew. Supo que podría ser Rita.
— ¿Tienes idea de qué hora es?
— Toma mi teléfono.
No esperaba que él le entregara su teléfono con tanta facilidad. Lo tomó entre sus manos y observó que efectivamente era el número de Rita. Un mensaje de un número desconocido decoraba la pantalla.
“Tu madre dijo que olvidaste tus vitaminas y que te las traerá en unos minutos”
“VEN YA”
El texto en mayúscula le sobresaltó el corazón. Supo que era una emergencia y si no llegaba antes que su madre, Rita saldría perjudicada ante su plan infantil de escape.
— Matthew
— ¿Sucede algo?
— Debo volver.
Al momento que dijo eso, Matthew frenó en seco, desviándose hacia la acera.
— ¿Cuál es tu destino?
Su voz dulce le confirmó que no estaba molesto, sino que comprendía su nerviosismo sin conocer la razón.
Explicando su situación, no supo mentirle. De camino a la casa de Rita, el teléfono de Matthew no dejaba de vibrar.
A toda velocidad, lograron llegar a destino. Pero para su mala suerte, el auto de su madre ya estaba estacionado frente a la casa de Rita.
Matthew sin ver otra opción, se adentró con velocidad al garaje de la casa y dejó a Liz a pocos centímetros de la puerta que conectaba la cocina de la casa.
— Ve, te espero aquí.
— Por favor, no...
— No me quitaré el casco, lo prometo.
Leyó su mente. Corrió hacia dentro de la casa al ver a su madre bajar de su auto y caminar hacia la puerta principal. Su amiga Rita estaba al borde del colapso hasta que la vio entrar con el casco puesto.
— Casi me da un infarto –confiesa con sus manos temblorosas y ambas escuchan el timbre sonar. Era Sabine.
Liz deja el casco sobre la mesa, ordena un poco su cabellera y ambas caminan hacia la puerta. Rita abre segura.
— Recuerda que tu hermano está en la casa, no hagas tantos planes y vuelve por la mañana para desayunar en familia-le entrega sus vitaminas y se marcha sin decir más nada.
Rita cierra la puerta mientras veía como se alejaba. Liz corre hacia el garaje y ve a Matthew con su teléfono.
— Lo siento, yo...
— No te disculpes, es un honor ser tu chofer privado.
La chica camina hacia la enorme puerta del garaje y presiona el botón para que el cierre automático se active. Matthew espera a que la puerta se cierre por completo para bajar y quitarse el casco.