Al filo del corazón enemigo

Capítulo 7

— Por favor, déjame ir contigo, quiero ver a Liz competir -insistió Clark.

— Va a ser mucho peso el que tú aparezcas ahí. Ve al torneo oficial, no a una simulación.

No dejó que contestara y se marchó.

Clark quedó allí parado solo en la enorme casa. Pensó en Austin, quiso enviarle un texto, pero sabía que seguiría molesto por hacerlo caminar tantos kilómetros.

El recordar la discusión con su madre la noche anterior, le erizó la piel. Sabine jamás le había gritado así y menos echarlo de la casa.

Los recuerdos de su infancia no tardaron en aparecer en su mente. Cuando Austin nació, él era la persona más feliz. Quería ir a esgrima juntos, quería entrenar a su lado, pero el saber que su pensamiento era diferente, todo cambió. En cuanto acabó la universidad con los mejores puntajes en el fútbol americano, lo enviaron al servicio militar. No logró seguir su sueño como el resto de sus hermanos.

Siempre pensó que Liz seguiría los mismos pasos que Austin, pero al ver que estaba casi llegando a su nivel, sintió orgullo y tranquilidad.

Su teléfono comenzó a vibrar recibiendo una llamada. Lo buscó enseguida ya que sabía de quién podía tratarse. Nicole. Contestó sin dudar.

— Cariño -habla del otro lado.

— Hola, linda. Lamento no llamarte antes. Intenté hablar con mis padres sobre lo nuestro y no resultó tan bien...

— Lo sabía cariño. Solo espero que tú estés bien, por favor. No quiero estar sola y menos ahora que solo me quedan unas pocas semanas.

— Descuida. Prometo estar allí en unos días, no quiero perderme el nacimiento de Tim –Clark ríe nervioso.

— Prométeme algo. Prométeme que, aunque tus padres no acepten lo nuestro, aún seguirás conmigo. No quiero volverme una madre soltera.

— Lo prometo. Si debo quitarme este apellido, créeme que lo haría por ti.

Mientras caminaba hacia su cuarto, continuó hablando con Nicole.

No le importaba estar solo.

Liz por su parte, seguía en la oficina con Matthew. Ella no comprendía todo lo que había pasado junto a él, pero había desarrollado un sentimiento extraño, que ni siquiera con Ken había sentido.

Apenas lo conocía y sentía que era su alma gemela. La conocía, la comprendía y hasta la hacía reír. Le producía demasiadas cosas.

Con Ken, su relación fue algo extraña. Ella soportaba que coqueteara con demasiadas chicas mientras recorrían la ciudad en cada torneo, pero su excusa siempre fue la misma. Fingir frente a Sabine para que no sospeche sobre su relación. Lidiaba con sus comportamientos un tanto infantiles y nunca podía estar con ella por su familia. Jamás logró pasar una noche juntos como pasó con Matthew. Apenas podían besarse y a escondidas.

Pero con ese chico, era todo diferente. Por un momento pensó que había posibilidad de una aventura. Un noviazgo que sus padres no podrían romper y le agradaba la idea, pero algo dolía. El hecho de que sus padres intenten destruir aquellos sentimientos dolería más que su noviazgo anterior.

— Por favor, olvídate de él y dame una oportunidad.

Esas palabras sonaron como una súplica en la boca de Matthew. No era el mismo joven con el que había competido minutos antes. No era la misma persona que veía en las revistas y hasta las noticias. Ese rostro serio y apagado no era comparado con el que veía frente a ella, sudado y hundido en el placer que le provocaba su cuerpo.

Quiso contestar, quiso aceptar y darle su oportunidad. Sabía que no la defraudaría. Quería experimentar todo junto a él, pero al abrir su boca para acceder, la puerta de la oficina se abrió. Liz lo empujó levemente por los nervios, pero al ver el cuerpo de su madre detenido junto al marco de la puerta, con su mano aun en el picaporte, causó que sus pulmones dejaran de recibir oxígeno.

— Liz, ¿podemos hablar un segundo afuera?

Ella no contestó y caminó hacia su madre. Luego de unos largos segundos observándose mutuamente, finalmente ella quiso romper el silencio.

— Mamá, yo...

— ¿Cómo pasó? -su hija frunce el ceño sin entender - ¿Cuándo comenzó?

— Es una larga historia...

— Eso quiere decir que ya se conocen –algo en ella era extraño para Liz. No comprendía aún la razón por la cual su actitud era tan calmada.

— ¿No estás molesta?

— Liz, hay cosas que tú aún no conoces. Solo mantén tu postura y ya.

— Está bien.

— Prométeme que tu relación con ese chico no se interpondrá con respecto al torneo.

— Te prometo que ganaré, mamá.

Liz esperó a que dijera algo más, pero solo se mantuvo en silencio. Antes de pensar que se iría, su madre posó su mano en su hombro y habló.

— Estuviste increíble en la pista.

Ese cumplido la tomó por sorpresa. No sonaba neutro, sino sincero.

— Gracias...-sonrió.

— Entra, en unos minutos vendrá tu padre y el fundador del club de Los Leones.

— ¿Por qué?

— El entrenador no me ha dicho una razón en particular, pero quiso tener una reunión aquí.

Liz asintió con lentitud aún sin estar convencida y caminó hacia la puerta nuevamente. Tomó el picaporte entre sus manos y caminó dentro de la oficina mientras veía a su madre marcharse.

Apenas entró, miró a Matthew sentado en el sofá. Al verla se puso de pie y caminó hacia ella.

— ¿Está todo bien?

— Mi madre sabe que te conozco.

Matthew dejó escapar un suspiro exagerado y llevó una mano al pecho.

— Qué alivio. Pensé que planeaban dónde esconder el cadáver.

Liz lo miró confundida.

— ¿Qué cadáver?

— El mío. Si tu madre entraba cinco minutos después, probablemente yo sería el cadáver.

Ella no pudo evitar reír.

— Eres un idiota.

— Pero uno con muy buenos reflejos.

Intentó besarla nuevamente, pero Liz apoyó una mano sobre su pecho para detenerlo.

— Espera. Vendrá mi padre con el fundador de tu club. ¿Crees que hablarán sobre lo nuestro?

— ¿Lo nuestro? -repitió con una sonrisa que apenas podía disimular.




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