Al Final Es Como Un Cuento De Navidad

CAPITULO SIETE - EL LLANTO DE SU HIJA FUE COMO LA LUZ WIR BORRÓ LA OSCURIDAD

CAPITULO SIETE

EL LLANTO DE SU HIJA FUR LA LUZ LE HISO DESPERTAR

Faltando un día para que se cumplieran las treinta y ocho semanas, Grecia sintió la primera contracción, tanto

ella como Francia habían tomado todas las precauciones, ellas no quisieron correr ningún riesgo, a través de

sus abogados habían contratado un servicio de custodia y dos guardias privados hacían turno

permanentemente después de que Santiago desapareciera, ellas no tomarían ese riesgo, no dejarían nada al

azar, así que cuando a las cinco de la mañana, Grecia tocó la alarma que tenia al lado de su cama, ya el

personal de seguridad estaba en pie, uno bajo a encender el auto y llevó los dos bolsos que tenían

preparados, uno con las cosas de la bebé y otra con las de Grecia, los documentos los llevaba Francia en su

cartera que también estaba preparada desde el séptimo mes, entró a la habitación y encontró a su hija

apoyada en el respaldo de la cama, asustada y pálida,

−ya van dos, con ocho minutos entre cada una −, dijo con un quejido, soltando con suavidad el soporte de la

cama donde estaba apoyada, irguiéndose y estirando su brazo para sostenerse de la mano de su madre, que

la tomo con firmeza,

−vamos hija, ya es hora−, susurro mientras se colocaba a su lado y la tomaba por la cintura camino a la

puerta,

Al bajar en el ascensor hasta ei estacionamiento, ya el auto estaba encendido esperando por ellas, el

seguridad abrió la puerta posterior y ayudo a sentarse, mientras Francia daba la vuelta y se sentaba a su lado

tomando nuevamente su mano, e inmediatamente los dos subieron al auto saliendo rápidamente del

estacionamiento rumbo a la clínica de la empresa donde le atenderían el parto, al llegar ya la estaban

esperando el personal de guardia, la subieron a una silla de ruedas dirigiéndose a la sala neonatal, donde su

obstetra la esperaba,

−vamos a hacer primero un eco, para ver las condiciones del bebé y luego te examinaremos a ver como se

esta comportando el cuello uterino−, le dijo dándole confianza con la seguridad de sus palabras, Grecia afirmó

con su cabeza, dejándose llevar por las enfermeras hasta la sala de revisión, la ayudaron a desvestirse y

colocarle una bata de quirófano, luego la ayudaron a subirse a la camilla después de la contracción que la

hiso doblarse, la doctora encendió el equipo mientras una de las enfermeras le aplicaba el gel sobre su

abdomen, enseguida la obstetra inicio su recorrido por su abdomen esparciendo el gel con el traductor, lo

primero que hiso fue constatar el latido fetal, que empezó a oírse fuerte y rítmica,

−aquí está mamá, un latido perfecto, fuerte, ya esta chica viene a acompañar a su mami desde afuera, está

en una posición perfecta, ella ya quiere salir, Grecia, ya viene en camino −, le dijo retirando el equipo, pidió un

guantes nuevos y procedió a realizar un tacto para verificar las condiciones del cuello y su dilatación,

−ocho centímetros, mamá, será rápido −, le dijo, luego le preguntó,

−quieres la peridural, será menos doloroso −, espero su respuesta luego de otra contracción, que se mantuvo

por unos segundos más,

−no creo que sea necesario, mi hija ya quiere salir, no va a dar tiempo−, dijo entre jadeos de dolor,

−esta es la novena contracción, las he contado, esta última completó la dilatación, ya siento coronando su

cabeza −, al terminar de decirlo, la obstetra volvió a colocarse en posición frente a Grecia, ordenando que le

trajeran todo el equipo y se preparan ella,

−abuela pasé, ya viene su nieta, apenas le dio tiempo de tomar una de las manos de su hija, cuando Grecia

empezó a quejarse, soltando un grito y seguidamente el líquido cayendo, mientras esa pequeña cabeza

estuvo afuera, seguidamente la doctora revisó su cuello, constatando la ausencia de circulares o procedencia

del cordón, ella inmediatamente rotó para sacar un hombro primero, luego el otro y seguidamente el resto de

ese perfecto cuerpo rodeada de líquidos y membrana amniótica, seguidamente ese llanto fuerte que espera

cada madre al momento del parto,

−y viene a pelear con fuerza exigiendo atención−, dijo feliz la profesional, alegrándose que todo fue rápido y

sin complicaciones, rápidamente le extendió las tijeras quirúrgica a la abuela que ya tenía los ojos llorosos de

amor y felicidad,

−hagamos lo honores abuela, corte aquí −, le dijo, mientras Francia tomaba esta en su mano derecha




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