Al Final Es Como Un Cuento De Navidad

CAPITULO DIEZ - ES CASI NAVIDAD VAMOS A DECORAR EL ARBOL Y HACER LAS CARTAS DE PETICONES

CAPITULO DIEZ

ES CASI NAVIDAD VAMOS A DECORAR EL ARBOL Y HACER LAS CARTAS DE PETICONES

Grecia veía a su madre, ella siempre sería mi madre, aunque no nací de ella, se decía mientras la miraba con

afecto y respeto, la quería como tal, ella siempre estuvo ahí desde que perdí a la mía, y a mi padre, la veía

hablar con mi pequeña desde donde estaba sentada en mi escritorio donde solía realizar los informes que

entregaba diariamente en mi trabajo, y donde ahora actualizaba mis hojas de vida en la sección de solicitud

de empleos, no sabía si conservaría mi trabajo, se dijo con algo de rabia, ella sabía muy bien porque.

Mi contrato actual finalizaba el treinta de este mes, y aun no me confirmaban si continuaba o no, recursos

humanos ya debía haberme pasado a trabajado permanente, pero sabía muy bien que eso era por Roberto,

que desde que lo contrataron como gerente desde hace dos años, se enteró que tanto mi madre como yo

trabajábamos, el me odiaba al igual que a mi madre y seguro siempre quiso despedirnos, pero los dueños

verdaderos, dijeron que nosotras hacíamos bien nuestro trabajo y que no había justificación y que podían

demandar a la empresa.

−si no me renuevan mi contrato, en enero, me voy a ir de vacaciones unos días con Emili Lucia y mi madre a

una cálida playa caribeña, ella aún puede tomar esas decisiones −, susurró hablando ella en su monologo

acostumbrado, cuando su mundo interior se hacía muy grande,

Mi madre que estaba junto con mi hija que recién había cumplido seis años, y que se había convertido en la

niña más hermosa del mundo,

−y no es porque sea mi hija −, volvió a murmurar,

−con esos redondos y grandes ojos marrones, exactamente iguales a los de su abuela y a los de su padre

cuando vivía −, siguió diciendo sin darse cuenta de que su madre la oyó,

−me estás diciendo algo hija−, le preguntó Francia

−no, mamá, solo que, a Emilia, en este momento le brillaban los ojos con alegría y entusiasmo viéndote

como colocas las luces−, le respondió haciéndola reír por lo bajo,

Su abuela, le respondía con paciencia a todas las preguntas que le hacía, faltaban dos semanas para la

navidad y ambas estaban tratando de adornar el árbol de navidad, un hermoso pino que mi madre había

comprado, y no sé cómo le hacía , se preguntó Grecia, pero era perfecto, justo como quería Emilia Lucia, ni

muy alto para que ella pudiese alcanzar las ramas superiores con ayuda, ni muy frondoso, para que la luces

pudiesen iluminar cada ramita y tan simétrico como si lo hubiesen hecho a propósito para que Emilia dijera

que tenía la forma de un cono perfecto, muy simétrico, ya que sus ramas iban descendiendo simétricamente

desde la punta hasta la base en un hermoso cono de deliciosa fragancia de pino recientemente cortado,

−como hiciste para encontrarlo tan perfecto−, le preguntó ella emocionada,

−porque te había prometido un árbol hermoso, el más hermoso y perfecto de la tienda para esta navidad, que

sé que será especial −,le dijo sonriendo, haciendo feliz a mi hija con su respuesta, Mi madre se lo había

prometido a su única nieta, que tendríamos el árbol de navidad más hermoso del mundo.

Y ahí estaba, si era el árbol más hermoso que había visto en mi vida, la estancia tenía una deliciosa fragancia

que hacía que tu alma se llenara de alegría,

Ambas se reían, mientras mi hija tomaba las luces con sus manitas levantadas mientras, mamá las iba

enredando desde entre las ramas superiores hasta la base, donde estaba las conexiones eléctricas, así

hicieron mientras colocaban los cuatro juegos de luces de brillantes y luminosos cocuyitos que brillaban en

relucientes dorados, rojos y verdes,

−quedaron hermosas mamá−, le dijo sonriente,

−quieres que te ayude a conectarlas −, le sugirió mientras ella iba conectando cada extensión luego de

colocarlas, y ya las luces parpadean dándole alegría al ambiente,

−no hace falta amor, ya están todas, crees que debí comprar mas −, le dijo, apartándose un poco para mirar

el árbol,

−están hermosas abuela, están hermosas−, repetía mi pequeña, mientras aplaudía chocando fuertemente sus

manitas, y se reía a carcajadas muy feliz al ver las luces encendidas,

−creo que están bien así, a Emilia le gusta como están quedando, con el reflejo de las esferas se multiplicara

las luces, está quedando hermoso −, terminó diciéndole,




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