Al Final Es Como Un Cuento De Navidad

CAPITULO ONCE - PETICIONES DESDE EL CORAZON

CAPITULO ONCE

PETICIONES DESDE EL CORAZON

Los deseo más puros de nuestros corazones son los que verdaderamente el universo escucha, Emilia Lucia

pronto se despertaría con un deseo tan intenso en su corazón que apenas había amanecido, a ese día

Bsábado glorioso, como si el universo, los ángeles enviados o los elfos juguetones se habían confabulado

para Bque fuera un día perfecto, ni muy frio, ni muy caluroso, hoy el día estaba luminoso, tan claro que el

cielo despejado en un tono azul tan claro, transparente, haciendo que la mirada se perdiera en la distante

inmensidad, del inmenso techo celeste,

Apenas había amanecido, no serían más de las siete de la mañana, pero ya oí a mi pequeña correr hasta mi

puerta desde su habitación,

−mami, mami ya es sábado, es sábado, vamos a escribir las cartas −, dijo en mi puerta, mientras daba saltitos

de bulliciosa alegría,

−ya levántate, voy a despertar a la abuela−, decía mientras salía corriendo hacia la otra puerta del pasillo,

abriendo con cuidado como le había enseñado, para no hacer ruidos violentos, aunque sabia que ya mi

madre debía estar despierta, esperando por el repetido y diario ritual de “ser despertada por su nieta”,

mientras se hacia la dormida para no desilusionar a su “vidita” como le dice ella, la pequeña abrió la puerta lo

suficiente para que su pequeño cuerpo pasara, y con pasos cuidadosos llegó hasta la cama,

−abuela, abuela−, susurró muy suavecito,

−abuela, ya es de día, ya es de día, es sábado−, le dijo con su voz un poco mas alta, mi madre sacó sus

brazos debajo de las sábanas, estirándolos sobre su cabeza y fingiendo un bostezo le dijo, mirándola como si

estuviera medio dormida,

−ya es sábado, y que vamos a hacer hoy, es día de levantarse más tarde−, le dijo tratando de meter sus

brazos bajo las sábanas de nuevo,

−no abuela, no te duermas, hoy vamos a escribir las cartas, recuerdas, lo prometiste ayer, vamos, vamos −, le

dijo rápidamente mientras subía a la cama y trataba de tirar de las sábanas,

−esta bien, esta bien, ya estoy despierta, ya estoy despierta−, sonreía mientras tomaba a su nieta en brazos

haciéndole cosquillas, y le daba besitos en sus sonrojadas mejilla mientras ella se reía a carcajadas,

−vamos abuela, vamos−, dijo bajando de la cama y corriendo hacia la puerta,

−voy a sacar de la nevera los huevos para el desayuno, apúrate, los quiero con ojitos −, le dijo sonriendo

mientras caminaba por el pasillo hacia la cocina,

−no olvides…−, no termino de decir la frase cuando la niña le respondió,

−si abuela, los pongo en la cesta de uno a la vez, para que no se me caigan y terminemos haciendo una

tortilla−, le dijo segura con voz firme, a pesar de su corta edad, tenia un amplio vocabulario, además de ya

leer y escribir muchas palabras perfectamente, como resultado de la dedicación en su educación de las dos

mujeres que vivían por ella,

Prepararon y tomaron el desayuno rápidamente, dejaron todo ordenado, dirigiéndose a tomar todos los

implementos y materiales para escribir las cartas a Santa, papel de hermosos colores rojos y verdes eran

cuidadosamente adornados con motivos navideños, campanitas doradas, hojitas y frutos de muérdago en

tonos abrillantados dándole esplendor a los que luego de doblados se convertirían en los hermosos sobres

donde se esconderían las cartas de peticiones,

−como se escribe quiere abuela, mami? −, preguntó la pequeña, rápidamente se escucho la doble voz

respondiendo rápidamente,

−con q y u, mi amor, te ayudamos−, dijeron madre y abuela a la vez, mientras ambas se reían,

−no mamá, no abuela, yo puedo, ya puedo escribir bien la palabra quiero, pero estas cartas son secretas,

solo Santa las puede leer, si no, no se cumplirán mis deseos−, dijo la niña con seriedad y firmeza,

−está bien mi amor, solo quería ayudarte, pero si tu puedes, está bien−, le dije a mi hija, tratando de que mi

ojos no dejaran salir las lagrimas represadas en ellos, terminamos de escribir las cartas y luego las dejamos

ligeramente ocultas entre las ramas del árbol de navidad, luego decidimos salir al centro comercial para

hacer algunas compras que faltaban, realizar un almuerzo tarde en los locales de comida rápida del centro

comercial, así que ninguna vio lo que escribieron las otras dos en sus cartas, pero lo que ellas no sabían era




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