¿Un desayuno por una disculpa?
Un estruendo y un par de carcajadas atraviesan el silencio, arrancándome del plácido sueño. Parpadeo varias veces, bostezando. La habitación está en total penumbra y, del otro lado de la pared, escucho una voz reprender a alguien.
Con el ceño fruncido y unas enormes ganas de matar a quien sea que me haya despertado, busco el celular a tientas. Al encenderlo, la luz me irrita la vista. Abro los ojos con asombro al percatarme de la hora: las cuatro de la mañana.
¿Qué carajos?
Apoyo la oreja contra la pared. Se oye un golpe fuerte y la voz de Lorenzo musitando una palabrota por lo bajo.
—¿Está todo bien? —pregunto en voz alta, lo suficiente para que me escuche, y de inmediato me arrepiento. Me alejo de la pared rápidamente; quizá termine pensando que soy la vecina más entrometida que ha tenido en su vida.
Un llanto contenido se hace notar, pero no proviene de él. Arrugo el ceño y, de inmediato, una idea me acelera el corazón y me deja sin respiración. ¿Y si es un asesino serial y lo estoy presenciando todo? ¿Y si luego piensan que soy cómplice? Siento el corazón correr a toda marcha y, al instante, me llegan todas las imágenes de ese documental sobre asesinos seriales que mamá me obligó a ver para estar a salvo en la gran ciudad.
—Lo siento por despertarte —responde con voz agotada.
Claro, después de secuestrar a alguien debe de estarlo. ¿Será buena idea llamar a la policía? Cuando estoy a punto de marcar el número, contengo la respiración, con los dedos de los pies tensos.
El llanto se detiene y es reemplazado por una voz femenina ya conocida.
—Lo que faltaba, un hermano que habla con las paredes —Virginia habla entre sollozos y lo que parece ser una buena borrachera.
Dejo el teléfono suavemente sobre la cama y casi puedo asegurar que escucho una ligera risa por parte de él.
—Venga, levanta, enana. Te llevaré a tu habitación.
—No quiero —responde con una voz tan adorable que solo me provoca apapacharla.
Él suspira y yo… bueno, yo no sé qué más decir. Al menos no es un asesino que secuestra gente. Ese es el lado positivo de la situación.
—Nuestra vecina necesita descansar y tú también, así que vamos, levántate ahora.
Su voz es tan suave y dulce que casi me hace decir que estoy bien, aunque está claro que la migraña que tendré más tarde dirá todo lo contrario.
—Adiós, pared con bonita voz.
Sonrío, negando con la cabeza. Estos mellizos me matarán uno de estos días.
Me arrojo de vuelta a la cama con un suspiro entre soñador y agotado.
———
La alarma suena demasiado cerca de mi oreja.
Me revuelvo en la cama, me froto los ojos, bostezo y me estiro como un gato.
Odio las mañanas, y más aún tener que dejar mi amada cama, sobre todo cuando un dolor punzante golpea mis sienes. Creo que necesito una taza de café con mucha azúcar y un desayuno muy delicioso.
Y sí, hoy es un nuevo día: lo usual, clases y calentamiento global.
Tomo la toalla y el neceser con la pereza matutina que siempre me acompaña.
Camino por el pasillo mientras el ruido ensordecedor de la licuadora llena el apartamento.
Toco la puerta del baño, pero el grito de Mía me avisa que está ocupado, así que me giro, bufando, dispuesta a esperar en la sala.
—Lorenzo dejó esto para ti —dice Vanessa, apagando la licuadora.
Alzo una ceja, señalándome a mí misma. Ella asiente con una sonrisa muy poco usual en ella, la misma sonrisa que utilizó Mía cuando ella nos narró, muy detalladamente, su cita con Virginia.
Me acerco al mesón lentamente, mirando hacia todas partes, como si la curiosidad no me estuviera comiendo por dentro… como claramente lo hace. Al final, planto la vista ahí: un par de hotcakes, con todo y miel, me hacen ojitos, esperando ser devorados, junto a una nota.
Espero te gusten los desayunos dulces.
¿Qué opinas? ¿Un desayuno por una disculpa?
—Estás sonriendo —murmura en un canturreo dulce Vanessa.
Si fuera Mía, le habría sacado la lengua, pero como Vanessa es tan dulce, la única respuesta que le doy es ampliar la sonrisa aún más, si eso es posible.
Le tomo una foto para agradecerle, pero entonces caigo en cuenta: no tengo su número, pero sí el de su revoltosa y escandalosa hermana.
Virginia: Lorenzo me lo contó todo. Del uno al diez, ¿qué tan escandalosa fui?
Decido tomarle un poco el pelo.
Yo: Esa escala queda bastante corta :c
Virginia: Oh, mierda. Soy una pésima vecina, lo lamento tantooooo.
Dime qué quieres que haga por ti y lo haré. Puedo hacer toda la parte de tu proyecto, en serio.
Arrugo el ceño. A mi parecer no es para tanto, pero sí que se lo tomó en serio… aunque podría hacer algo por mí.
Yo: Solo estaba jugando, aunque creo que sí podrías hacer algo por mí :)
Virginia: tú solo Dime rana y yo salto.
Yo: ¿Me pasarías el número de tu hermano? :)
Virginia: Dalo por hecho ;)
Anoto el número enseguida y le envío la foto junto a un “gracias” y un montón de caritas sonrientes.
Sí, me gustan esas caritas.
—Ya salí del baño —grita Mía desde el pasillo.
Recojo el neceser, coloco la toalla sobre el hombro y camino hacia allá.
No sé por qué, pero algo me dice que hoy será un día grandioso.