Al Ritmo Del Hielo

CAPÍTULO 4

Kyla

Miércoles, 7 de junio de 2028

Llevo años viviendo en una jodida burbuja, creyendo que cualquier cosa que toque se romperá, igual que me pasó con la rodilla. Intentando no acercarme demasiado a nada ni a nadie para no destruirlo.

Entrar en el Jaap Eden fue un gesto impulsivo. Un lugar donde no podía romper nada ni a nadie si me mantenía en la grada. Pero ella me sujetó la mano y su expresión de admiración me tocó muy hondo.

Hay personas que todavía creen que soy sorprendente.

Solté el humo de los pulmones y dejé escapar una risa amarga. Alcé la mirada hacia el cielo azul.

— Solo soy una persona insignificante... —susurré, llevándome de nuevo el cigarrillo a los labios.

Mi sitio es este pub: trabajar de noche y estar con Izan. Debería ser suficiente. Debería estar feliz, ¿no?

— Ky.

Giré la cabeza con rapidez hacia la entrada del pub. Izan me miraba con las cejas alzadas. Llevaba un pequeño trapo colgado del hombro.

— ¿Fumas y no invitas? —preguntó, acercándose hacia mí.

Sujeté el cigarrillo y se lo tendí. Lo cogió con calma antes de dirigir la mirada hacia la calle.

— ¿Estás bien? —me miró de reojo mientras le daba una calada—. Desde hace un par de días te noto decaída.

— Estoy bien... —me froté la frente con el dorso de la mano—. ¿Cuándo tenéis pensado sacar el primer álbum de la banda? —pregunté, intentando esquivar más preguntas incómodas.

— Aún tenemos que crear algunas melodías más —me devolvió el cigarrillo.

— Quédatelo —dije, cruzándome de brazos.

— Tenemos previsto lanzarlo en otoño —dio la última calada antes de dejar caer el cigarrillo al suelo y apagarlo con el pie—. En noviembre —añadió—. Hay una canción que me encantaría que escucharas.

— ¿Me la vas a dedicar? —alcé las cejas, sorprendida—. Ojalá llegue pronto ese día —dije, sonriéndole.

— Quiero hacerla perfecta.

Se inclinó hacia mí para besarme. Acercó las manos a mi rostro y lo sostuvo con delicadeza. Una descarga recorrió todo mi cuerpo, de los pies a la cabeza.

— Vosotros...

Nos separamos con rapidez al escuchar la voz de Niall. Nos observaba con una ceja levantada.

— Ya tendréis tiempo de liaros después del curro —replicó—. Aún quedan algunas cosas por hacer en el interior.

Golpeó brevemente el marco de la puerta antes de volver a entrar en el local.

— Esta noche te haré una visita —murmuró Izan a apenas un par de centímetros de mi oído.

Sostuvo mi rostro con una mano y se inclinó para besarme de nuevo, aunque esta vez fue un beso corto.

En cuestión de segundos, volví a quedarme sola en la calle. Saqué el móvil del bolsillo trasero y eché un vistazo a la lista de contactos.

— Debería de llamar a mi madre... —murmuré antes de soltar un suspiro—. Lo haré después.

Guardé el móvil.

Si me alejé no fue por ellos, fue por mí. Necesitaba distanciarme de todo lo relacionado con el patinaje y ellos me recordaban a él.

Me agaché para recoger la colilla del cigarrillo antes de entrar en el local.

La noche iba a ser movida; solo esperaba que no se me cruzara ningún chiflado como el de la última vez. Limpié las últimas mesas antes de que los primeros clientes empezaran a entrar. Izan los guiaba hasta sus asientos y yo me encargaba de atenderlos.

— Hola, ¿qué vais a tomar? —pregunté a un grupo de hombres.

— Cuatro Margaritas —dijo uno de ellos, mostrando cuatro dedos—. Y patatas fritas.

— Enseguida se lo traigo —respondí con una sonrisa.

Me dirigí a paso ligero hacia la barra. Niall ya tenía los ojos puestos en mí mientras secaba un vaso.

— Cuatro margaritas y patatas fritas.

— Marchando —respondió, dando un breve golpe en la barra.

Dejé la bandeja sobre la mesa y miré a mi alrededor. Las mesas estaban casi todas ocupadas y apenas quedaba sitio para más gente en el local.

— Estamos casi completos —dije, mirando a Niall—. Y solo es miércoles —añadí, sorprendida.

— Hoy vuelve a tocar la banda de Izan —dijo mientras colocaba dos margaritas en la bandeja—. Y las expectativas son muy altas.

Terminó de añadir las otras dos margaritas y las patatas fritas.

— Qué locura —sonreí.

Me alegraba saber que The Flashbeats se estaba convirtiendo en una banda bastante conocida. Después de todo el esfuerzo que habían invertido, se lo merecían.

Dejé en la mesa los últimos pedidos y volví a dirigirme hacia la barra. Esta vez, Izan estaba apoyado en ella, observando el local mientras hablaba con Niall.

Dejé la bandeja sobre la barra y apoyé las manos en el mueble.

— ¿No hay ningún pedido más? —preguntó Niall.

— De momento, no —respondí mientras cogía la goma del pelo que llevaba alrededor de la muñeca para recogérmelo.

Desvié la mirada hacia Izan; observaba cada gesto que hacía.

— ¿Qué pasa? —pregunté, alzando las cejas.

— Sabes que cuando haces ese gesto estás guapísima —sonrió.

— Yo le diría algo, Niall —lo miré al otro lado de la barra—. Está ligando en horario de trabajo —señalé a Izan.

— En realidad, estoy en mi descanso —apretó los labios y alzó brevemente las cejas—. Además, estoy esperando al resto del grupo, que, como es obvio, llega tarde —suspiró antes de volver a mirar el local.

— Descansad los dos un rato —Niall nos sujetó un brazo a cada uno—. Daan y Lieke os relevarán.

Una mano cogió la bandeja que tenía delante para llevársela. Me senté en un taburete, intentando asimilar toda la gente que había.

— ¿El vídeo en el que os grabasteis os fue bien? —pregunté, apoyando el codo en la barra y la cabeza en la mano para mirarlo.

— ¿El de hace un par de semanas? —me miró—. Nos fue de puta madre —dijo, entusiasmado—. Nunca pensé que llenaríamos tanto este sitio.

— Sois increíbles.

— ¡¿Lo somos?!

Giré la cabeza rápidamente hacia la entrada. Lars estaba a mi lado; alzaba la voz para que le oyera por encima de la música.



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En el texto hay: romance, lgtbiq, sportromance

Editado: 06.07.2026

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