Kyla
Viernes, 23 de junio de 2028
Abrí los párpados de golpe al oír la vibración del móvil sobre las sábanas. Me froté la frente para intentar despejarme. Extendí la mano para cogerlo y lo encendí, lo que me obligó a entrecerrar los ojos por el brillo de la pantalla.
— Joder... —murmuré, quejándome.
Volví a frotarme los párpados. Poco a poco me acostumbré a la luz hasta que pude leer el mensaje.
Thijs:
Cómo sé que eres tú y no un acosador?
Es verdad. Anoche contacté con Thijs, el jugador de hockey con el que hablé brevemente cuando yo entraba y él salía del Jaap Eden, justo cuando iba a rechazar la propuesta de Raelynn.
Puedo entender que no se fíe de una desconocida; hoy en día, cualquiera puede hacerse pasar por quien quiera en las redes sociales.
Comencé a teclear a gran velocidad.
Kyla:
Quedemos
En cuestión de segundos, su estado pasó a "en línea".
Me levanté rápidamente de la cama y abrí las persianas, inundando la habitación de luz. Me acerqué al armario y empecé a sacar ropa: vaqueros negros anchos, una camiseta granate y una chaqueta negra.
La vibración del móvil hizo que girara la cabeza. Me dejé caer en la cama, lo cogí y miré el mensaje.
Thijs:
Dónde?
Jaap Eden? Oosterpark?
Kyla:
En 10 minutos estoy en Oosterpark
Solté el teléfono y empecé a cambiarme.
¿Por qué actuaba así? Si había sido yo quien le había puesto límites.
Me incorporé para terminar de vestirme. El móvil vibró dos veces más antes de quedarse en silencio.
Cuando Raelynn me envió los vídeos de la coreografía, me prometí limitarme a verlos y no decirle nada. Pero cada vez que los veía detectaba más errores, hasta que me di cuenta de por qué fallaba en los triples.
Salí de la habitación mientras me colocaba mejor la chaqueta. Eché un vistazo rápido al salón: todo estaba medianamente ordenado. Mi mirada descendió hasta la mesita frente al sofá; sobre ella había una pequeña hoja con todas las indicaciones sobre los errores.
— Se la tengo que dar... —murmuré, cogiendo la hoja y guardándomela en el bolsillo de la chaqueta.
Caminé hacia la salida, cogí las llaves del mueble de la entrada y abrí la puerta. Me sobresalté al ver a Izan a punto de llamar.
— Joder, Izan, ¡qué susto! —dije, llevándome la mano al corazón.
— Perdón —sonrió—. Has abierto la puerta de golpe —la señaló—. ¿Dónde vas? —preguntó, alzando una ceja con curiosidad.
— No tengo tiempo —me acerqué a él—. Cuando vuelva te cuento —deposité un breve beso en sus labios.
— Pero ibas a quedarte a ver el ensayo —se mantuvo quieto.
— Lo sé, lo sé —bajé las escaleras a gran velocidad—, pero me ha surgido algo —lo miré—. Te debo una —le señalé antes de darme la vuelta y empezar a recorrer el pub.
— ¡Ky!
Giré la cabeza hacia las mesas del local. Lars y Lotte estaban sentados; él había alzado las baquetas al verme.
— Hola, chicos —saludé con energía—. Os veo más tarde —abrí la puerta principal.
— ¿No te quedas? —preguntó ella.
— No puedo —negué con la cabeza—. Estaré en el siguiente, os lo prometo —alcé la voz antes de cerrar la puerta con un breve portazo.
Respiré hondo antes de salir a paso ligero hacia el Oosterpark. Caminando está a diez minutos, así que, si lo ha mencionado, quiere decir que no vive tan lejos.
El cielo estaba completamente despejado; hacía más calor de lo normal.
Caminé a paso ligero hasta que, por fin, llegué a la entrada del parque. Saqué el móvil del bolsillo y le eché un vistazo rápido.
Thijs:
Estaré sentado en algún banco
Guardé el teléfono antes de entrar. Tenía que buscar a un chico alto y corpulento; seguramente iría vestido con chándal, los deportistas suelen hacerlo. Miré a cada lado, a cada banco, pero solo veía señores mayores y familias descansando.
— ¿Por qué es tan difícil encontrarlo...? —murmuré, mordiéndome el labio—. Se supone que es enorme... —me detuve en seco y volví a sacar el móvil.
Entré en la conversación y empecé a teclear.
— Hola.
Me aparté rápidamente al escuchar aquella voz grave y me giré hacia él, sujetando el móvil con fuerza. Mi mirada se fijó en un chico con gorra y sudadera negra. Lo recorrí de arriba abajo con los ojos.
— Qué susto... —dije en voz baja, con la respiración acelerada.
— Estaba sentado en ese banco de allí —señaló con el índice—. Pero, por lo que veo, estás un poquito cegata —añadió, sonriente—. Así que tú debes de ser Kyla.
— Hola —guardé el móvil—. Tú eres Thijs —lo señalé.
— Correcto —tendió la mano—. Thijs De Ridder, aunque puedes llamarme Thijs —se encogió de hombros—. O Ridder —añadió, alzando una ceja.
— Thijs está bien —respondí, estrechándole la mano antes de guardarlas en los bolsillos.
Ambos nos miramos, esperando a que alguien continuara la conversación.
— Eres tú la que debería hablar —se inclinó levemente hacia mí—. Tú me contactaste, ¿lo recuerdas?
— ¿Conoces a la patinadora Raelynn? —pregunté, frunciendo el ceño—. ¿Raelynn Scott? —apreté los puños, intentando no ponerme nerviosa.
— ¿Y por qué lo preguntas? —se quitó la gorra para echarse el pelo hacia atrás antes de volvérsela a colocar.
— Soy una persona a la que ha ayudado un par de veces con el patinaje.
— Lynn entró en tu apartamento —dijo, sonriendo—. Es muy popular en el país —se cruzó de brazos—, pero sí, conozco a Raelynn Scott.
— ¿Sois amigos? —pregunté.
— Somos amigos —empezó a caminar, pasando por mi lado—. Hermanos, en general, como si fuéramos de la misma sangre.
Me quedé paralizada, observando el paseo.