Raelynn
Miércoles, 14 de marzo de 2029
La oscuridad no es para todo el mundo. A veces, estar en ella puede calmarte, pero también puede alterarte. Te permite reorganizar tus pensamientos, pero también puede destruirlos.
Así es la oscuridad.
Eres amiga o eres enemiga. No hay punto intermedio.
¿Yo en qué lado estoy?
Hace un tiempo no me consideraba bienvenida, pero ahora... ahora soy amiga. O eso intento.
— ¡Raelynn!
Abrí los párpados de golpe. Me incorporé, dejando de hacer los estiramientos apoyada en la valla perimetral. Giré la cabeza hacia donde se encontraban mis entrenadores; uno de ellos me hizo un gesto para que me dirigiera al centro de la pista.
— Harás el programa corto —alzó la voz—. Tiene que salirte perfecto.
Mostré el pulgar mientras me deslizaba por el hielo. Sacudí los brazos antes de colocarme en el centro.
Respiré hondo.
Me puse en posición inicial, esperando a que la música comenzara. Cuando sonaron los primeros compases, acerqué las manos al torso, como si me recolocara la montura, e hice una vuelta rápida antes de deslizarme por la pista.
Abrí los brazos al compás de la orquesta. Quería que fueran amplios y elegantes, como me había aconsejado mi coreógrafo.
En cuestión de segundos, realicé el primer salto: el triple flip.
Perfecto.
— ¡Buen salto! —gritó el entrenador.
Desde la última competición, mis rodillas —y mis piernas en general— se habían fortalecido bastante. Se notaba muchísimo al aterrizar cada salto.
Seguí deslizándome. Con un movimiento rápido, cambié de filo para realizar, esta vez, un triple axel.
Despegué.
Y aterricé con seguridad.
— ¡Sigue así, Raelynn!
Empecé con la secuencia de pasos. Algo que me encantaba hacer era la combinación de brackets con twizzles. Intenté que los brazos no estuvieran rígidos, sino que acompañaran el movimiento.
Sonreí, cerrando los párpados brevemente.
La respiración la tenía acelerada y el pulso disparado, pero no me importaba. Estaba cómoda en el hielo.
Me deslicé hacia una de las esquinas. Apreté los puños antes de saltar para iniciar la combinación. Mi peor pesadilla: el triple lutz.
Di un, dos, tres...
No falles.
Al tocar el hielo, nada se detuvo. Seguí en pie. No pensé más y volví a saltar con rapidez para finalizar con un doble toe loop.
«¡Vamos, joder!», grité para mis adentros.
Con un salto rápido, inicié un camel spin en el centro de la pista. Sujeté el filo del patín durante un par de segundos; después me agaché para realizar un sit spin. Me fui incorporando aún en rotación hasta terminar con un upright spin.
Me detuve en el centro de la pista, con el brazo en alto. Mi mirada se fijó en mis dedos mientras apenas podía controlar la respiración.
Los dedos temblaban levemente.
Era la primera vez que el programa corto me salía casi impecable, aunque seguía poniéndome nerviosa con el triple lutz.
Bajé la mano y mi mirada se fijó en mi entrenador. Aplaudía, mirándome con esa sonrisa de «lo has clavado, chica».
Me deslicé hacia donde estaba, echando un vistazo a mi alrededor, hasta que mis ojos se encontraron con la figura de Kyla. Estaba apoyada en la esquina izquierda de la valla.
Con solo mirarla, consiguió que, por unos segundos, me olvidara de todo lo demás.
— Es increíble lo que has mejorado —dijo mi entrenador principal.
— Sigo poniéndome nerviosa con el triple lutz —hice una mueca de frustración.
— You haven't fallen —comentó el segundo entrenador en inglés—. That's a huge step forward —me miró, cruzándose de brazos
— Descansa un par de minutos mientras Alina ensaya su programa corto —añadió el entrenador principal.
El entrenador principal me sujetó el hombro con suavidad.
— Lo has hecho muy bien —dijo, sonriéndome.
— Vale... —respondí, aún con la respiración acelerada.
— Alina, your turn —alzó la voz el segundo entrenador.
Di un par de golpecitos en la valla antes de alejarme de ellos. Me deslicé hacia donde estaba Kyla y me coloqué casi frente a ella, apoyando los codos en la valla.
— Has mejorado mucho —dijo ella, apoyando la cabeza en la mano.
Me llevé ambas manos a la cabeza, bajando la mirada hacia la valla.
— Sigo sin estar cómoda con el triple lutz —me rasqué suavemente el cuero cabelludo—. Y es frustrante —apreté la mandíbula.
— Oye...
Sentí el leve roce de sus dedos en el dorso de mi mano, paralizándome. Levanté la cabeza rápidamente para mirarla.
— A veces queremos la perfección en cada momento o situación —añadió, encogiéndose de hombros—. Y, en muchas ocasiones, no la alcanzamos.
El pulso se me aceleró.
¿Por qué?
No lo sé.
— Sé que es difícil, pero tienes que comprender que incluso a los mejores patinadores puede costarles realizar un salto —bajó la mirada hacia sus manos—. Te vuelvo a poner el ejemplo de Yusuke Hani —me miró—, ¿sabes cuál era el salto que más le costaba? —preguntó, alzando las cejas— Y con el que se obsesionó.
Negué con la cabeza, encogiéndome de hombros.
— No lo sé —respondí, frunciendo el ceño.
— El cuádruple axel —se llevó una mano al cuello—. Lo intentó en los Juegos Olímpicos de Pekín en 2022 y, ¿sabes cuál fue el resultado?
— ¿Lo consiguió? —crucé los brazos sobre la valla.
— Se cayó —respondió, negando con la cabeza—. Y, a día de hoy, no se le recuerda como el patinador que no pudo hacer un cuádruple axel en una competición —me señaló—. Se le recuerda como el patinador que supo dominar tanto la técnica como la parte artística —acercó su dedo índice a mi cabeza—. Y eso tienes que metértelo en la cabecita.
Una canción empezó a resonar en todo el recinto. Giré la cabeza hacia el centro de la pista de hielo. Alina comenzaba a ejecutar sus primeros movimientos, aunque todavía podía escuchar la voz tenue de Kyla.