Al Ritmo Del Hielo

CAPÍTULO 16

Kyla

Sábado, 7 de julio de 2029

¿Sabéis esa sensación de no encajar en ningún sitio?

¿Esa sensación de no estar a gusto, incluso en lugares donde antes sí lo estabas?

Al volver al pub, el ambiente empezó a notarse cargado.

No sé por qué.

No sé si era por mí.

Cada día que pasaba era igual que el anterior: levantarse, limpiar mesas, trabajar, beber y dormir.

No necesitaba más.

Ese era mi mundo.

Entreabrí los párpados para observar el techo de la habitación. Dejé de estrujar las sábanas y me llevé las manos a la cara, tapándome los ojos con frustración.

«No descanso...»

Sentí una presión en el pecho que hizo que mi respiración se acelerara bruscamente.

— Joder... —me llevé una mano al pecho—. Joder...

Apoyé las manos sobre las sábanas antes de golpearlas con el puño.

— ¡Joder! —grité, incorporándome.

— ¡Kyla!

La voz de Niall llegó hasta mí desde la planta baja.

— ¡¿Te encuentras bien?! —preguntó, preocupado.

Me mantuve en silencio durante unos segundos.

— Sí... —murmuré—. ¡Sí! —alcé la voz.

Me froté la frente, intentando despejarme, mientras bajaba las escaleras hacia el local.

Desvié la mirada hacia la barra. Niall estaba limpiando vasos mientras tarareaba una canción.

— ¿Told you so? —pregunté, acercándome a la barra para sentarme en un taburete.

Estaba murmurando la letra de la canción de HVRY.

— Está en todas partes —rio—. ¿Te puedes creer que nunca la había escuchado? —guardó una botella en el mueble junto al resto.

— Qué bien... —murmuré, ocultando el rostro entre las manos.

— ¿Te encuentras bien? —apoyó las manos en la barra, entrecerrando los ojos.

— Estoy de puta madre —reí—. Estoy genial —apoyé las manos sobre la barra con un golpe seco—. ¿No me ves?

— Por lo que veo... esas vacaciones no te han sentado muy bien —comentó, dejando un vaso de agua a mi lado—. No llegué a preguntártelo...

Desvié la mirada hacia el vaso.

— ¿Dónde fuiste a desconectar? —preguntó, curioso.

Guardé silencio unos segundos para pensar.

— Visité Londres —respondí, sujetando el vaso y llevándomelo a los labios.

— Londres —repitió, sorprendido.

— Ya sabes, el Big Ben... el Palacio de Buckingham... —murmuré.

— Es curioso.

Alcé la mirada hacia él.

— Porque vi a una chica en la televisión igualita a ti —añadió, señalándome—. Acompañaba a la patinadora de moda, seguro que te suena... —se apoyó en la barra—. Esa chica llamada Raelynn, ya sabes, Raelynn Scott —sonrió.

— Pues sí que es curioso —apreté los labios—. No sabía que tenía una doble tan cerca —reí, nerviosa, sujetando el vaso.

— ¿Por qué mientes, Kyla? —entrecerró los ojos.

Dejé el vaso en la barra con un golpe seco.

— ¿Televisión? —fruncí el ceño—. ¿Cómo que televisión? —insistí.

Un nudo empezó a formarse en mi garganta.

— Claro, hubo un revuelo increíble al ver a Países Bajos otra vez arriba en la tabla en patinaje artístico.

— ¿Quién más me vio?

El cuerpo se me tensó al instante.

— ¿Izan estaba trabajando? —añadí.

— Sí —asintió—. Pero lo importante aquí es que vuelves a disfrutar del hielo —sonrió—. No necesitas mentirnos. Joder, Kyla, ¿piensas que te vamos a juzgar?

— No... —negué con la cabeza—. No voy a volver. He cortado todo de raíz: el hielo, el patinaje, las competiciones y... —me detuve al hablar— y a Raelynn.

— ¿Y eso? —preguntó—. Te vi feliz cuando viste la competición de esa chica en la televisión; gritaste porque le salió... ¿un salto? —se llevó la mano a la nuca—. Aún me cuesta entender la dinámica.

Bajé la mirada hacia mis manos. Noté cómo me temblaban ligeramente los dedos.

— Y una persona que no quiere volver al mundo del patinaje, lo último que haría sería acompañar a una patinadora a un campeonato del mundo, ¿no crees? —me sujetó el brazo con suavidad—. Se nota que te gusta, pero hay algo... algo no resuelto que te duele —apretó levemente—. Y meterlo todo en un saco y tirarlo no te hará sanar.

— ¿Qué eres ahora, mi padre? —sonreí, cerrando brevemente los ojos.

— Solo alguien que te ve como a una hija.

Se separó de mí para coger la bandeja de plata y dejarla sobre la barra.

— Me preocupas —se encogió de hombros—. Solo hay que verte —me señaló—. Estás demacrada, con unas ojeras enormes, te enfadas por cualquier cosa y enturbias el ambiente a tu paso.

Me froté los ojos con cuidado.

— No quites de tu vida lo que de verdad te hace feliz —añadió.

Giramos la cabeza hacia la entrada al escuchar la puerta abrirse.

Un breve espasmo recorrió mis dedos.

La banda de Izan había entrado al local, con su energía habitual.

— ¿Qué pasa, cabrones? —Lars alzó la voz, con un tono juguetón—. ¡Ky! —gritó, golpeando la barra con las baquetas.

— Hola, Niall —saludó Lotte.

Mis ojos se clavaron en Izan, que cerraba la puerta para dirigirse hacia nosotros.

— Vamos a preparar todas las cosas —añadió Lotte, sujetándome del hombro—. Para petarlo esta noche —se separó de mí.

— ¡Vamos a reventar el local con buena música, joder! —gritó Lars, alzando las baquetas.

Giré la cabeza para mirarlos alejarse. Lotte le dio una colleja para que dejara de gritar, lo que hizo que sonriera brevemente.

— Gracias por dejarnos tocar en tu local.

Volví a mirar a Izan.

— Este lugar nos da muchísima visibilidad —añadió.

Todo parecía normal. Como si verme en la televisión, volviendo de un viaje a Japón tras estar en una competición de patinaje, fuera lo más normal del mundo.

Apenas dirigió su mirada hacia mí.

La normalidad desapareció.

Se alejó sin dirigirme la palabra ni una sola vez.

Apreté los puños.

Pero, antes de poder caminar hacia él, Niall me detuvo.



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En el texto hay: romance, lgtbiq, sportromance

Editado: 19.08.2026

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