Al Ritmo Del Hielo

CAPÍTULO 19

Raelynn

Martes, 28 de agosto de 2029

El único lugar donde sabía que iba a estar en total tranquilidad era al irme a dormir. La sensación del colchón en la espalda, la sábana cubriéndome casi por completo, ese frío inicial que, al principio, resulta agradable.

La oscuridad de la habitación era mi mayor compañera.

Moví levemente la cabeza mientras soltaba breves quejidos.

Seguí con los párpados cerrados, notando un ligero cosquilleo en la parte interna del muslo.

Volví a soltar un quejido mientras apretaba la sábana bajera.

— Joder... —murmuré.

Me llevé una mano al párpado derecho, frotándomelo con cuidado. Mi respiración se fue acelerando al notar cómo el cosquilleo ascendía hacia la ingle.

Entreabrí el ojo derecho.

La claridad entraba débilmente por las rendijas de la persiana.

Sacudí ligeramente la pierna, por si tenía algún bicho, pero la sensación no desaparecía.

Me incorporé un poco, pero mi mirada se clavó en un bulto bajo la sábana. Rápidamente la sujeté y la levanté.

La respiración se me detuvo de golpe y mis ojos se abrieron como platos.

— Ky... —la voz se me quebró.

Kyla estaba bajo la sábana, depositando besos en mi muslo.

Tragué saliva.

— Esto no... —susurré.

Ella alzó la mirada hacia mí. No dudó en dedicarme una sonrisa suave que hizo que mis dedos empezaran a temblar.

— Esto es solo... —intenté continuar la frase.

— ¿Un sueño? —dijo, apoyando las manos a cada lado de mi muslo y acercando su rostro al mío—. Sí... —susurró—. Sí que lo es... —sujetó mi cara con una mano.

En cuestión de segundos, sus labios se acercaron a los míos y me besó.

Era... era solo un sueño.

Fui cerrando los párpados mientras me empujaba suavemente hacia la cama. Me centré en sus caricias, en su respiración y en sus besos.

Se separó ligeramente de mis labios para empezar a besarme la mandíbula. Alcé la cabeza, dejándome llevar por el contacto. Llevé una de mis manos hacia ella, pero la sujetó para volver a dejarla sobre la cama.

Solté un quejido mientras mi cuerpo se tensaba.

Sus besos descendieron por mi cuello. Separó su mano de la mía para llevarla hasta allí.

— Ky... —dejé escapar un leve gemido.

Noté cómo dibujaba una sonrisa sobre mi piel.

Cerré los párpados mientras agarraba la sábana bajera con fuerza. Arqueé la espalda, sintiendo cómo se me erizaba la piel.

Abrí los ojos de golpe y clavé la mirada en el techo blanco. Mi pecho subía y bajaba a toda velocidad.

¿Qué acabo de soñar?

Me incorporé en la cama y me llevé una mano al pecho. La claridad inundaba toda la habitación.

— No, no... —murmuré, tapándome la cara con ambas manos.

El calor me subió al rostro.

— No me jodas... —me dejé caer de lado sobre la cama.

Pataleé varias veces el colchón.

Acababa de soñar con Kyla, y no precisamente de una forma inocente... Joder.

Apreté los labios y no pude evitar pensar otra vez en los suyos: eran suaves y daban ganas de volver a besarlos.

— ¡No! —alcé la voz, incorporándome de la cama.

Los pies descalzos tocaron el frío suelo y empecé a caminar de un lado a otro.

— Kyla es una amiga —gesticulé con las manos—. Una buena amiga —sacudí la cabeza—. Un sueño así... lo puede tener cualquiera con sus amigas... —me tapé la cara con las manos—. Raelynn... —susurré mi nombre como una plegaria—. ¿Qué haces...?

Esto no estaba bien.

Caminé a paso ligero hacia el pasillo y lo crucé sin mirar a ningún lado hasta llegar al baño.

— Buenos días, leona.

Escuché la voz de mi padre, pero no le hice caso.

Entré en el baño y cerré la puerta de un portazo. Era imposible controlar la respiración. Me apoyé en la puerta, llevándome las manos al pelo.

— Joder, Raelynn... —dije, con un deje de incredulidad—. ¿Por qué mi cabeza ha tenido que soñar eso...? —bajé las manos para taparme la cara.

Aparté las manos, decidida. Esto solo había sido un sueño, nada más.

Di varios pasos hasta colocarme frente al espejo, manteniendo la mirada fija en él.

Tenía el rostro completamente rojo; parecía un tomate andante.

— Joder... —murmuré, con la respiración entrecortada.

Me incliné y me eché agua en la cara.

Si no lo pienso, no volverá a cruzarse por mi mente.

No pensar.

No pensar...

En ese momento, unos golpecitos sonaron en la puerta.

— ¿Raelynn, estás bien? —preguntó mi padre desde el otro lado.

— Sí —alcé la voz, secándome la cara con la toalla.

Abrí la puerta rápidamente. Mi mirada fue directa al rostro de mi padre.

— Perfectamente —forcé una sonrisa—. Estoy... estoy más que bien.

Frunció el ceño.

— Me voy a... —señalé el pasillo— a mi habitación, para cambiarme y prepararme para salir a correr.

— Vale... —dio un paso atrás.

Cerré la puerta tras de mí y me dirigí a paso ligero hacia mi habitación. Me planté frente al armario y empecé a sacar ropa.

— ¿Le has preguntado a Jeroen si quiere acompañarte? —preguntó mi padre, apoyado en el marco de la puerta.

— No —me senté en la cama para ponerme los leggins negros—. Hoy estaba ocupado.

— ¿Y Kyla?

— ¡No! —lo miré rápidamente.

El silencio nos envolvió de repente.

Alzó las cejas, sorprendido.

— Me refiero... —reí, nerviosa—. Kyla tiene cosas que hacer —me puse de pie—, ya sabes, dejarlo todo listo para cuando abran el pub —me puse la camiseta en tiempo récord—. Iré sola —sonreí.

— Como quieras —se encogió de hombros.

Sujeté la chaqueta de deporte y caminé hacia la salida. Mi padre seguía mirándome sin comprender la situación. Pasé por su lado para dirigirme hacia las escaleras.

Salir a correr suele despejar bastante la mente, y es lo que necesitaba.

— Buenos días, mi niña.

Giré la cabeza hacia la entrada al comedor, de ella, salía mi madre con algunos papeles.



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En el texto hay: romance, lgtbiq, sportromance

Editado: 10.09.2026

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