Al Ritmo Del Hielo

CAPÍTULO 26

Kyla

Viernes, 28 de diciembre de 2029

Respirar.

Respirar suele ser una función tan evidente para vivir que, a veces, se olvida.

Durante el camino hasta la casa de mis padres solo hubo silencio entre nosotras. Ninguna quiso hablar. Ni siquiera nos miramos de reojo.

Mi padre nos esperaba en el porche, con las llaves del coche en la mano y la maleta de Raelynn a su lado.

Seguramente el ambiente dentro de la casa era demasiado asfixiante.

Y dentro del coche era aún peor.

Apretaba el dedo corazón, intentando concentrarme en la presión y no en los pensamientos que me cruzaban la mente.

¿Por qué todo estaba cayendo en picado?

El nudo en la garganta no dejaba de crecer.

Mi padre, con lo hablador que era, estuvo todo el trayecto hasta la casa de Raelynn en silencio. Sin música, sin la radio puesta.

Moví la pierna con rapidez.

«Relájate»

Respira.

Un sudor frío me recorrió la frente.

Alcé la mirada hacia el retrovisor del copiloto. Podía ver el reflejo de Raelynn; miraba sus manos, seguramente nerviosa.

El coche se detuvo junto a la acera, justo frente a su casa.

— Ya estamos —dijo mi padre, mirándola.

— Gracias... —respondió en voz baja mientras se desabrochaba el cinturón.

Salió del coche sin mirarme.

Bajé la mirada hacia mis manos. Esta vez, presioné la uña contra el dedo corazón.

Con fuerza. Con rabia.

Escuché cómo abría el maletero. Cómo bajaba la maleta. El sonido de las ruedas acercándose hasta la puerta del copiloto.

— Espero que te lo hayas pasado bien —comentó mi padre—. Y siento muchísimo que hayas tenido...

— No pasa nada —le cortó.

Alcé la mirada hacia ella. Estaba apoyada en la puerta. La ventanilla estaba completamente bajada y por ella entraba un ligero aire frío.

— Me... me lo he pasado bien —añadió, mostrando una leve sonrisa—. Gracias por traerme.

— Espero volver a verte en otra situación, que no sea una discusión familiar.

— Tranquilo...

Golpeó suavemente la puerta antes de mirarme.

Sabía lo que significaba esa mirada.

Y aun así... no fui capaz de sostenerla.

— Buenas noches —dijo Raelynn, dando un paso hacia atrás.

— Descansa —respondió mi padre.

Abrí la boca para intentar decir algo, pero no salió nada.

Giré la cabeza hacia la derecha, observando su figura alejarse mientras sujetaba el asa de la maleta con fuerza.

«Buenas noches, Lynnie»

Esa maldita frase nunca salió por mi boca.

— Espero volver a verla —comentó mi padre mientras arrancaba el motor.

Lo siento, Raelynn.

Apreté la mandíbula.

Lo siento muchísimo.

Me mordía el labio, intentando no sucumbir a los sollozos.

No puedo.

No así.

No contigo.

Me llevé la mano al pecho, moviéndola en círculos. Tenía que calmarme.

Pero ¿cómo me tranquilizo después de perder definitivamente el contacto con mi madre y de empujar a Raelynn lejos de mí?

Apreté más fuerte.

Como si eso fuera a arreglar algo.

Miré por la ventana.

Al reconocer el lugar, no dudé en desabrocharme el cinturón antes de que el coche se detuviera.

— Princesa...

Salí del coche a trompicones. No quería tener ninguna conversación con nadie, y menos con mi padre.

Apoyé la mano en la carrocería mientras intentaba controlar la respiración.

Respira, joder.

Cerré la puerta y me alejé del coche para acercarme al pub.

— ¡Kyla!

Me detuve en seco al escuchar la voz de mi padre.

Cerré brevemente los párpados al escuchar sus pasos acercándose.

— No tienes por qué preocuparte —dije, dándome la vuelta para mirarlo—. Estoy bien —mostré la palma de la mano.

Mi rostro seguramente estaría diciendo todo lo contrario.

— No sabía nada... —negó con la cabeza—. Si lo hubiera sabido...

Se detuvo.

— No te habría dejado tantas horas sola con tu madre —añadió.

Apreté la mandíbula.

— Perdóname —apoyó las manos en mis hombros—. Por no estar...

Bajé la mirada, apretando los puños.

— Kyla... —apretó con más fuerza.

— Estoy... —me detuve—. Estoy... bien... —dije, entrecortada.

Soltó mis hombros y dio un paso atrás.

— Cuando quieras hablar, cuando necesites cualquier cosa —dijo en voz baja—, estaré...

Asentí despacio.

Y, sin decir nada más, me di la vuelta para caminar hacia la puerta. Saqué las llaves del bolsillo con los dedos temblorosos y la abrí.

— Buenas...

Cerré la puerta tras de mí, dejándolo con la palabra en la boca.

Apoyé la espalda contra la madera.

Me llevé una mano hacia el cuello, arañándomelo.

Caí, deslizándome hasta el suelo.

«Tienes que parar»

«Tienes que volver a ser la de siempre»

Me tapé la cara con las manos mientras acercaba las rodillas al torso, haciéndome un ovillo.

Me encogí aún más.

Como si así pudiera desaparecer.

Me deslicé hacia un lado hasta sentir el frío del suelo.

El silencio del local solo se rompía por mis sollozos.




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