Al Ritmo Del Hielo

CAPÍTULO 27

Raelynn

Jueves, 10 de enero de 2030

Nunca pensé que un sentimiento pudiera controlar un cuerpo.

Y menos aún, para besar a alguien.

Ese día confirmé varias cosas... que estaba perdidamente enamorada de Kyla y que me gustaban las mujeres.

Fue un día bastante caótico.

Y lo peor de todo es que nunca me imaginé las consecuencias de ese acto.

El silencio, en ese momento, no era mi mejor aliado.

Apoyé uno de los codos en la isla de la cocina para frotarme la frente con la mano.

Bufé.

Y ya había perdido la cuenta de cuántas veces lo había hecho.

Golpeaba la uña del dedo índice contra el mármol, produciendo un sonido amortiguado.

Había quedado primera en el Nacional de patinaje, pero mi cabeza no estaba para celebraciones.

Mañana tenía que ir al aeropuerto para volar a Italia, al campeonato europeo, y después, directamente a los Alpes franceses para los Juegos Olímpicos.

Apenas tenía tiempo para intentar recomponerme.

— Leona...

¿Cómo narices iba a tener la mente centrada en patinar?

— Hija.

Unos dedos pasaron por encima de mi mano, haciendo que alzara la mirada. Mi padre estaba apoyado en la isla, ligeramente inclinado hacia mí.

— Papá... —susurré, cruzándome de brazos—. ¿Qué... pasa? —pregunté, entrecortada.

— He tenido que guardar tus antiguas medallas, las de la categoría júnior, en una caja —se llevó una aceituna a la boca—. ¿Te molesta?

— No... no —pestañeé varias veces seguidas.

— Es que no cabían —sonrió.

Me quedé mirándolo durante unos segundos.

¿Y si le cuento lo que pasó?

Observé a mi alrededor. Mi padre sujetó el hueso de la aceituna con los dedos para quitársela de la boca.

— ¿Puedo preguntarte algo? —solté, sin pensarlo demasiado.

Me miró, alzando las cejas, sorprendido.

— Cuéntame —dejó el hueso sobre una servilleta—. ¿Qué le preocupa a mi hija? —me miró un segundo más de la cuenta—. ¿Es otra "amiga"?

Me quedé callada, intentando pensar cómo decírselo.

— Una amiga... em... —me mordí el labio, desviando la mirada un instante—. No sabe si ha cometido un error...

Sentía la mirada de mi padre clavada en mí, y eso me ponía aún más nerviosa.

— ¿Y ese error es...? —alargó las palabras, esperando a que continuara.

Sin darme cuenta, empecé a toquetear el puño de la sudadera.

Qué complicado era hablar de esto con él.

— Em... —intenté hablar, pero no salió nada más de mi boca.

«Estoy súper nerviosa»

Apreté la mandíbula. Me llevé rápidamente la mano a la frente y me la froté brevemente.

— Se... besó con alguien —dije al final.

Mi padre no reaccionó enseguida.

— Vale... —se quedó un segundo pensativo— ¿Y eso qué tiene de malo?

Tragué saliva.

— Ese alguien tiene pareja —bajé la mirada hacia mis manos, apretaba la tela de la sudadera.

Silencio.

— ¿Has besado a Kyla?

Giré la cabeza bruscamente hacia la izquierda al oír la voz de mi madre. Rodeaba la isla para dejar un par de cosas junto a mi padre.

— ¿Qué? —se me escapó—. No... es una amiga —reí, nerviosa.

Nadie dijo nada.

Ni ellos.

Ni yo.

Solté el aire.

— Sí...

Me tapé la cara con las manos.

— Se había peleado con su novio —dije, alzando un poco la voz mientras los miraba.

Ambos me observaron con las cejas alzadas.

— No... no lo tenía planeado —añadí, negando con la cabeza—. Simplemente pasó.

— Así que ese entrenamiento intensivo... —mi madre hizo un gesto de comillas con los dedos— ¿era para besarte con Kyla?

— ¡No! —moví las manos con rapidez.

El calor me subió al rostro.

— No pude evitarlo...

Me incliné sobre la isla para ocultar la cara.

— Encima se apartó... —añadí—. Pero... su cara decía otra cosa... —murmuré.

— ¿Qué has dicho? —preguntó mi padre.

Me incorporé rápidamente.

— Que se apartó de mí, pero su cara decía otra cosa —respondí.

La respiración de me aceleró.

— Y no sé qué pensar —me froté la frente, frustrada—. Encima no me habla por el móvil —añadí, atropelladamente—. No sé qué hacer...

— Lo primero de todo... —comentó mi madre, rodeando la isla para colocarse a mi lado—. Es que te calmes.

Me rodeó con los brazos para abrazarme.

— ¿Qué hago? —pregunté, dejando caer las manos sobre el mármol.

— A ver... —se rascó la barbilla mi padre—. Igual... ahora mismo no es buena idea insistir.

— ¡¿La he perdido?! —solté, preocupada.

— No, no —dijo mi madre, depositando varios besos en mi cabeza.

— Lo que tienes que hacer es intentar distraerte —añadió mi padre, sujetando mi mano—. Te estás comiendo la cabeza —dijo, señalándome suavemente—. Y eso no te ayuda... ni aquí —golpeó la isla— ni en el hielo.

— Lo sé... —susurré.

Cerré lo párpados, apoyando un lado de la cabeza en mi madre.

Tenían razón.

Dejar de pensar en ella y poner la mente en blanco.

— Oye... —se cruzó de brazos—. Que en nada te pierdo un mes entero, ¿eh? Mínimo déjame ganarte una vez al ping-pong.

Sonreí, negando con la cabeza.

Lo miré.

Alzaba las cejas con curiosidad.

— La que te va a dar una paliza seré yo —dije, separándome de mi madre—. Aunque... ahora quiero pasar un rato tranquila en mi habitación.

— Vale... —apretó los labios.

Golpeé suavemente el mármol con las manos y después bajé del taburete.

— Gracias a los dos... —di un paso hacia atrás— por escucharme —me llevé una mano a la nuca.

Me quedé quieta unos segundos, asentí y me di la vuelta para caminar hacia las escaleras.

Desconectar.

La última vez que intenté desconectar no acabó muy bien.

Entré en mi habitación y cerré la puerta con cuidado. Di varios pasos hacia la cama, cogí la maleta que había sobre ella y la dejé en el suelo. Después, sin pensarlo, me dejé caer sobre las sábanas.




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