Al Ritmo Del Hielo

CAPÍTULO 28

Kyla

Viernes, 11 de enero de 2030

¿Por qué nos cuesta reconocer que necesitamos cariño en este mundo?

Queramos o no, estamos en esta vida para querer a otra persona. Puede ser una pareja, un amigo, un padre o una hermana.

Siempre será así.

Pero, cuando dos personas se cruzan en tu camino, sabes que una de ellas va a sufrir.

Desde aquel beso con Raelynn no volví a hablarle. No por miedo, sino porque no quiero herirla más. Aunque, en realidad, la que se estaba hiriendo era yo misma.

Bajé la mirada hacia la mesa. Frente a mí estaba mi móvil, con la pantalla iluminada. Mostraba la conversación con Raelynn. Me moría de ganas de felicitarla por haber quedado primera en el nacional.

Pero la pantalla siempre se bloqueaba antes.

— ¿Qué estoy haciendo...? —murmuré, frotándome la frente.

«Solo tienes que hablarle»

Me recosté en el sofá con brusquedad, llevándome las manos a la cara.

— ¿Qué coño haces...? —negué con la cabeza.

Cuanto más tiempo pase, peor será.

Raelynn le estará dando vueltas... lo que hará que no esté centrada en el patinaje. Por lo tanto, sus saltos peligran.

— Eres tonta... —me di varios golpecitos en la frente—. Tonta... tonta...

En ese preciso instante, el sonido de una notificación hizo que levantara la cabeza hacia la mesa.

Raelynn.

Me incorporé de golpe para coger el móvil.

Mis hombros se destensaron al ver que era un mensaje de Thijs.

Thijs:

¿No vienes a despedirte de Lynn?

Tienes que verla es un flan andante jajaja

Kyla:

¿Despedirme?

Thijs:

Se va rumbo a Italia y después a Francia, para los Juegos

¿No lo sabías?

Kyla:

Mierda

Me incorporé del sofá de golpe.

No podía dejarla que se fuera de esta manera.

Kyla:

Distráela

Dejé el móvil en la mesa y eché a correr hacia la habitación. Oía las notificaciones de fondo mientras buscaba la chaqueta en el armario.

Tenía que mantener la calma.

Tenía que hacer todo lo posible para que, cuando cogiera ese avión, se fuera con la mente tranquila.

Me puse la chaqueta mientras caminaba hacia el salón. Cogí el móvil y salí a paso ligero hacia la planta baja. Antes de guardármelo en el bolsillo, le eché un rápido vistazo.

Thijs:

Tardas mucho eh, cegata

Fruncí el ceño, sin entender ese mensaje.

Crucé el local. Tendí la mano para abrir la puerta. Mi mirada se quedó clavada en una moto negra que estaba aparcada justo en la acera. Sobre ella, un hombre vestido casi completamente de negro, salvo por las bambas, que eran blancas.

En cuestión de segundos, se quitó el casco, mostrándome a un Thijs despeinado.

— Ya estaba pensando que no estabas en el pub —dijo, arreglándose el pelo.

— Pe... pensaba que estabas en el aeropuerto —fruncí el ceño, acercandome a él.

— Lo estaba —afirmó—, pero hace como una hora.

— ¿Ya ha despegado el avión? —pregunté, preocupada.

Había llegado tarde.

— Aún te queda bastante para conocer a Lynn —apoyó el casco en la moto—. Cuando está nerviosa, suele llegar demasiado pronto a los sitios —sonrió.

— ¿Cuándo sale su vuelo? —pregunté, sacando el móvil del bolsillo trasero del pantalón.

— A las diez y cuarto.

Miré rápidamente la hora: las nueve y cuarto.

Muy justo.

— Llévame —lo miré, decidida.

— A sus órdenes —me tendió el casco de repuesto que llevaba colgado en uno de sus brazos.

Parecía que ya lo tenía todo planeado.

Lo agarré con rapidez para ponérmelo.

— Vas a tener que correr —dijo, poniéndose el casco.

— Lo sé.

— Ya sabes, saca esas habilidades de patinadora que tienes ocultas —añadió, con tono burlón.

— ¿Qué dices? —fruncí el ceño, sin entender nada.

Rio, enderezando la moto.

Sujeté sus hombros para subir detrás de él.

— Agárrate.

Me agarré a los laterales de la moto.

En cuestión de segundos, arrancó y salimos en dirección al aeropuerto.

«Tiene que ser fácil»

Intentar alcanzarla a tiempo antes de que coja el avión.

Aparentar tranquilidad.

Cuando claramente estoy hecha un lío.

Sonreír.

Importante.

¿Pero cómo hago todo eso con las ganas increíbles que tengo de acercarme a ella?

«Necesito hablar con Izan»

Apreté con más fuerza los laterales.

Por la mañana tenía previsto traer a la banda al pub para ensayar. Era la oportunidad que necesitaba para poder tener una conversación.

¿Y qué narices le iba a decir?

¿Que estoy pillada por otra persona?

¿Que quiero cortar con él?

No quiero hacer daño a nadie.

— Joder... —murmuré, cerrando los párpados con fuerza.

¿Cómo he llegado a esta situación?

El viento me golpeaba con fuerza, pero no conseguía que mi pulso dejara de acelerarse.

Hasta que, poco a poco, la moto fue reduciendo la velocidad.

Miré a mi alrededor. Solo podía ver el bullicio de la gente, el ruido de las ruedas de las maletas.

Demasiada gente.

— Está en la salida uno —dijo Thijs, girando ligeramente la cabeza hacia mí.

— Salida uno, vale —repetí, sujetando sus hombros para incorporarme.

— Espérate, loca —detuvo la moto en seco.

— Salida uno... —susurré, bajando de la moto—. Salida... —me quité el casco—. Uno.

— Salida uno, Se estará despidiendo de Jeroen y Mads —se quitó también el casco y clavó la mirada en mí.

— Salida uno —le tendí el casco—. Está Jeroen y Maddie.

Cuando lo cogió, me di la vuelta para salir corriendo.

— ¿Seguro que lo tienes? —alzó la voz.

— ¡Me voy a perder igual! —eché la mirada atrás—. ¡Pero la encontraré!




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.