Al rojo vivo

4- Seda y Terciopelo

Aquella mañana Silk entró a la pastelería cargando un montón de papeles.

-¿Qué es todo eso? – preguntó su amiga.

-Cuentas… necesito revisarlas.

-Es verdad , aun le debes dinero al banco y si quieres comprar las telas de Notte, necesitarás dinero. Además para ampliar el negocio tienes que aumentar la producción y por lo tanto necesitas…

-¡DINERO! – casi gimió Silk.

-Bueno, voy a buscarte algo para comer.

-Que sea mucho, no importa lo que sea mientras sea una porción grande.

-Ok.-le contestó su amiga y volvió unos minutos después con un par de platos. Se sentaron juntas sacando cuentas mientras comían el nuevo postre de Candy.

-Es genial…-lo alabó Silk.

-Gracias. Y dime, ¿ya terminaste las muestras para “Notte”?

-Sí, las terminé.

-¿Y qué dijo? ¿Te dará las telas?

-No se las enseñé aún.

-¿Por qué?

-No he tenido tiempo- le contestó .No quería confesar que lo último que tenía ganas de hacer era encontrarse con Rheet Velvet.

Le era imposible mantener su perfil profesional frente a él, la había visto casi desnuda un par de veces y además la había besado. Sin embargo necesitaba los materiales de su fábrica, así que tendría que juntar coraje e ir a verlo.

 

Silk se estiró la chaqueta negra, luego se  dio un último vistazo frente a los grandes ventanales  antes de entrar. No había nada mal con su atuendo esta vez, un traje negro, una camisa blanca. Llevaba además el cabello recogido y su imagen era totalmente impecable.

Entró dando pasos seguros mientras se aferraba a la caja que llevaba en las manos. Por suerte había mucho movimiento en el lugar, estaba lleno de gente. Y por las dudas ella llevaba un abrigo doblado bajo el brazo, tenía todo cubierto, esta vez sólo habría una tranquila charla de negocios entre ella y Velvet.

Cuando entró a la oficina, él estaba al teléfono y le hizo señas para que se sentara. Estaba serio y su tono era enérgico, parecía distinto al hombre que siempre estaba tomándole el pelo en las situaciones más inverosímiles. Casi se había olvidado de la posición de él en el mundo textil. Finalmente terminó la llamada y Rheet concentró toda su atención en ella.

-Señorita Aimes, veamos lo que ha hecho con mi seda- le dijo y para horror de Silk se acercó y se sentó en la punta del escritorio a escasos centímetros de  ella.

Los dedos de Silk temblaron imperceptiblemente al sacar las prendas, la presencia de aquel hombre la turbaba demasiado.

Él le arrebató las prendas y las examinó.

El conjunto de sostén y tanga estaban confeccionados en un fino drapeado que le daban un efecto envolvente. Rheet las contempló y esbozó una leve sonrisa.

- Son perfectas y además me traen recuerdos – dijo insinuante y enfocó los ojos verdes en ella. Inmediatamente Silk sacó una tercer prenda para distraerlo.

Era un camisón con el corpiño de terciopelo  atado delante por cintas cruzadas y la falda de seda plisada.

-Como me sobró tela…- se excusó ella y la mirada de él se detuvo en el terciopelo rojo oscuro.

-Terciopelo y seda, una combinación perfecta – musitó él y acarició la prenda con sus dedos largos. La chica sintió que el estómago se le anudaba.

-¿Entonces? – preguntó intentando mantener un tono de voz firme. Él se levantó y volvió a ocupar su lugar tras el escritorio.

-Entonces, tenemos un trato. Sus prendas son magnificas, dignas de nuestras telas. Bien, señorita , hablemos de los detalles- le dijo y la siguiente media hora hablaron sobre presupuestos y formas de pago.

Cuando todo quedó acordado Rheet la invitó al depósito a ver las nuevas telas de “Notte”. Recorrieron el lugar acompañados por un asistente que explicaba todo lo que ella quería saber sobre los tejidos. Silk sentía que estaba en el paraíso, cada tela que veía la hacía imaginar nuevos diseños.

- Quien lo diría…-comentó él por lo bajo y ella se volvió a mirarlo.

-¿Perdón?

-Quien imaginaría que es tan fácil hacerla feliz, tiene la misma expresión que un niño en el día de Navidad – comentó con una cálida mirada y ella se quedó unos segundos contemplándolo.

-¿Y qué lo hace feliz a usted? – preguntó ella.

-Ahhh, también soy bastante fácil de complacer.- contestó pero luego se quedó callado dejando que aquellas palabras flotaran en el aire.

Un instante después el asistente se alejó porque lo necesitaban para una consulta, así que se quedaron los dos haciendo el recorrido.

-¡Oh! Es piel de ángel….-exclamó ella acercándose al etéreo tejido.

-Sí, ¿pero cómo conocía el tejido? No está en el mercado aún.

- Tengo una amiga que es diseñadora y me regaló un retazo porque quería confeccionar un regalo para una amiga especial.

-La misma que le proporcionó el terciopelo, supongo.




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