Alas de Amor "La memoria de un sueño"

XV

Creo que ella se dio cuenta porque no pregunto nada más y yo no me atrevi a hacerle preguntas.

Ella y yo hicimos un acuerdo de que la visitaría todos los miércoles y domingos, los miércoles salia temprano de la escuela así que no habría de haber problema en eso, al despedirnos nos dimos la mano,  la cual la senti tan pequeña, delgada, suave y frágil; que temi hacerle daño con el apretón de manos; su mirada seguía siendo la misma, era algo impresionante. Sali de su habitación como la primera vez, con esa sensación de desconcierto pero me confortaba el hecho de que  la veria todos los miércoles y domingos futuros. Habían pasado dos semanas en las cuales llegue a visitarla y ella me informo que el lunes en la tarde le habían cambiado de enfermera con la que muy pocas veces converso, ahora era Mabel su enfermera, si era ella, mi madre; 

había sido amable, afectuosa, carñosa y sobre todo muy atenta con Harriet pero mi madre no sabía que yo la visitaba a ella, no había tenido la oportunidad de informarselo con tantas cosas en mi cabeza que ni siquiera pense en ello. Era viernes por la tarde y mamá aun no llegaba, no me preocupaba eso pero cuando llego no venia sola, pues traía a Karen como compañía la cual se sento en el sofá y me saludo.

—Hola Deívan, tenia tiempo sin verte.

—Hola, karen.

Mamá se acerco a mi ya que me encontraba haciendo proyectos de la escuela y me beso la mejilla,  me sonrío, le dije que después de que Karen se fuera yo tenia que hablar con ella, era algo importante para mi, mamá acepto. Los tres nos sentamos alrededor de la mesa y cenamos, Karen fue elocuente, simpática y un tanto graciosa al conversar.

               Me ofreci a levantar los platos y a llevarlos a la cocina para lavarlos, mamá me sonrío y Karen dio para sí misma una sonrisa malévola.

—Anda, di que aceptas Mabel.

—Ya te dije que no—respondio en voz baja.

Tal vez me encontraba a una cierta distancia pero podia escuchar todo lo que ellas decian, es algo frustrante pero dichoso el poder oir a distancia.

—Vamos Mabel, solo una vez—se recoge el cabello a un costado—él quiere salir contigo y tú no se lo permites.

—Karen ya, porfavor, entiende tengo un hijo…

—Sí, un hijo, el cual al enamorarse se ira—cogio las manos de Mabel—tiene ¿quince o dieciséis años? Bueno, está en la edad dónde los padres quedan fuera de la vida que tienen.

—No Karen, bueno eso ya lo sé pero Deívan no es igual que los demás chicos.

Mamá tenia razón, no soy igual que los demás chicos pero si quieres estar con la gente, tienes que darte la oportunidad de conocerlos y saber sus intenciones para contigo. Mamá no permitas que el dolor que dejo aquel hombre te destruya como  mujer y puedas amar nuevamente, lo lamento… ¿Papá?

—Deja que Alberto te ame… Mabel.

—Ya basta, por favor karen, ya es suficiente—dijo y fijo la mirada al piso.

—Terminé de lavar los platos—comente mientras secaba mis manos con el  trapo de cocina.

—Que bien, Deívan, Karen ya se va—se levanta de la silla.

—Claro, ya me voy, te veo mañana, adiós Deívan—mientras salia por la puerta.

Karen no se detiene ante nada para conseguir lo que quiere y como podía ver, ella había hecho quizás un trato con ese tal Alberto para  convercer a  Mabel, pero mamá no se dejaría fácilmente convencer con eso, aunque admiro sus directas de Karen, ¡La admiro!




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