Alas de Amor "La memoria de un sueño"

XX

No podia aguantar mi curiosidad y le pregunte a mamá pero ella dijo que no me revelaría nada, lo que Harriet escondía era “clasificación médica”. Me senti impotente para exigir eso, ¿Quién soy para saberlo? Ahora en la vida de Harriet no soy nadie, sólo un…, conocido más.

Días después fui a la casa de Sebastián, estaba de lo más contento, claro que después de disculparse por su comportamiento de “celos”, parece otra persona porque no deja de hablar ni cinco minutos de Clara y ¿cómo no ha de hacerlo? Si son el uno para el otro. Creó que ya no muy he de hablar con él.  Aun sigo sintiendome “imcompleto y solo”pero ¿Qué es lo que me pasa?

—¿Y cómo vas con Harriet?—se sento en el sofá—oye niño—me lanza una bola de papel—¡Deívan!

—¿Eh?—tome la bola de papel y se la regrese de la misma forma—Harriet, pués…, igual.

—Claro, novios han de ser y tú aquí diciendo no.

—Mmm, que no somos novios.

Margoth entro a la sala, acababa de llegar, según Sebastián se ha pasado fuera de casa por no sé qué. Bueno repito lo que él dice.

—Hola hermanita—se levanta para abarazarla—deja que te consienta, eres tan pequeñita, mi única hermana…, hermanita.

—Sebastián, no me empalagues con esas palabras—acepta el abrazo y me mira—.Por cierto, ¿de qué conversaban?

—¿Conversación?—la solto pero toma sus manos—¿cúal de todas?

—Sebastián, es en serio, dime.

—Bueno, esta bien, nosotros dos conversabamos de…—me mira y prosigue—…de clara, ¿de quién más, niña? Es y sera un amor único.

—Claro, siempre y cuándo no andes de…—se abstuvo.

—M.U.J.E.R.I.E.G.O—deletríe, más no sonreí—creó que era eso lo que querias decir, bueno lo supuse nada más.

—Gracias por hundirme,  amigo—dijo riendo a carcajadas—como me lástiman con esas palabras hirientes—repuso con tono trágico y de ademanes dramáticos.

Hay momentos en los cuales Sebastián no se  toma en serio las cosas. Pero no lo había dicho para molestarlo o porque lo podría hacer sino porque es mujeriego, creó que ahora estará más sujeto con la ayuda de Clara. Los tiempos se remontan igual. Margoth seguia comportandose de manera extraña, llegaba a la casa y pasaba como si no existieramos,  bueno como si yo no existiera, la actitud que algunas veces presentaba era caprichosa, enojo repentino, egoísmo, seriedad excesiva y falta de atención; tanto en la casa como fuera de ella. Tengo recuerdos vagos de cuando era una niña y tan solo le llevo tres años pero siempre fue una niña traviesa, aplicada, sonriente y muy bonita pero tiempo después todo cambio, casi ya no hablaba con Sebastián o conmigo y sus padres decidieron enviarla a un colegio, dónde vive la abuela paterna de ambos, durante…, bueno no recuerdo que tanto tiempo se fue pero luego repentinamente ella esta aquí casi al mismo tiempo en que fui al festival del hospital y me extraña que Sebastián no me lo haya informado.

Ya estamos en el mes de agosto, en la tercera semana, en el día veintiuno, Harriet se ha puesto más hermosa de lo que era antes, yo dije que no me gustaba el físico pero bien, algo extaño me ha sucedido, casi no puedo hablar bien con ella, estoy tartamudeando y temo equivocarme, ella se sonroja demaciado rápido y evita mirarme fijamente.

Mi madre por su parte a estado saliendo con Alberto y creó que ellos se aman profundamente pero creen que reaccionaré de una forma inadecuada y creen que dire “no” a eso, (recordandome a mi mismo, que fui yo quién le dio el visto bueno desde aquella visita de karen a la casa), pero si mi madre es feliz con él, lo permitire al fin y al cabo ¿qué pasaría sí yo llegasé a faltar…,  algún día?

Ella dice que aún me falta mucho por vivir pero yo no le he mencionado nada de mis dolores repentinos, aquellos que algunas veces me da, por lo mismo que no quiero preocuparla. ¡Qué tal y solo es un malestar, cómo una gripe!

 




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