Alas de Amor "La memoria de un sueño"

XXXVII

***

—¿Dónde esta?—pregunta inquieta y nadie de nosotros puede calmarla—¿Dónde esta Deívan? —es una madre que teme por la vida de su hijo.

—Calmate, Mabel—escucho que le dice Karen, pero ella no quiere estar calmada, ella quiere verlo a él —esperaremos al doctor.

—No quiero esperar—ella me mira y se apróxima a mi a grandes zancadas—Sebastián, dime, por favor.

—Lo siento señora Mabel, no sabemos nada, solo me llamaron y el doctor no ha salido del quirófano.

—Dios…—se lleva la mano a la boca y ocurre lo inevitble,  rompe en llanto, Karen y yo tenemos que sujetarla, para que no caiga al suelo—mi bebé…, mi niñó… Deívan.

Mi madre llega con mi padre y nos ayudan, Margot llora en silencio.

Esperamos en la sala de espera por quién sabe cuánto tiempo, y llega Alberto, y como puede consuela a Mabel, hace frío, mucho frío, el doctor sale al fin y pregunta por los familiares de Deívan.

—Yo soy su mamá ¿Cómo esta él?

—El accidente le fracturo la pierna izquierda, la hemos enyesado…

—Pero se recuperará  ¿verdad?—pregunta Karen.

—No sabría decirle…

—¿Por qué lo dice? —le pregunto impaciente.

—Doctor, diganos la verdad—inquiere Alberto

—Ha caído en coma—el doctor se remoja los labios con su lengua, como sí eso que dijo no fuero lo más feo—no sabemos cuando vaya a despertar. Lo siento mucho. Disculpenme—dice y se retira.

 Me quedo boquiabierto y creó que no soy el único, Margot, mi madre y mi padre, se miran entre sí y luego a Mabel, yo también la veo y sus ojos se llenan de lagrimas y llora sin tapujos, Karen trata de consolarla y Alberto le suelta un golpe a la pared,  pero es inútil. Todo es inútil.




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