Cuando llegué a la Costa Atlántica, una de las cosas más difíciles que tuve que enfrentar fue la soledad.
Había dejado atrás mi tierra, mis costumbres, muchos de mis seres queridos y gran parte de las personas que habían formado parte de mi vida durante años. Aunque estaba decidida a salir adelante, no podía negar que había momentos en los que extrañaba profundamente la cercanía de quienes me conocían desde siempre.
Comenzar de nuevo no es fácil.
Hay días en los que las personas se sienten rodeadas de gente y aun así experimentan una profunda sensación de soledad. Yo viví muchos de esos momentos. Mientras intentaba adaptarme a una nueva ciudad, construir una nueva vida y enfrentar los desafíos que se presentaban cada día, también necesitaba encontrar personas con quienes compartir el camino.
Y fue entonces cuando Dios volvió a sorprenderme.
En medio de aquella nueva etapa conocí a una mujer maravillosa que, sin saberlo, se convertiría en una bendición para mi vida. A través de ella comenzaron a llegar otras mujeres extraordinarias, cada una con su propia historia, sus luchas, sus sueños y sus experiencias.
Lo que comenzó como encuentros ocasionales fue transformándose poco a poco en una amistad sincera y profunda.
Con el tiempo formamos un grupo muy especial al que llamamos cariñosamente "Las Chicas Poly".
Quizás ninguna de nosotras imaginó que aquella amistad llegaría a ser tan importante. Sin embargo, Dios tenía preparado algo mucho más grande de lo que podíamos ver en aquel momento.
Las Chicas Poly no eran solamente un grupo de amigas.
Se convirtieron en compañeras de vida.
En confidentes.
En apoyo emocional.
En refugio durante los momentos difíciles.
Con ellas aprendí que la amistad verdadera es uno de los regalos más hermosos que Dios puede poner en nuestro camino.
Juntas compartimos innumerables momentos.
Celebramos triunfos.
Acompañamos lágrimas.
Compartimos preocupaciones.
Nos apoyamos en las dificultades.
Reímos hasta que el cansancio desaparecía y lloramos cuando alguna de nosotras necesitaba desahogar el alma.
Cada una aportó algo valioso a mi vida.
Sus palabras de ánimo llegaron cuando más las necesitaba.
Sus consejos me ayudaron a tomar decisiones importantes.
Su compañía alivió muchas de las cargas que llevaba sobre mis hombros.
En más de una ocasión fueron la respuesta de Dios a mis oraciones.
Porque a veces Dios no responde enviando milagros extraordinarios.
A veces responde enviando personas extraordinarias.
Y ellas fueron exactamente eso.
Personas que llegaron para recordarme que nunca estaba sola.
Personas que me enseñaron que la amistad verdadera no depende del tiempo que se conozca a alguien, sino de la sinceridad con la que se construyen los lazos del corazón.
Con los años compartimos celebraciones familiares, cumpleaños, reuniones, proyectos y experiencias que fueron fortaleciendo aún más nuestra amistad.
Nos acompañamos en momentos de alegría y también en circunstancias difíciles.
Estuvimos presentes cuando alguna necesitó apoyo.
Nos convertimos en una red de amor, solidaridad y fortaleza.
Poco a poco dejamos de ser solamente amigas.
Nos convertimos en hermanas elegidas por la vida.
Una familia construida no por la sangre, sino por el cariño, el respeto y la lealtad.
Hoy, cuando miro hacia atrás y recuerdo todo lo vivido desde mi llegada a Barranquilla, entiendo que Las Chicas Poly forman parte fundamental de mi historia.
Ellas estuvieron presentes durante momentos importantes de mi crecimiento personal y profesional.
Fueron testigos de mis luchas, de mis logros, de mis preocupaciones y de mis sueños.
Y en cada etapa me ofrecieron algo invaluable: su amistad sincera.
Por eso siempre las consideraré uno de los regalos más hermosos que Dios me permitió encontrar en la Costa Atlántica.
Porque cuando llegué a esta tierra buscando comenzar de nuevo, no solamente encontré una ciudad donde reconstruir mi vida.
También encontré mujeres maravillosas que se convirtieron en hermanas para el alma.
Y comprendí que Dios nunca deja vacíos los caminos de quienes confían en Él.
Siempre coloca personas especiales para acompañarnos en el viaje.
Las Chicas Poly fueron, y continúan siendo, una de esas bendiciones que llegaron para quedarse en mi corazón.
Son parte de la historia de La Mariposa.
Y también son parte de las alas que me ayudaron a seguir volando.
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Editado: 22.06.2026