Alas de sangre

capitulo 6 (sin corregir)

la paciente numero vintisiete presenta una reparacion de emergencia de jinete anonimo.

una vez estavilizada hemos intentado contactar con sus familiares, al no recivir repuesta,

se ha activado el protocolo de cuidado al menor de edad.

informe anonimo.

La cuerda me aprieta las muñecas contra la espalda, otra me retine los tobillos. Llevo así desde media noche, ahora por lómenos la luz se cuela entre las paredes de la tienda, aunque la tierra sigue igual de húmeda.

--llevamos toda la noche. –dice la jinete que me aplaco, la cual está de pies frente a mí, su piel es como el carbón y tiene la cabeza rapada.

--que no te des a razones no es mi problema, ya te dicho que esa dragona y yo no tenemos ningún vínculo. Solo la he curado.

--entonces, ¿porque viajas con ella?

--no sé, prueba a llevar la contraria a un dragón y me cuentas.

los pasos de los soldados es el único sonido en esta tienda, no se dónde están sus dos compañeros, pero según mis recuerdos tienen mi mochila. Nos quedamos mirándonos ella desde arriba, yo desde el suelo.

La tienda en cuestión está hecha de una tela amarillenta por el paso de los años puedes estar de pies entro de ella con el techo a dos aguas y las paredes rectas tendrá unos tres metros de ancho y siete de largo, dentro de la tienda no hay nada que no seamos nosotras, las telas que hacen de puertas están cerradas causando que haga un horrible bochorno, el sudor me escurre por la espalda.

--según lo que pone en tu documentación eres curandera. –hay vamos de nuevo, es la tercera vez que me dice esto. –y por los diarios encontrados perece que estas en una investigación, pero a ningún jinete o soldado ha sido informado de este viaje.

--¿Qué coño eres?, una puta pared, porque ya te he dicho que no estoy en ninguna investigación. Que me encontré al dragón de camino a casa.

A su mascara de impasibilidad le salta un tic en el ojo, la falta de sueño también afecta a la paciencia. Una figura humanoide tras las puertas de tela que tiene a sus espaldas se hace cada vez más grande.

--Dar, vengo a cambiarte el turno y la traigo comida. –dice una voz grave.

Un hombre que perfectamente me pude sacar cabeza y media entra justo antes que Dar salga. su piel morena y pelo de un rubio sucio tienen una fina capa de sudor, la cola de un dragón naranja asoma por su cuello de su uniforme.

--¿ya es la hora de comer? –pregunto mientras me desata las muñecas. –se me ha pasado rápido el tiempo.

El parece sordo a mis palabras, solo me ofrece el cuenco de gachas, sin ninguna cuchara. Voy comiéndome la insípida papilla bajo su atenta mirada, su cuerpo espera a la mínima señal de fuga, dejo el cuenco en el suelo al acabar y levanto las muñecas para que me las ate, el tuerce el gesto sorprendido, pero vuelve a poner la cuerda.

--pronto vendrá nuestro compañero para comprobar tus papales. –hay un timbre tranquilizador en sus palabras. –asique ten un poco de paciencia.

--no os fiais de mí. --Él sonríe y asiente.

--te recomiendo descansar, puede que las cosas se tuerzan cuando venga.

Apoyo los brazos obre las rodillas y suspiro. tenemos el tiempo en contra, no podemos entretenernos, estamos a seis días de viaje y estoy segura de que estos jinetes no estarán por la labor de llevarnos volando.

Miro al hombre esta de brazos cruzados, el aura magenta que emite su sello la cual se esparce por toda su maraca esta se limita a la zona del cuello y pectoral derecho. No está activo, no sé de lo que es capad de hacer.

--¿Cómo de lejos esta? –yo le miro confundida. –me refiero tu hogar.

--es un pueblo de la frontera, de la provincia de Tyrrendor. –recito. –quizás te suene su nombre, Alge.

Su expresión cambia completamente, como si de lo más profundo de su memoria hubiera resurgido un recuerdo.

--no hubo un ataque de grifo en esa zona, ara unos … --guarda un momento de silencio. –cuatro años más o menos. Parte de las víctimas fueron trasladadas a Basgiath, yo estaba en tercero cuando ocurrió.

--yo fui una de las trasladadas. –los ojos del hombre se abren, su expectación aumenta por momentos. –cómo no lograron localizar a mi familia, me instruyeron como curandera. Por eso quiero volver a casa, para saber que ocurrió con mis padres.

--¿Cuántos años tenías?

--diez y siete, lo sobreviví de milagro.

Durante un momento se calla y puedo ver como aprieta los puños, pese a no cambiar su expresión serena.

--me pareces increíble, –el me mira a los ojos. –para mi sería imposible pasar cuatro años sin saber donde esta mi familia, me volvería loco.

Una sonrisa brota de mis labios, es agradable que te consuelen un poco incluso en esta situación.

La luz del día ya se ha ido y la penumbra de la noche ha consumido la tienda. El otro jinete a convencido ha Dar para que me desatasen, aunque no puedo salir de la tienda como condición.

Aun Dragona no se ha puesto en contacto con migo, creo que tiene algo que ver con que nuestras auras se desaten cuando nos separamos unos metros. El aura de la tienda de un color verde pastel me oculta el reto del mundo, si bien se filtra el naranja de las personas mi visión no suficientemente fuerte para que no sean más que fugaces destellos.

Los pasos de los soldados parecen coordinarse junto al crujir de los grillos, hay una extraña calma que reina en todo y ahora solo puedo pensar en una cosa ¿abra alguna manera de irse sin que Dragona sede cuenta? La he cogido cariño lo admito, pero no quiero ser jinete. Yo quiero volver a casa.

Una persona que porta una luz mágica se acerca a la tienda, reconozco la silueta en la tela. Es Dar.

--oye, ¿te apetece cenar? –pregunta mientras cruza la puerta. Yo asiento –sígueme.

--¿pero no se supone que soy una prisionera?

--hay una unidad rasa que afirma conocerte, quiero comprobar si es cierto.

Tras pasar un día dentro de ese horno de tela es agradable sentir el frescor de la noche. La sigo entre el laberinto de tiendas de campaña y soldados junto a hogueras con calderos en ellas.



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En el texto hay: dragones, dragones fantasia aventuras

Editado: 05.07.2026

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