consigueme el acceso a la forja, cueste lo que cueste.
fragmento de la corresporencia entre Xaden Riorson y Plumelia Ute.
--¡as tratado lo tuyo! –dice el sodado a Elpo.
Su uniforme azul no lo distinguiría de otros soldados, solo que él no porta una espada. Un arco cuelga de su espalda junto a unas flechas, las cuales deja a un lado antes de sentarse frente a mí.
--¿reconoces a esta curandera? –Dar no puede disimular su tono ansioso.
-- si, --afirma con una sonrisa. – es Plumelia Ute. Es la curandera más joven de su promoción. Nos conocimos en una práctica de navegación terrestre hará unos dos años, después de eso no paramos de coincidir.
--te herias para verme en mis turnos, no mientas. –yo no puedo sonreír. Soy incapaz. –a sabiendas de que era menor de edad.
A Dar se le abren los ojos como platos y el otro jinete entrecierra la mirada mientras acerca la mano a una de sus dagas.
--tenías casi los veinte, no exageres. –comenta mientras se cruza de brazos.
--eso no justifica nada. –digo mientras me levanto, Dar hace lo mismo. –no tengo ganas de soportarte más, –me giro para hablarla. –llévame a la tienda.
Ella le lanza una mirada a su compañero, este asiente. Me agarra del brazo y comenzamos a andar, Elpo se pone en pie de un salto y en un parpadeo nos corta el paso.
--no huyas. –ordena. --Aun nos quedan cosas de que hablar.
--Apártate, soldado. –dice Dar –solo tenías que reconocerla.
Ella lo aparta empujando su pecho y tira de mi para comenzar a andar. Nos alejamos a paso rápido, yo con la sensación de que aún me observa.
vamos a otro lugar más alegado que la tienda, en el camino veo soldados brindado o cantando viejas canciones mientras esperan a que la comida se haga en las hogueras. Salimos de esa burbuja de luces anaranjadas y sombras alargadas para entrar en filas eternas de tiendas vacías, la luz de la luna ilumina de tal manera que parezca un mundo de azules y grises opuesto de nuestro punto de salida.
Algunas tiendas están abiertas y dejan ver los materiales que guardan otras están simplemente vacías.
--¿A dónde vamos?
--a por tu mochila. –contesta sin mirarme. –Dici, mi dragón, ya se esta disculpando por lo ocurrido con tu “compañera” de viaje. Mañana a primera hora vendrá mi compañera con la confirmación.
Junto las cejas y me detengo, si a primera hora de mañana vendrá su compañera, ¿Por qué me han hecho venir?
Ella se gira para mirarme y suspira.
-- siendo sincera no me fio un pelo de ti, solo los primeros seis consiguieron establecer un contacto con un dragón por si mismos y ahora apareces tu con uno nunca visto. Puede que otros se crean lo de que la curaste, pero yo no. –hace una pausa para relajarse. –por eso te traje cuando él te menciono, necesitaba saber si era cierto.
--comprendo. – susurro, ¿Qué más la puedo decir?
Continuamos en silencio, sin estar agarradas del brazo. Al llegar a una determinada tienda Dar entra y a los pocos segundos sale con mi mochila.
--mi compañera tiene tu documentación. –informa mientras me pongo la mochila. –si sigues por esta fila de tiendas llegas a donde están los dragones.
--¿Dónde voy a pasar la noche?
--ese ya no es mi problema, solo recuerda recoger tu documentación antes de irte mañana.
Ella me da la espalda y se aleja desapareciendo en la penumbra. Aprieto las manos entro a las mangas de la mochila y retomo la marcha. La fila de tiendas se me hace eterna, aunque al final puedo ver una pradera a la cual nunca término de acércame.
Tras una eternidad consigo salir del laberinto de tela, quedando entre hierva alta la cual se sacude como olas cuando los dorados hilos del viento la acaricia. Tubada a unos metros duerme dragona, con grandes zancadas me acerco, ella alza la cabeza cuando estoy a su lado.
--¿nos vamos? –pregunto con un bostezo.
--mañana.
me quito la mochila de la espalda y la dejo a su lado, para mi sorpresa ella levanta el ala buena.
--no saques el saco, yo te cubro.
--esto es raro. –digo mientras me apoyo en su lomo. –eres mas cómoda de lo que esperaba.
Ella expira con fuerza sacando una apestosa nube, mientras baja el ala cubriéndome.
--descansa.