esta noche despues de la trecera campanada te espero en el biejo arbol al lado del rio,
no me falles. Señorita curandera.
Nota de Uda Net.
Alguien me levanta por los hombros y pasa uno de mis brazos por detrás de su cuello, el enderezarme es como si brasas candentes se pegaran a mi torso. Cia hace lo mismo por el otro lado.
--tiene que verte un reparador. –dice Date mientras salimos del gimnasio. –estas respirando demasiado rápido.
--habitación. –pido entre jadeos, ellas me miran asustadas. –confiad.
En el cruce del pasillo cambian de dirección hacia los barracones, prácticamente me arrastran porque soy incapaz de mover un musculo.
Las puertas se abren con una patada de Cia, el golpe de estas contra las paredes hace eco en la estancia bacia.
--Cia, buscar. Curandera. Naradimun pin. –inspiro con fuerza para tratar de retener aire. –medicina. Plumelia.
Ella sainete y antes de irse le da mi daga a Date, está la enfunda en su cinturón antes de entrar. Avanzamos a paso rápido hasta mi litera, con cuidado me apoya en mi cama.
--cierra. Puerta. –pido mientras me incorporo para sentarme.
Mientras se aleja yo voy desabotonando la camisa, pero soy prácticamente incapaz. Date vine a ayudarme con pasos apresurados.
--apenas nos conocemos y ya te estoy desnudando. –bromea para quitarle tensión al ambiente. Mientras abre botones su sonrisa se reduce y entrecierra sus ojos tratando de comprender. --¿Qué es esto?
Tengo la camisa totalmente abierta, está la dejo deslizarse por mis brazos. La luz de las luces mágicas ilumina un corse ortopédico, este está echo de varillas de metal, que me mantienen recta, recubiertas con tela de cuero reforzado, que cubre toda mi espalda. Cosido a los lates de ese mismo cuero dos cintas que me cubren todo el abdomen, están juntas gracias tres filas de corchetes como dos correas que los cierran y terminan de fijar en su sitio el corse.
En los hombros correas que nacen en la parte de arriba de estos, pasan por delate de nuevo se cruzan por la espalda y finalmente se fijan en unas hebillas en los laterales. Lo único que el corse no me cubre es el pecho que esta sostenido por una pechera.
--sabes. Quitar. –ni siquiera puedo entonar correctamente.
Ella analiza el corse y segundos después asiente, quita las correas de mi abdomen y luego abre los corchetes. Una sensación de amplitud hace que expire con más calma, al no hacerme tanta presión me duele menos.
Hago un esfuerzo por quitármelo, lo dejo en el suelo y me pongo las mangas de la camisa. Date ha dejado una mano a medio camino de tocarme, tiembla suspendida en el aire, sus ojos no creen lo que ven.
Cuando inspiro la carne donde no tengo costillas se hunde y se expande al expirar, levanto su rostro para que me mire.
-- botiquín. –si bien jadeo al hablar, ya respiro más despacio. –por. favor.
Ella tarda uno momentos en procesar la petición, finalmente asiente y me entrega la bandolera. El apoyo en las piernas para abrirla, extraigo un frasco del tamaño de un palmo y le quito el tapón de corcho.
Me bebo el contenido de una sentada, la amargura del sedante hace que contraiga el rostro mientras trago. Esta cantidad tumbaría a una persona en quince minutos, pero mi tolerancia con estos medicamentos ha aumentado tanto que apenas será como tener algo de sueño. Hasta que no venga Cia no seré capad de poder recuperar la normalidad.
--gracias. –pronuncio entre bocanadas de aire.
Date asiente mientras me retira el botiquín y se sienta en la litera que tiene detrás, estamos tan cerca una de la otra que nuestras rodillas se rozan.
--cuando nos conocimos –susurra mientras no separa la vista de mi toroso. --¿pude haberte hecho esto?
--la. Posibilidad. Estaba. hay. –consigo pronunciar.
Ella asiente, baja de nuevo la vista a mi toroso de manera más disimulada. Su aura parpadea indecisa quiere decir algo, pero no sabe cómo. Mientras espero a que formule su pregunta me voy abotonado la camisa, cuando llego al penúltimo botón carraspea.
--¿Cómo te lo hiciste? –Date tiene un tono calculado.
Termino de pasar el último botón por su agujero en un silencio demasiado denso, al terminar apoyo las manos sobre mi regazo.
--Grifo. Atrapo. Uñas. Clavaron. No. Recuerdo. Mas. --Ella asiente antes de girarse para mirar la puerta.
podemos oír como unos pasos se acercan apresurados, el eco de estos resuena por los pasillos. Ella vuelve a enfundar la daga en mi cinturón antes de levantarse con cautela, su mano vendada se aprieta en un puño preparado para atacar a quien venga.
--¡Plumelia! –Cia ha vuelto a entrar dando una patada a las puertas. –tengo tu medicina.
Date deja caer los hombros con un suspiro y se sienta de nuevo pero esta vez a mi lado, pegando su cuerpo al mio. Cia se acerca jadeante y me entrega un bote de cristal negro, es tan grande como un dedo. Lo destapono para bebérmelo de un trago, es insípido, pero de textura densa.
--gracias. –hablo mientras respiro mas despacio, ya no me duele.