Lyssane
—Definitivamente... estás loca —afirmó Elian, diciendo en voz alta lo que yo ya sabía.
—Sorprendente, ¿no? —le respondí.
El humano apretó los labios y comenzó a girar la cabeza con los ojos muy abiertos en distintas direcciones. Lo hacía tan rápido que sentía que en cualquier momento podría romperse el cuello... y quizá hasta salírsele los ojos.
Hmmm.
—Esto da miedo... —respondió mucho más paralizado—. ¿Y si hace erupción esta cosa?
Hice un ademán con la mano para que se relajara.
—No pasará nada... solo que nos quememos.
Abrió los ojos aún más y su color de piel cambio a uno más claro.
—¿Eso no te preocupa?
—¿Por qué lo haría? —respondí con confusión. No tenía sentido su pregunta.
—Porque... —movió ambas manos exageradamente— pues nos podrían quedar marca de por vida o podríamos incluso morir.
Fruncí el ceño.
—¿Cuáles marcas?
Parpadeó y cruzó loa brazos.
—De quemaduras.
Ladeé la cabeza.
¿Era posible que una quemadura te dejara marcas?
Cada vez me sorprendían más las cosas de los humanos: sus viviendas unas encimas de otras, monstruos metálicos que corren, luces que parecen magia, humanos pájaro... y ahora marcas por quemaduras.
Le hice la pregunta obvia, y seguramente tonta para su cabecita humana:
—¿A ustedes les deja marca una quemadura?
Me miro con el ceño fruncido.
—¿Ustedes no? —respondió con otra pregunta.
—Noup —negué—. En mi mundo no nos quedan marcas de quemaduras. Se cae poco a poco esa piel fea hasta restablecerse y recuperar su forma original. Más bien, las únicas marcas; por así llamarlas, que existen aquí son los tatuajes de nacimiento, pero solo los tienen determinadas criaturas de ciertos elementos.
Asintió con la cabeza como si entendiera lo que le explicaba.
—Sorprendente —extendió los brazos señalando la lava—. Pero.. ¿no se supone que la lava es magma? ¿Qué tiene que ver con el reino del fuego?
Dejé de aletear y me coloqué a su altura. Por fin podía alcanzarlo, ya que se había reducido su tamaño gracias a la transformación. Aproveché para colocar mi mano sobre su hombro.
—Es una fuente de energía.
—¿Fuente de energía?
—La lava es una fuente de energía para las criaturas de los cuatro elementos, o especialmente para los del fuego. Al ser algo tan caliente en el planeta Tierra, ayuda a regeneraciones mágicas para quienes saben usarla, como los Ignis —seguí al ver su expresión de completa confusión—. Son espíritus del fuego; necesitan mucha de esta energía para mantenerse fuertes. Aunque también puede ser algo malo para quienes incumplen ciertas reglas del reino... pero eso no creo que necesites saberlo, ya que es demasiado doloroso y trágico.
Elian asintió lentamente, aunque su expresión seguía mostrando que no entendía del todo. Miró alrededor otra vez, observando la lava burbujear y el humo elevarse desde las grietas.
—Fuente de energía... ¿qué otra novedad hay? —Se rascó la cabeza mientras seguía mirando el lugar con desconfianza— Porque, a ver... ¿cómo se supone que uno conozca el reino del fuego sin que el fuego lo queme?
Giró la cabeza hacia mí, entre curiosos y preocupado.
—¿O qué? ¿Viven en mini casa de fuego o algo así?
Alce una ceja y solté una risa, por la imagen que acababa de crear en mi cabeza por las casas de fuego.
—No exactamente.
—¿Entonces? —insistió—. Porque si la bienvenida incluye quemarse vivo, creo que voy a reprobar este tour mágico bastante rápido.
Solté una pequeña risa y señalé el suelo de roca oscura que se extendía alrededor del cráter.
—El fuego no es solo destrucción, humano pájaro. También es calor, energía y vida para muchas criaturas. El reino del fuego no está hecho solo se llamas... aunque, claro, hay lugares donde ni tú ni yo podríamos estar sin terminar convertidos en ceniza.
Elian tragó saliva-.
—Cada vez suena menos seguro este paseo.
—No te preocupes —dije al notar cómo miraba la lava como si en cualquier momento fuese a saltarle encima No vamos a entrar en la lava, ni siquiera se usarla a mi favor. Por eso te mencione, que es para quienes saben.
Exhaló y se pasó una mano por el cabello.
—Ah, bueno... eso ya suena mucho más razonable.
—Además —continué—, hay algo que quiero mostrarte.
—¿Qué cosa?
Sonreí un poco.
—Los dragones.
Elian se quedó completamente paralizado. Parpadeó una vez... y luego otra.
—¿Dragones? —repitió lentamente.
—Sí, dragones —respondí—. Algunos viven cerca de los volcanes, otros muy en el fondo de ellos y muchos más en cuevas que se forman entre las rocas calientes. Les gusta el calor y la energía que sale de la lava.
Volvió a mirar el cráter, luego a mí, y otra vez al cráter.
—A ver si entendí... —dijo, señalando el volcán—. ¿Me trajiste al reino del fuego para ver dragones que viven cerca de volcanes?
—No solo eso.
Se quedó en silencio unos segundos.
—Esto definitivamente no estaba en mi lista de cosas que haría un sábado por la madrugada.
Ignoré su comentario. Di un pequeño impulso con mis alas y me elevé unos centímetros del suelo, flotando frente a él.
—Vamos —le indiqué con la mano—. Sígueme.
Elian me miró... luego miró mis alas... y después volvió a mirarme a mí.
—Lyssane... pequeño detalle —dijo señalándose—. Yo no vuelo.
Parpadeé.
—¿Cómo que no?
—Pues... como lo oyes —se encogió de hombros—. No sé cómo hacerlo.
Fruncí el ceño y lo observé mejor. Era cierto que la transformación había reducido su tamaño y le había dado alas, pero nunca se me había ocurrido que no sabría usarlas.
Eso era un problema. Y bastante grande.
Jamás en mi vida le había enseñado a alguien a volar. Ni siquiera sabía por dónde empezar.
Hmmm. Me crucé de brazos mientras levitaba frente a él, esto podría complicar un poco las cosas y hacernos perder tiempo valioso para todo lo que quería mostrarle. Sería mucho más complicado en el reino del aire si no podía volar.