Alas Negras

TRIPLE HOMICIDIO

APARTAMENTO DE SAID MAJEWSKI
Tal y como habían quedado, Said Majewski y Khaled Hafez se reunieron en su propio apartamento. Y si bien ambos habían pospuesto una conversación importante en mucho tiempo, los motivos del encuentro en esos instantes eran otros.
— ¿Cómo te sientes?
— Mal —contestó a secas—
— No esperaba otra respuesta, pero de lo que quiero hablarte requiere que estés bien, al menos un poco.
Said Majewski respiró Profundo. Khaleb Hafez tomó asiento.
— ¿De qué se trata?
— Ayer intentaron tenderle una trampa a Karîm.
— ¿Algo sé al respecto, Khaled. Saliendo del hospital, llegó mi hija Aurorita únicamente para encarar a su hermana Isabella. Incluso la abofeteó diciendo cosas realmente terribles. Necesito que me digas todo lo que sabes al respecto. Estuve varios días en la UCI y ahora todos pretenden ocultarme cosas para que no recaiga. ¿Es verdad que Julius Tarantino es un agente encubierto? ¿Fue el quien intentó tenderle una trampa a mi hijo?
— En parte…
— Explícame
— Me enteré de todo porque fue precisamente Isabella quien me buscó. Contigo en el hospital no tenía otra persona a quien acudir. Desconozco la versión de que Julius Tarantino sea en realidad un agente encubierto. Tengo mis dudas porque han sucedido cosas en las últimas horas. Lo más probable es que el hombre haya sido amenazado o chantajeado de alguna manera para que se volviera un informante de la FGF. Isabella quería recuperar a su hija, y el único que conocía el paradero de Wieber quien se llevó a Paulita, era Karîm, por lo que al día siguiente de la boda, Tarantino y tu hija fueron hasta Herdecke con una orden policial para allanar la mansión. Posteriormente, en vista de que no encontraron a quienes buscaban, se llevaron a Karîm hasta la unidad fiscal para interrogarlo, y la cuestión es que a partir de ahí, ni Tarantino ni Isabella tenían ya control de la situación porque todo aquello se trataba en realidad de un plan de la Fiscalía General Federal.
— ¿La FGF? Tengo entendido que Lutič forma parte de la Fiscalía de Land (Regional). ¿Acaso ese sujeto tiene pruebas o indicios de alguna cosa para detener a mi hijo?
— Said —dijo el hombre acercándose a su amigo, intentando quizás vanamente no hacerle entrar en pánico— La Fiscalía de Land ya no está a cargo de las investigaciones que llevan a cabo. La FGF apartó a Lutič. Consideraron que ante la presencia de organizaciones criminales extranjeras, la Fiscalía General Federal debía tomar cartas en el asunto por la seguridad Nacional.
Said Majewski quien no lograba dar crédito a semejante relato, negó con la cabeza. Sin duda alguna era el absurdo más grande que había oído en mucho tiempo.
— Organizaciones criminales extranjeras han existido desde siempre, pero resulta que ahora les importa. He intentado huir de ellos toda mi vida. Poseen tentáculos en toda Europa.
— Imagino que ante los escándalos de apañamientos y corrupción que involucran a las altas esferas de la justicia, desean fingir un correcto desempeño. En la unidad fiscal —continúo Khaleb con su relato— permitieron que Isabella ingresara para conversar con su hermano. Karîm le prometió que conversarían mejor en la casa y que le diría acerca del paradero de Paulita, pero esa chica enceguecida por su enojo, en lugar de aceptar, dejó a Karîm a merced de esas personas, y Tarantino quien era incapaz de mover un solo dedo debido a su acuerdo con la FGF, quedó a la deriva como un traidor infiltrado en la familia. Durmieron a Karîm, no sin antes hacerle creer que lo encerrarían en una clínica psiquiátrica. Lo trasladaron hasta la cabaña de un picadero donde lo utilizarían como carnada para capturar a Voronyi Klynch.
Horrorizado ante todo lo que estaba escuchando, Said Majewski por momentos se sentía desvanecer. La rabia e impotencia se apoderaron de sus sentidos, pues fuerzas ya no le quedaban para proteger a su hijo.
— Said, él se encuentra bien. Afortunadamente, tiene guardias muy competentes a su alrededor. Yo hubiese ido para allá, pero ese imbécil de Tarantino nos dio la dirección de un picadero que no correspondía.
Said Majewski ya ni siquiera era capaz de pronunciar media palabra, y solo el hecho de saber que su hijo se encontraba bien era lo único que lo tranquilizaba.
— Al menos hay una buena noticia. En una rueda de prensa, el Fiscal General Federal acaba de anunciar que el grupo de Voronyi Klynch que se había instalado en la ciudad, fue completamente neutralizado. Eso significa que por la razón que sea que hayan estado tras los pasos de Karîm, se acabó.
— Si tan solo ese muchacho hubiese sido consciente de sus actos, aquellos peligrosos criminales no habrían venido hasta aquí rastreando sus pasos. Mi hijo me odia tanto, Khaleb, que no le importa atraer a todos los enemigos de los cuales lo protegí todos estos años.
— Disculpe, señor —irrumpió uno de sus guardias que habitualmente lo acompañaba— Uno de los guardias acaba de comunicarme una noticia —prosiguió observando de reojos a Khaleb—
— ¿De qué se trata?
— Hicieron su ronda diaria por Rasplatz y llegaron hasta el depósito. El mismo está siendo allanado en estos momentos.
— ¿Allanado?
— No tengo más información, señor. Los hombres quedaron en comunicarse conmigo ni bien logren recabar más noticias. Comentó que el lugar se encuentra rodeado de policías y miembros de criminología.
— ¿Criminología? —replicó poniéndose abruptamente de pie— ¿Por qué razón criminología estaría en ese lugar. Solo yo tengo las llaves de todos los accesos de ese depósito y no hay absolutamente nada que pudiera llamar la atención de la policía.
— Puedo ir a ver lo que está sucediendo si lo deseas —dijo Khaleb—
Said se dirigió de inmediato hasta el pequeño buró de su habitación donde guardaba las llaves del depósito de Rasplatz, pero dichas llaves no estaban.
— ¿Las llaves? —se preguntó a sí mismo recordando la noche de la boda de su hija antes de que partiera rumbo a la residencia donde se llevaba a cabo la fiesta— No puse las llaves en su sitio.
Se dirigió entonces hasta el placar dónde guardaba el abrigo que utilizó aquella noche. Buscó en ambos bolsillos, pero tampoco estaban.
— ¿Acaso las he perdido?
— ¿Qué sucede?
— No encuentro las llaves del depósito.
— ¿Dónde pudiste haberlas dejado o perdido?
— Solo pudo ser allí mismo. En el interior del depósito. El día de la boda de mi hija tuve que retener a Wieber por un par de horas para que no se atreviera a hacer ninguna cosa fuera de lugar. Como si hubiese servido de algo. Acabó apareciéndose en la boda de todos modos y se llevó a Paulita, pero no comprendo nada.
— Te digo que puedo ir a recabar información para ti.
Said negó con la cabeza
— Necesito ir yo mismo. Puedes acompañarme si quieres




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