Para ese entonces, gran parte de la familia ya se encontraba al tanto del atentado que habían sufrido Akins y Aurora en la carretera. Una de ellas era Elwira Majewski, quien al enterarse quedó despavorida, sabía que sus nietos afortunadamente habían salido ilesos de aquel suceso, sin embargo pensar en la reacción de su hijo al enterarse, la tenía con el corazón inquieto.
— ¿Puedo saber a dónde vas? —sorprendió Lukasz Haggard saliendo de la sala al ver a su esposa a punto de abandonar la casa— Déjame adivinar, Elwira. Vas a la casa de tu hijo resucitado.
— No estoy de humor para tus tonterías, Lukasz.
— ¿Tonterías, dices? Desde la desastrosa boda de tu nieta no has hecho otra cosa que evitarme para no tener que dar ningún tipo de explicaciones.
— ¿Huir de ti? ¿Oyes lo que dices? —vociferó la mujer— En tu vida me has visto huir de ninguna circunstancia—
— ¿Qué gritos son esos? —irrumpió Alexander llegando a la casa— ¿De nuevo están peleando?
El doctor había quedado en recoger a su madre para que fueran juntos a visitar a su hermano Said—
— Aquí llegó uno de tus cómplices
— ¿Cómplices?
— Tu padre ha perdido la razón. Me está acusando de haber fingido todos estos años mi dolor por la muerte de tu hermano.
— De tu madre y de Najib podía esperar todo esto, pero de ti, Alexander, jamás.
— Padre, será mejor que midas tus palabras, porque luego acabarás arrepintiéndote.
— No lo haré. Yasâr Hasnan no ha sido más que una pesadilla en la vida de Elwira. Ahora resulta que está vivo, y todo volverá a comenzar. Cuando ese hombre acabe con la vida de tu madre tú te arrepentirás de haber estado de su lado.
— No quiero seguir oyéndote
Haciendo a un lado sus lágrimas, Elwira Majewski cruzó la puerta para abordar el coche de su hijo Alex.
— Padre, tu comportamiento no es justo para mi madre. Si continúas reprochándole con palabras tan hirientes, serás tú quien la mate de tristeza. Te recomiendo que utilices tus horas de soledad para reflexionar un poco y oír en su momento las explicaciones que tiene para ti, que son las mismas que yo podría darte porque nos hemos enterado hace muy poco de la verdad. Mi madre un par de meses antes que yo.
El doctor Haggard abandonó el interior de la casa y abordó el coche donde ya lo esperaba su madre.
— ¿Le pediste a Najib que fuera a ver a su hermano?
— Lo hice, madre, pero se negó.
— ¿Se negó?
— Dice que no volverá a involucrarse en nada que tenga que ver con Said. Lo que le suceda ya no es asunto suyo.
— ¿Cómo puede hablar Najib de ese modo?
Elwira Majewski tomó el móvil de su bolso y marcó de inmediato a su hijo Najib.
— ¿Qué es eso de no querer ir a ver cómo se encuentra tu hermano?
— Buenos días para ti también, madre.
La mujer respiró profundo
— ¿Te parece que son buenos días, hijo, luego de habernos enterado de que Aurorita y Akins sufrieron un atentado? Siento mucha preocupación por tu hermano. Si la noticia llega a sus oídos se pondría muy mal. Por eso le pedí a Alex que te dijera que fueras a verlo más temprano. Nosotros apenas vamos de salida.
— Pues no iré, madre. Además Said ni siquiera me dejaría entrar para verlo. Por mí que se vaya al mismísimo infierno. Encárgate tú de tu hijo favorito.
— ¿Hijo favorito? Será mejor que cuides tus palabras, Najib. Debería darte vergüenza repetir esas cosas a estas alturas de la vida.
— Vergüenza debería darte a ti sentir más preocupación por ese fantasma que por tus nietos que acaban de sufrir un atentado. ¿Pero sabes qué? Yo sí he venido a verlos para saber cómo están. Ahora debo colgar.
Najib colgó la llamada
— Me colgó. ¿Qué le sucede a tu hermano? Está igual de insoportable que Lukasz. Hijo favorito… Me pasé oyendo esas palabras como si alguna vez hubiese hecho yo alguna distinción entre los tres. Y lo peor de todo es que esas palabras provienen precisamente del que creció a mi lado.
Alexander Haggard, mientras conducía, una sonrisa esbozaba.
— ¿Puedo saber de qué te ríes?
— Madre, Said siempre fue tu favorito.
— ¿Tu también, Alex?
— Es la verdad, pero tranquila que a diferencia de Najib, yo no te lo digo como un reproche.
— Mí hijo Said no creció conmigo del modo en que me hubiese gustado. No estaba acostumbrado a los afectos de una familia que lo protegiera. Por lo tanto no tuvo el privilegio que han tenido ustedes.
— Pues precisamente por eso Said siempre ha sido tu favorito. Tu corazón y tus pensamientos siempre estuvieron con él y bastaba cualquier excusa para que fueras a verlo incluso estando en otro continente. Nada de eso ha cambiado —prosiguió observando de reojos a su madre—
— Ya no quiero oírte. Guarda silencio mientras conduces, por favor.
MANSIÓN DE HERDECKE
Las afueras de la mansión yacía abarrotada de gente. Entre reporteros, periodistas, fotógrafos y fans de la joven Aurora quienes se habían acercado hasta el lugar intentando tener noticias de ella y de Akins.
Una caravana de coches llegaba con lentitud, y en medio, el que transportaba a los jóvenes. La muchedumbre al percatarse, se acercaba entre flashes y micrófonos que vanamente intentaría conseguir imágenes y notas para sus noticias.
— ¿Qué significa esto?
— Son mis fans preocupados por mí
— Há…Tus fans!!! ¿Cómo es que aún olvido que eres una Super Star.
— De hecho toda esta gente está aquí por los dos, Karîm.
— No me involucres en tus cosas, que yo no soy famoso.
— Oh, por supuesto que sí. Eres el príncipe heredero aunque te duela creerlo —decía Aurora con Copito de nieve en su regazo— Copito, luego haremos un live para agradecer a todos nuestros seguidores y decirles que estamos bien.
Akins la observaba, sorprendido de que se comportara como si no hubiese sucedido nada. Ambos estuvieron al borde de la muerte, pero aquello poco o nada a Aurorita la perturbaba.
Los coches ingresaron finalmente mientras en el interior de la mansión algunos miembros de la familia ya los aguardaba expectantes. La primera en recibirlos fue Gina Alicia quien de la angustia no había pegado los ojos en toda la noche. Tanta era su preocupación que había preferido no pasar la noche en el hospital acompañando a Michael para que no lo percibiera y comenzara a hacer preguntas.
Gina, abrazó a sus hermanos, entre lágrimas agradeciéndole a Dios por tenerlos allí sanos y salvos.
— Estamos bien, Gina
— Lo están. Puedo ver que lo están —dijo observando a su hermano por breves instantes para centrarse en Aurorita—
Uno de los mayores temores tanto de ella como de Michael fue siempre que Aurorita tuviera que atravesar peligros y traumas como ese, motivo exacto por el cual decidieron contratar un guardia particular para ella. Aquel chico desconocido que había sido presentado como hijo de Khaleb Hafez y que tiempo después descubrirían que se trataba de un hijo legítimo pero no reconocido de Said Majewski.
El joven Ihsân quien se encontraba allí desde la noche anterior luego de dejar en el hotel a la joven Vasilisa, se acercó a su prima.
— Estoy bien, de verdad.
Aurora abrazó a su primo. Luego saludó con un beso en la mejilla a su tío Najib y pidió permiso para subir a su habitación.
— Si nos permiten, Copito y yo tenemos un asunto urgente que atender —dijo subiendo las escaleras—
— ¿Aurorita en verdad está bien? —preguntó Najib extrañado—
— Por supuesto que no lo está. El susto debió haber sido terrible para ella. Aurorita está en shock. Ha de ser eso —prosiguió Gina Alicia—
— Cualquiera lo estaría. ¿Pudiste hablar con el médico que la asistió, Akins? ¿Qué fue lo que te dijo?
— Dijo que está bien.
— ¿Qué dices, Akins? Ella se comporta como si no hubiese sucedido nada, y eso no es bueno.
— Te digo que está bien, Gina. Tanto, que sintió emoción porque casi morimos como Bonnie y Clyde
— ¿Qué?
Ihsân no pudo evitar echarse a reír
— Me lo dijo en la cara, y los ojos se le iluminaban imaginando que nuestra trágica historia podría llegar a Hollywood algún día.
Gina Alicia, aterrada negaba con la cabeza
— Gina, si quieres hacer algo por ella búscale un buen psiquiatra. Aurorita aún está a tiempo de sanar. Pero por el momento ni te estreses que solo piensa en hacer un live para hablar con sus fans.
— Disculpe, señor —irrumpió uno de los guardias de la mansión anunciando la llegada de una comitiva de alto rango perteneciente nada más y nada menos que al Fiscal General Federal—
— Era lo que me faltaba. Justo cuando los alrededores de la mansión están repletos de reporteros y periodistas. Encárgate de recibirlos de inmediato, Waldo —ordenó el joven—
El guardia asentó y prontamente se marchó mientras todo se daba bajo la atenta y silenciosa observación de Najib Majewski quien solo en su hermano Said pensaba.
— Si Said oyera todo lo que yo estoy oyendo, su corazón se detendría en cuestión de segundos —se decía a sí mismo—
Akins tomó una mano de su hermana quien pudo percibir de inmediato su incomodidad.
— Gina…
— ¿El Fiscal General Federal aquí? No entiendo nada, hermanito. ¿Qué sucede?
— Necesito que hables con aquel abogado que tienes. Estoy seguro que ese Fiscal viene por mí para dar mi declaración, pero yo no pienso ir a ningún lado. Por favor!!!
— Está bien, cariño. Lo llamaré ahora mismo. No te preocupes que ni siquiera un Fiscal General Federal te llevará de aquí, pero explícame porque alguien de tal rango vendría hasta aquí —preguntaba tomando su teléfono móvil—
— ¿Aún no estás al tanto, Gina? —irrumpió el joven Ihsân— El Fiscal Regional fue apartado de las investigaciones que tenía a su cargo, y ahora todo está en manos de la Fiscalía General Federal.
— ¿El Fiscal Lutič fue destituido?
— Y vaya que lo fue —habló Najib Majewski observando de reojos a su hijo— Leí en las noticias de esta mañana que hallaron tres cuerpos dentro de un depósito de ensamblajes de maquinarias agrícolas en Mülheim. Se tratan del Fiscal Lutič, de un oficial de la policía regional y de una persona decapitada que hasta este momento no ha podido ser identificada —culminó clavando en su sobrino Akins la mirada—
Gina Alicia, quien no tenía idea de aquella noticia, al oírla quedó palidecida.
— Eso es realmente terrible. ¿Pero tú qué tendrías que ver con aquel suceso?
— Nada… ¿Por qué me lo preguntas?
— Yo solo comenté lo que leí en las noticias. Por supuesto que Akins no tendría nada que ver en algo así.
— Gina, yo no iré a declarar a ninguna unidad fiscal, ni por el atentado en la carretera ni mucho menos por algo en lo que no tengo nada que ver.
— Te digo que todo estará bien. Ni tú ni Aurorita van a ir a ninguna parte.
Con voz casi quebrada y manos temblorosas, Gina tomó su teléfono móvil del bolso para comunicarse de inmediato con el abogado Fitzgerald
— ¿Y tú no piensas ocultarte de aquel Fiscal?
— ¿Y es que acaso te importa ahora? Has intentado entregarme a la policía desde que tengo 15 años.
— Las autoridades han sido siempre muy incompetentes en verdad.
— Por qué mejor no cierras la boca
— Cierren la boca los dos —advirtió Akins— Ihsân, por las dudas será mejor que no estés aquí cuando ingrese aquel Fiscal. No hay de que preocuparse. Ya requisaron toda la mansión hace unos días, por lo tanto no tienen derecho en volver a hacerlo. No lo permitiré más.
El joven Ihsân se alejó, pero tranquilo y sin prisa, pues a final de cuentas la presencia del FGF, absolutamente nada tenía que ver con él. Segundos más tarde, Waldo retornó anunciando la presencia de Sigrid Reinhardt quien fue dirigida hasta la sala. Sus escoltas a petición de la misma, aguardaron afuera en la puerta de la mansión.
Allí fue recibida por Gina Alicia. El joven Akins yacía unos pasos atrás.
— Señora Bruchhagen
— ¿Ella sabe mi nombre? Qué pregunta, Gina. Esta mujer ha de saber absolutamente todo acerca de tu familia —se decía a sí misma—
Finalmente la saludó con una simple y leve reverencia
— Así que el Fiscal General Federal tomará las riendas de la seguridad regional ahora
— Así es
— Mmm… ¿Y puedo saber el motivo de su visita? Si es referente al atentado que sufrieron mis hermanos desde ya le advierto que no prestarán ningún tipo de declaración sin la presencia del abogado de la familia. El mismo se encuentra con otros asuntos en estos momentos pero ni bien pueda estará aquí.
Sigrid Reinhardt oyó atentamente a Gina Alicia y observó de reojos a Gregg Akins
— Es el motivo principal. No así el único. Lamento mucho que sus hermanos hayan tenido que pasar por tan desagradable situación.
— Mis hermanos pudieron haber muerto, Fiscal Reinhardt. Y ni siquiera admito dimensionar tal desgracia en mi familia. Espero al menos que la trampa que le han tendido a mi hermano desde la propia fiscalía para capturar a esos criminales, haya valido la pena.
— ¿Trampa? No comprendo que insinúa
Gina Alicia volteó a observar a su hermano quien no tardó en ponerse de pie y replicar.
— ¿Acaso va a fingir que no sabe nada al respecto? La trampa que intentaron tenderme provino de la propia Staatsanwaltschaft, y la Kripo ya estaba involucrada en aquel operativo donde tenían planeado utilizarme como carnada para capturar a los miembros de Voronyi Klynch. Es imposible que usted ya no haya estado al tanto de todo aquello.
Con extrañeza, la fiscal Reinhardt negó con la cabeza.
— No sé que decir ante sus graves acusaciones, joven Akins. Mi equipo especializado y yo acabamos de llegar a la ciudad, y en mi primer día ya debo enfrentar dos sucesos realmente terribles. No he dado ni una sola orden a miembros de la Kripo para que forme parte de procedimiento alguno.
— Pues le comentaré yo brevemente. De este mismo lugar se llevaron a mi hermano hasta la Unidad Fiscal, no sin antes requisar de arriba a abajo toda la mansión. Ni siquiera se lo llevaron para interrogarlo respetando todos sus derechos. Lo amenazaron y luego lo durmieron para trasladarlo hasta una cabaña donde finalmente serviría de carnada.
Respirando profundo, la Fiscal Reinhardt cerró los ojos. Aurora, quien había bajado de su habitación, tras enterarse de la presencia del Fiscal, hasta la sala corrió.
— Ya no se lo llevarán a ninguna parte. No lo permitas, hermanita —pidió Aurorita abrazando a su hermano— Yo iré a declarar si es necesario.
— Nadie irá a ningún lado. ¿Podrían dejarme a solas con la Fiscal? Akins, llévate a Aurora, por favor.
— Lamento mucho lo que les ha sucedido, y créanme que desde la FGF nunca se ordenó tal procedimiento que definitivamente no se ajusta a los protocolos de ningún operativo —dijo la Fiscal— Me encargaré personalmente de esclarecer dicha situación.
Sin decir nada, Akins tomó una mano de Aurora y abandonaron la sala.
— Bien, antes de que usted pueda explayarse, Fiscal Reinhardt, permítame aclararle un par de cuestiones.
— Por favor.
— Mi hermano Akins ya es una persona adulta, por lo tanto, responsable de sus propios actos. No obstante existen momentos y situaciones que escapan de sus capacidades para sobrellevarlos. De pequeño lo han diagnosticado con Asperger. Condición que lo heredó de nuestra madre. Debido a ciertas medicaciones y a conflictos personales, él cayó en un estado depresivo que lo llevó a atentar contra su vida con sobredosis de su propio medicamento —susurraba— Estuvo en coma por casi dos años, y al despertar, su proceso de recuperación no fue nada fácil pues desarrolló otro tipo de trastorno de la personalidad que también ha requerido de terapias y medicaciones. No le cuento todo esto con intenciones de generar en usted un poco de empatía y sensibilidad. Lo hago para que tenga en cuenta la gravedad de dicho procedimiento que atentó no solo contra sus derechos de legítima defensa. Atentó por sobre todo con su estabilidad emocional, y esa hubiese sido una falta imperdonable que bajo ningún sentido mi familia y yo la dejaríamos pasar por alto.
— Comprendo perfectamente su repudio ante aquel imperdonable episodio y comparto su postura, señora Bruchhagen. Le vuelvo a reiterar que desconocía por completo acerca de dicho procedimiento por lo que me encargaré personalmente de tomar cartas inmediatas en el asunto. ¿Puedo sentarme?
— Por supuesto
Gina Alicia permitió que la Fiscal tomara asiento y le pidió al ama de llaves que le ofreciera de beber lo que más le apeteciera.
— Café con azúcar, por favor.
— Enseguida, señora Fiscal.
— ¿Cómo es posible, Fiscal Reinhardt que usted no haya tenido conocimiento acerca de la orden de cateo a esta mansión y de la posterior detención de mi hermano?
— En verdad no me encontraba al tanto de dicho procedimiento. No corresponde a ninguna orden que haya provenido desde la FGF, pero podría deducir sospechas de lo acontecido.
— ¿Sospechas?
La Fiscal Reinhardt levantó una mano pidiendo que le permitiera expresarse.
— He asumido el cargo de Fiscal General Federal hace un año y un par de meses. Y lo hice en un momento crítico y de muchas turbulencias dentro de las diversas cúpulas de la justicia. No muchos han quedado satisfechos con mi nombramiento.
— ¿Insinúa algo en particular?
— Señora Bruchhagen, he venido con un equipo completo incluyendo a miembros de la Kripo altamente calificados que llevarán a cabo las investigaciones y los operativos únicamente bajo mi autorización y mis órdenes. Quienes hayan estado detrás de aquel mal procedimiento, no corresponde al de mi equipo, pero en vista de que toda esta situación se está volviendo realmente compleja con la muerte del Fiscal Lutič, de un oficial de la policía regional y de una persona desconocida que acabamos de identificar, nos veremos en la obligación de reordenar los hechos y afianzarlos en nuevas evidencias e hipótesis.
Akins, se había acercado a la puerta y Aurorita yacía parada unos pasos atrás
— Ven… Tú que eres experta en oír detrás de las puertas, necesito que escuches por mí —pidió tomándola de un brazo y acercándola unos pasos—
— Ah… ah… ¿Siempre me has regañado por eso y ahora me lo pides?
— Pues ahora necesito que lo hagas. Anda…
Aurora se dispuso a escuchar
— Me gustaría volver a concretar un encuentro con usted. No a modo de interrogatorio, pero podrá llevar a su abogado si eso la dejara más tranquila.
Gina Alicia, un tanto extrañada, asentó abriendo tal posibilidad.
— Ahora necesito comunicarle otro asunto
— ¿Qué dicen? Puedes oír?
— Ssshhh… Espera un poco
— ¿De qué se trata?
— Acabo de recibir el informe medico forense del cuerpo que no había podido ser identificado en Rasplatz.
Palidecida, Gina Alicia no comprendía.
— ¿Qué tiene que ver mi familia con esa persona?
— Se trata de Julius Tarantino. Tengo conocimiento de que contrajo nupcias hace apenas un par de días con una de sus hermanas. La misma acaba de ser notificada, y ya que estoy aquí delante de usted quería ser yo misma quien le dijera acerca de dicho resultado.
Del otro lado de la puerta, Aurora no daba crédito a lo que oía. Retrocedió unos pasos, incrédula y palidecida.
— ¿Qué sucede? ¿Qué fue lo que oíste?
— Julius Tarantino está muerto, Karîm.
Akins jaló de una mano a Aurora y la condujo de inmediato hasta el despacho, pues el ama de llaves se acercaba cargando el café rumbo a la sala.
— ¿Puedo saber por qué lloras?
— ¿Te parece poco, insensible? Mi pobre hermanita Isabella ha quedado viuda en tan solo tres días.
— Isabella nunca debió haberse casado con ese sujeto. Fue un traidor. Engañó a toda la familia y se alió con las personas equivocadas. ¿Debo recordarte que por su culpa me tendieron aquella trampa, y todo con el consentimiento de Isabella? ¿Seguirás llorando por gente que no vale la pena?
Aurorita negó con la cabeza intentando cesar sus lágrimas. A pesar de todo lo ocurrido en los últimos días, no podía evitar sentir pena y tristeza por su hermana Isabella.
Ambos permanecieron en el despacho por unos cuantos minutos hasta que Waldo llamó a la puerta.
— Señor, la Fiscal se retira ahora.
Al joven no le quedó de otra que salir a despedirla, pues bajo ningún sentido permitiría que creyera que él de manera cobarde acabaría ocultándose bajo la protección de su hermana mayor.
— Hermanito, la Fiscal acaba de contarme algo terrible. Julius está muerto.
Con nula expresión de asombro por dicha noticia, Akins volteó en dirección a la Fiscal Reinhardt.
— Por lo que veo, señor Fiscal, sus días en esta región serán realmente arduos. No solo han apartado del camino al Fiscal Lutič, quien sin duda alguna sabía cosas que a las altas esferas de la justicia le incomodaban. También se deshicieron de la persona que muy probablemente sabía quienes están detrás de todos estos actos tan terribles.
La Fiscal Reinhardt frunció el ceño con un análisis rápido y profundo al joven.
— Frío, calculador, analítico y de palabras contundentes. Su sangre es innegable, hijo de Yasâr Hasnan.
El semblante de Akins cambió por completo ante aquellas palabras del Fiscal, pues odiaba profundamente tales comparaciones.
— En los próximos días recibirán un citatorio. Es de suma importancia tomarles la declaración tanto a usted como a su hermana menor. Pero desde ya le aseguro que en esta ocasión todo será con la debida seriedad y respeto a sus derechos, como corresponde.
— Es bueno saberlo de usted misma, Fiscal Reinhardt —dijo Gina Alicia— Aguardaremos dicho citatorio con conocimiento de nuestro abogado.
Sigrid Reinhardt asentó
— Bien… Me retiro. Imagino nos veremos en más de una ocasión.