En la sala de quirófanos, cerrando los ojos y respirando profundo, Tmothy Haggard, había culminado con gran éxito su primera intervención quirúrgica. Luego de haber formado parte de numerosas asistencias de alta complejidad, como médico residente.
— Lo hiciste muy bien, mi amor, ¡Felicidades! —oyó una voz en forma de susurro que le rozaba en la nuca cuál luna inexplicable brisa—
Timothy volteó, y pese a no poder verla, reconocería incluso fuera de este mundo, su voz. Inmerso en una inexplicable paz y satisfacción, por dentro sonrió mientras todo el equipo que lo acompañaba, lo felicitaba por su exitosa intervención.
Tras los últimos protocolos rutinarios con el paciente, y abandonar el quirófano para comunicar a los familiares que la intervención había culminado de manera exitosa, el joven Haggard se dirigió a su sala de descanso donde se despojó de sus atuendos y sobre un sofá tomó asiento.
Allí cogió de su billetera una fotografía de su madre que siempre llevaba guardada, mientras en su memoria sin recuerdos, intentaba imaginarla.
— ¿Tim, mi amor, cómo ha ido todo? —irrumpió su esposa Mara, ansiosa por saber si le había ido todo bien en su primera cirugía—
— La cirugía fue exitosa —contestó abrazándola con fuerza— Mi madre estuvo allí conmigo, Mara. No solo oí su voz. La sentí allí muy cerca de mí. ¿No creerás que estoy loco, o si?
La joven sonrió acariciando sus mejillas.
— Jamás creería tal cosa. Estoy segura que tu madre cuida de ti y está presente en cada uno de tus logros. ¿Qué te parece si vamos a almorzar para celebrar?
— Me parece excelente. Llamaré a mi padre y a Anna para contarles que me ha ido bien en mi primera cirugía.
Timothy tomó de su bolso su teléfono móvil y tras pasar a recepción para marcar su salida de descanso, se percató de que su prima Isabella lo había llamado en innumerables ocasiones. Durante el trayecto intentó comunicarse con ella en un par de ocasiones hasta que finalmente entró la llamada.
— Isabella, no podía contestarte. ¿Todo está bien?
— Timo, soy Philipp.
— ¿Philip? ¿Sucedió algo con Isabella?
— ¿No te has enterado de nada? Nos encontramos ahora en la morgue.
Timothy palideció por completo mientras observaba a su esposa.
— Solicitaron su presencia en la morgue por algunas diligencias protocolares. El cuerpo de Julius aún no podrá ser enterrado. Dejarán pasar unos días más por si hallan… el resto que le falta —concluyó de manera pausada— Ella necesitaba de alguien que la acompañara, y como no pudo comunicarse contigo, me llamó a mí.
— Philip, he estado aislado de noticias por 24 horas, intentando concentrarme únicamente en mi primera cirugía. No sé de que demonios me hablas —decía con la voz quebrada y el corazón a punto de salirse de su pecho—
— Pues has tenido una idea acertada, hermano, porque en 24 horas han sucedido cosas realmente terribles. Julius está muerto y por esa razón nos encontramos en la morgue. Te enviaré ahora la dirección. No la dejaré sola, pero sería buena idea que también estuvieras aquí.
— Por supuesto que iré. Envíame la dirección que llegaré allá de inmediato
Timothy Haggard colgó la llamada. Necesitaba aparcar en alguna parte pues ya no podía conducir porque sus manos le temblaban de manera incesante.
— ¿Mara, tu no sabías nada?
La joven asentó
— ¿Cómo pudiste ocultarme algo tan grave como eso?
— ¿Y me lo preguntas?
— Esto se trataba de algo importante, por el amor de Dios.
— La cirugía para la cual te preparaste durante semanas enteras también lo era. Además fue tu padre quien me prohibió que te lo dijera.
Timothy negó con la cabeza, mientras respiraba profundo e intentaba calmarse para poder continuar.
— Philip habló de cosas terribles. Dime qué otras cosas han sucedido.
Mara, por varios instantes guardó silencio.
— La cirugía acabó, Mara. Si sabes más cosas, necesito que me lo cuentes todo.
— Secuestraron a mi hermano, pero afortunadamente está bien.
— ¿Secuestraron a Karîm?
— Luego él y Aurorita sufrieron un atentado en la carretera.
— ¿Qué dices?
— También salieron ilesos, pero fue terrible. Yo solo estoy contándote lo que he leído en las noticias en las últimas horas. No sé nada más, mi amor. Te lo juro. Intenté hablar con mi hermanito, pero su teléfono estaba apagado. Hablé con mi padre y me aseguró que ambos están bien.
— ¿Cómo es posible? No lo puedo creer —decía mientras su teléfono móvil sonaba en sus manos temblorosas—
Se trataba del mensaje de Philip quien acababa de enviarle la ubicación de la morgue judicial en la cual se encontraba acompañando a Isabella.
MANSIÓN DE HERDECKE
En compañía de Waldo, Akins ingresó a uno de los chalets de la mansión. Chalet que se encontraba hacia el acceso secundario, y que utilizaban habitualmente para las reuniones de coordinaciones de los guardias.
Allí, antes de que el ex agente Steen pudiera decir una sola palabra, el joven Akins estalló en una furia imposible de contener.
— Solo a un imbécil como tú se le pudo haber ocurrido hacer lo que hizo —vociferó abalanzándose contra el ex agente quien nunca estaba dispuesto a recibir un solo golpe de su parte—
Ambos cayeron a los puños como ya era costumbre, mientras Waldo y los demás guardias presentes los separaron.
— Mataron al Fiscal Lutič y a un oficial de la policía —proseguía forcejeándose con Steen, mientras observaba a los dos guardias que habían acompañado al ex agente—
— Jefe, no hemos sido nosotros.
— ¿Ah no? Este idiota que debía hacer una sola cosa bien, acabó arruinándolo todo nuevamente. ¿Que tenías en la cabeza para llevar a Julius Tarantino a Rasplatz?
— ¿Dónde lo haya llevado no es de tu incumbencia. En cuánto a Lutič y a Ruud, no hemos sido ninguno de nosotros.
— ¿Entonces quienes? ¿Las balas salieron disparadas de la nada?
Esbozando su sarcástica sonrisa, Steen se echó sobre el sofá.
— ¿Sabes que creo, principito? Que hasta el día de hoy tu no logras dimensionar a los enemigos que tienes detrás de ti. O es que en realidad sí lo dimensionas, pero no te importa porque a final de cuentas eres un demente suicida que lo único que esperas es que en algún momento te llenen de balas.
— ¿Estás delirando acaso? ¿Es eso? Te pido explicaciones de cómo fue que el Fiscal Lutič y aquel oficial de la policía acabaron acribillados en Rasplatz, y tú mencionas a mis enemigos.
— Akins, tú tienes a Julia Gartmann. Lo sé. Y no solo a ella. También tienes a Nikolai Kozloi, aunque la gente de este último no implica una amenaza directa para ti. Es más, creo que piensas que te servirá de mucho en algún momento, pero volvamos a Julia Gartmann y a todo lo acontecido antes —prosiguió acomodándose— Haré una pequeña cronología para que entiendas mejor lo que ha sucedido. Lutič ya se encontraba al tanto de que tu padre está vivo. Y a su vez, manejaba fuertes sospechas de que tú estabas involucrado en varios de los crímenes sucedidos en la región. Claramente se obsesionó con eso y te puso como línea principal en sus investigaciones. Desde el momento en que le dije a Lutič que nada de lo que hiciera valdría la pena en las filas de la justicia decidió continuar con el procedimiento, pero a través de sus propios recursos, ocultando para sí mismo informaciones muy valiosas. Para llegar hasta ti y hacer que tu padre diera la cara, no se le ocurrió mejor idea que utilizar a Julia Gartmann. La carnada perfecta para que padre e hijo cayeran en su trampa. Desconozco lo que Lutič tenía en mente, pero está claro que todo se le ha salido de control. Él y yo habíamos quedado en que me entregaría a Kozloi porque a través de él, Yasâr Hasnan pretendía conseguir un pacto con Anatoli Zeytzev a cambio de su liberación. Para mi desacierto, Lutič no cumplió con su palabra. Una mañana amanecimos con la noticia de que varios reclusos habían escapado de la Unidad donde se encontraban, entre ellos Kozloi. Pero nada de eso fue cierto. Todo aquello ya formaba parte de los planes individuales de Lutič con ayuda del oficial Ruud. Ahora llegamos al punto donde apareces tú arruinando los planes que el fiscal pretendía ejecutar en tu contra y en contra de tu padre. Incendiaste la cabaña dónde Lutič y Ruud tenían ocultos a Gartmann y a Kozloi. Ambos quedaron en tus manos y aquí se viene la parte más interesante que desconoces o simplemente prefieres ignorar. La cúpula a la cual pertenecía Julia Gartmann ya andaba tras los pasos del fiscal por alguna razón que también desconozco. Tengo sospechas de que llegó a un acuerdo con esa gente prometiéndoles liberar a Gartmann. Me cuesta creer que haya sido tan imbécil, pero me temo que fue lo que sucedió. Lutič no contaba con que un par de días después acabaría siendo apartado de las investigaciones. Perdió todo apoyo y recursos policiales para proseguir con sus planes individuales, y ni siquiera pudo contar con oficiales que lo custodiaran. La noche que llevé a Tarantino hasta Rasplatz, por alguna razón Lutič y Ruud decidieron seguirme. Yo era el único que contaba con las llaves de la fábrica. Tus guardias y yo aseguramos hasta el mínimo de los detalles, pero ese par ingresó por algún lugar. Quizás encontraron un acceso de emergencia y lo forzaron. Intentaron frenar mis intenciones, pero así acabaran acribillándome, no iba a detenerme. Al momento exacto en el que la cabeza de Tarantino comenzó a rodar, se oyeron incesantes disparos
Akins volteó observando a los dos guardias que acompañaron al ex agente, buscando confirmar aquel relato. Uno de ellos tenía una herida en la pierna.
— Eso fue exactamente lo que sucedió, jefe. Todo se dio muy rápido, y cuando nos percatamos de que el fiscal y el oficial de policía yacían tendidos en el suelo, nos dimos cuenta de que eran los únicos objetivos de esos invasores.
— Los seguimos y estuvimos muy cerca de atraparlos, pero uno de ellos me hirió en la pierna.
— Eran dos sujetos, jefe, y un tercero estaba esperándolos en un coche. Abordaron el lugar en un furgón oscuro y se marcharon.
Akins en esos instantes recordó lo sucedido en la cabaña de Sprockhövel cuando personas cubiertas con pasamontañas descendieron de un furgón negro con claras intenciones de rescatar a Julia Gartmann. Tras el intento fallido, un personaje con capa oscura a quien acabó derribando de un balazo en la espalda, segundos antes había disparado contra Ihsân.
El ex agente Steen se puso de pie acercándose lentamente a Akins.
— ¿En qué estás pensando? Mmm… Déjame adivinar. ¿Qué tal en Alina Dreßel?
En cuestión de segundos, el semblante de Akins cambió por completo.
— ¿La recuerdas, no? No pudiste haber olvidado a la hija de Julia Gartmann que se hizo pasar por otra persona para acercarse a ti.
Colgado de sus pensamientos, entre recuerdos lejanos y situaciones recientes, Akins trajo a Katja Gartmann a su mente.
— ¿Habrá sido ella? —se preguntaba a sí mismo— Por supuesto. Era ella. Cuando disparé contra ese personaje, Julia Gartmann claramente gritaba que era su hija, mientras la subían al furgón intentando escapar. Luego su cuerpo desapareció del lugar. ¿Cómo demonios no lo tuve en cuenta en ese preciso momento? —se reprochaba ya en voz elevada dándose con las manos, golpes en la cabeza—
El ex agente observó de reojos a Waldo
— ¿Qué sucede? ¿En verdad no la tenías en cuenta? Escúchame, Akins… Por una sola vez. Es necesario que bajes la guardia con respecto a tu padre. Y con esto no estoy diciéndote que vayas a abrazarlo y lo perdones. Yasâr Hasnan mejor que nadie conoce a toda esa gente y sabrá como sacarla de tu camino. Sé que tu vida poco o nada te importa, pero tú le importas a toda tu familia más de lo que te imaginas, y mientras tus enemigos sigan detrás de ti, esa familia que tanto te ama seguirá estando en peligro. Piensa en tus hermanas, en tus primos, en tus tíos, en tus abuelos. Piensa por sobre todo en el ser que más amas en este mundo.
Reflejando en sus ojos angustia y desesperación, Akins abandonó el chalet del acceso secundario a la mansión, mientras se reprochaba a sí mismo por tan imperdonable error.
— ¿Y si era ella en verdad?¿Por qué no la tuve antes en cuenta? Le disparé y ni siquiera fui a corroborar. Su cuerpo desapareció y ahora no se si está viva o muerta.
Akins era consciente de una sola cosa en esos instantes. Katja Gartmann a aquel disparo de haber sobrevivido, junto con lo que quedaba de la organización Kocourek, hasta desquitarse con él a través de su familia, no se darían por vencidos.
— ¿Vas a decirme que te sucede? —irrumpió el ex agente luego de haberlo seguido—
— Todo esto es tu culpa. Los planes de tu operativo no salieron como querías y no se te ocurrió mejor idea que acabar con Dabir Kazım sin medir las mínimas consecuencias.
— ¿Estás echándome la culpa a mí? ¿Es enserio? Una vez más arruinaste mi operativo. —vociferaba preso de la ira, mientras lo empujaba— Por meter tus narices donde no debías, con tal de desquitarte con tu padre, te quedaste con todo el cargamento que el clan Kocourek y Solntsevskaya debían negociar. Luego no se te ocurrió peor idea que vender en el mercado negro de Turquía todas las armas traficadas, en un mercado negro de Turquía. Y no contento con eso te quedaste con joyas robadas.
— ¿Y tú en verdad pensabas que lograrías decomisar aquellos cargamentos en aquel barco gigante? Dabir Kazım tenía otros planes. Planes que tu desconocías por completo. Si mi gente y yo no ejecutábamos nuestros propios planes, tres niñas inocentes estarían muertas ahora y con toda la ira de Anatoli Zeytzev recaídas únicamente en ti. Aquella madrugada Dabir Kazım no solo iba a negociar los principales puertos de Chipre a cambio de la liberación de Nikolai Kozloi. La organización Kocourek tenía en sus manos a las nietas de Zeytzev quienes fueron encerradas dentro de un contenedor puesto en un barco de menor porte. Cuando tomamos dicho barco, pensamos que allí se encontraría únicamente el contenedor con las joyas y las armas que tú esperabas decomisar, pero durante la navegación hasta un puerto más seguro, comenzamos a escuchar ruidos extraños provenientes de uno de esos contenedores. Ni bien llegamos en horas de la mañana, nos percatamos de aquella horrible escena que pudo haber sido mucho más horrible aún. ¿Piensas que yo buscaba en verdad involucrarme con la mafia rusa y tener a Voronyi Klynch pisándome los talones cuando ni siquiera sabía de que manera lidiar con el clan Kocourek que constantemente amenazaba a mi familia? Las cosas se dieron de ese modo, Wieber. Yo necesitaba dinero y poder suficiente para regresar y evitar que mi familia perdiera todo su patrimonio. Por esa razón no me quedó de otra que negociar las armas en un mercado negro de Turquía. Ahora escúchame muy bien. No me has hecho ningún favor acabando con la vida de Dabir Kazım, y lo sabes. Lo que queda del clan Kocourek y otras organizaciones que forman parte de sus tentáculos, creen que yo lo asesiné, y eso solo ha acrecentado la sed de venganza que poseen.
— Gracias a que está muerto, pudiste tomar el poder sobre Bahar Malak y convertirla en el Imperio que siempre te perteneció.
— ¿Creers que eso realmente me importaba?
— Te importara o no, era necesario. Tú mismo acabas de decir que comercializaste armas robadas en el mercado negro para retornar y recuperar todo lo que tu familia estaba a punto de perder. Además, tú habrías acabado con Dabir Kazım de todos modos, y de todos modos habrías tenido a todos tus enemigos detrás de ti, por lo tanto ya no tiene sentido que te lamentes por eso. Ahora mejor dime por qué te pusiste en ese estado cuando estábamos hablando de tu ex novia.
— No lo vuelvas a repetir. Te lo advierto por última vez.
El ex agente simplemente lo observó esperando a que respondiera.
— Creo que maté a ese engendro del demonio.
— ¿Qué dices?
— No estoy seguro. Fue en la cabaña de Sprockhövel donde Lutić tenia a Julia Gartmann y a Kozloi bajo custodia. Un furgón negro se apareció de la nada, con intenciones de rescatar a esa asesina. Todos estábamos adentro y fue Ihsân quien se percató de lo ocurrido. Escuchamos los disparos y hasta el granero acudimos. Allí una persona a quien no le pudimos ver el rostro, disparó contra Ihsân, mientras dos hombres más, cubiertos con pasamontañas, intentaban huir con Gartmann. Yo herí de un balazo a la persona que disparó contra Ihsân. Cayó al suelo, pero le resté importancia. Llevé a mi primo hasta el interior del granero y cuando se repuso, él mismo fue a corroborar el cuerpo de la persona que le había disparado, pero ya no estaba. Se lo habían llevado.
— ¿Y por qué sospechas que se trataba de la hija de Julia?
— Porque la propia Julia Gartmann gritó que era su hija al ver que se desplomaba en el suelo por el disparo que yo le había dado. Soy muy idiota en verdad.
— Sí lo eres en verdad. ¿Oye, pero estás seguro que tienes en tu poder a Julia Gartmann? ¿No lograron huir con ella?
Akins negó con la cabeza
— okay…
— ¿Okay? ¿Es todo lo que puedes decir?
— ¿Qué más podría decir? Mientras tengas a Julia Gartmann en tu poder, idearemos un plan para acabar de una vez por todas con ese maldito clan. Pero debemos tomar las cosas con calma. También tienes a Kozloi, y esa es una ventaja muy amplia a tu favor. Aunque para eso tendrás que pensar en lo que te he dicho acerca de tu padre. Será mejor para ti que dejes a Yasâr negociar con Grigori Orlov por la liberación de Kozloi. No me agrada en absoluto involucrarme con esa gente, pero sería de mucha ayuda para acabar con el clan Kocourek y sus tentáculos.
Akins respiró profundo, y sin decir más nada, se puso de pie. El ex agente le pidió que lo acompañara hasta su vehículo, y el joven así lo hizo.
— ¿Que sucede?
Steen, abrió la cajuela sin contestar.
— Con un demonio, Wieber. ¿Acaso te has vuelto loco?
— Para mi desgracia, me temo que sí. Lo tuyo ha de ser muy contagioso en verdad. ¿Puedo saber por qué no te atreves a mirar? Tú que le arrancaste los ojos y la lengua a Milo Kocourek con tus propias manos, y llegaste al límite de tu demencia enviándome la cabeza de Hajjaj El-Ashem. Por cierto, también tienes en cautiverio al viejo Kocourek. ¿Harás lo mismo con él?
— Cierra la maldita boca, Wieber. Tú en verdad no mides las consecuencias de tus actos. A veces creo que se te olvida que ya no eres ningún agente y que has perdido todo poder en las filas de la policía. Te condenarían a cadena perpetua si descubrieran tu crimen por andar de un lado a otro con la cabeza del modisto en la cajuela de tu coche.
El ex agente volvió a cerrar la cajuela, dirigiéndose de regreso al chalet
— Si tan solo me importara un poco, quizás hubiese hecho las cosas de un modo distinto. Ahora ni siquiera sé de qué modo voy a mirar a mi hija y a Mi-suk a la cara. Y seré padre de nuevo. Tendré otro hijo que no merecerá tener a alguien como yo en su vida —se lamentaba sacando del refrigerio una botella de cerveza para echarse al sofá y beberla—
— Eso es verdad. Pobre bebé. Pobre Mi-suk y pobre de Paulita.
— Mmm… La traeré de regreso con su madre. Ya está extrañándola mucho, Lo que menos deseo es hacerle sufrir a mi hija.
— Al menos harás algo bien. Ningún niño debe estar lejos de su madre.
Steen observó de reojos a Akins mientras bebía un gran sorbo de cerveza.
— Ambos crecimos con madres distintas, y ambos estamos jodidamente desquiciados. Tú más que yo, desde luego. Si lo ves ves, principito, empezamos a descubrir que tenemos algunas cosas en común.
De su habitación, Aurora con Copito de nieve entre sus brazos, y su prima Amalie bajaron.
La joven reina de París, una emocionante noticia acababa de recibir. La fecha exacta para viajar a Viena se había fijado, por lo que invadida de ansias y alegría, con su hermano la deseaba compartir.
— Disculpen señoritas, pero no pueden pasar —dijo un guardia atravesándose en el camino—
— ¿Qué dices? ¿Amalie, acaso oí bien?
— Lo oíste bien, pero no olvides que ellos solo acatan órdenes del príncipe de alas negras.
— Es área restringida para los dueños de la casa, señorita.
— Déjalas pasar, Arthur —irrumpió Waldo acercándose con pasos lentos— El jefe se encuentra en el chalet —prosiguió haciéndoles señas a ambas para que se dirigieran hasta allá—
Amalie, observando de reojos al guardia principal, le sonrió prometiéndole que no demorarían en el lugar.
Ambas se acercaron hasta el chalet, donde se aparentaba un silencio que antes de que ingresaran, se quebró.
— Pues yo volveré a Jeju-Do. Ya hablé con el maestro Chung y prometió esperarme. Pondré en orden los desastres que he ocasionado, y antes de partir le devolveré a Gina todo lo que ha dejado a mi cargo.
— ¿Ese es tu plan? ¿Pretendes huir a Jeju-Do?
— No volveré con intenciones de huir. La policía no tiene pruebas contra mí y nunca las tendrá.
— No me refiero a tus crímenes, Akins. Estás hablando como si Aurorita no existiera. Cómo si permitirá que te marches.
— Ella no lo sabrá, y estaré muy lejos cuando se entere. Su tristeza no le durará demasiado. Lo sé. Mi ángel tiene una vida tan hermosa. Tan maravillosa y con tantos planes que un día simplemente notará que no le hago falta. Ella no me extrañará en absoluto.
— No funcionará —decía negando con la cabeza— pero si te engañarás a ti mismo de ese modo, es problema tuyo.
— Funcionará. ¿Y sabes qué? Tú deberías hacer lo mismo.
Expulsando una resonante risa, el ex agente se puso de pie para ir por otra botella de cerveza.
— Así nos enterráramos medio siglo en la cima del Tíbet, Akins, en esta vida ya no tendríamos solución alguna.
Del otro lado de la puerta, un mundo parecía una vez más derrumbarse. El mismo mundo que le había sido prometido y que a pesar de las incontables tempestades, aún brotaban en sus tierras, semillas de sueños y esperanzas. Todo se trataba de una cruel ilusión, y en aquellos instantes Aurorita lo comprendió.
Las lágrimas nublaron la alegría de sus ojos. Y en cuestión de segundos, su rostro perdió la magia de su sonrisa. Soltó a Copito de nieve de entre sus brazos y se alejó, deseando perderse en la nada sin dejar rastros.
— Aurorita, no te pongas así. Aurorita, espérame.