Alas Negras

PARA DEJARME

GENERALSTAATSANWALTSCHAFT (FISCALIA REGIONAL) – ESSEN
Luego de haber prestado declaraciones en compañía de su propio abogado acerca de todo lo ocurrido a partir de su boda en adelante, con el único propósito de recuperar a su hija y hacer que el ex agente encubierto del SIID pagara por su crimen, Isabella Majewski dio lugar a que el Fiscal General Federal pudiera expresarse con respecto a todo lo ocurrido, en base a las investigaciones y todos los datos recabados hasta el momento.
— Si bien podríamos proceder en este mismo instante en base a sus declaraciones, señora Tarantino, la situación es mucho más compleja de la que podría imaginarse. Los peritos no han descansado en días intentando unir la muerte de su esposo con la del Fiscal Lutič y un oficial de la policía. Tenemos una pared repleta de conexiones de sospechosos que podrían estar involucrados, no solo en estos sucesos en particular, sino en los anteriores ocurridos en la región. Me temo que si desde la FGF firmo la orden de detención de Louis Wieber, que no es cualquier persona, tendría antes que eso, firmar la orden de detención de señor Gregg Akins, porque su hermano se ha encontrado en la línea principal dentro de las investigaciones del Fiscal Lutič.
Isabella Majewski intentó ocultar en esos momentos que el corazón estaba a punto de salirle del pecho.
— ¿Por qué nuevamente mi hermanito es mencionado en todo esto? —se preguntaba a sí misma— Solo quiero que Louis pague por su crimen. No puedo mover un solo dedo más que perjudique a Akins.
— El señor Gregg Akins no ha sido detenido porque no se han recabado pruebas consistentes en su contra, pese a que su nombre siempre ha saltado en la mayoría de los sucesos. La existencia de su hermano Akins es un poco turbia. ¿Cierto señora Tarantino?
— ¿A qué se refiere con turbia, Fiscal Reinhardt?
— Tal vez no sea la expresión correcta. Me refiero a que no hay muchos registros de él. De hecho no hay nada acerca de él, a excepción de estos últimos años —explayó el Fiscal Reinhardt notando la aparente incomodidad de Isabella— Entiendo que no quiera perjudicarlo aun más, por sobre todo luego de aquel falso allanamiento dentro de la mansión de Herdecke. Porque imagino que ya se encuentra al tanto de que aquel procedimiento fue ilegítimo. No existió ninguna orden judicial expedida desde la fiscalía. Aquello claramente fue una trampa orquestada para atrapar al señor Akins. Trampa en la que por alguna razón estuvo involucrado su esposo Tarantino. ¿Entiende ahora porque tanta complejidad en todo este asunto?
El Fiscal Reinhardt se acomodó sobre su silla.
— Le diré algo que no le he dicho a nadie más que a mi entorno de entera confianza, señora Tarantino. Existe un sector corrupto muy poderoso dentro de las altas filas de la justicia, por lo tanto puedo jurarle que incluso yo tengo enemigos por estar sentada en este lugar intentando cumplir con mi rol de Fiscal General Federal de manera íntegra e intachable.
— ¿Qué quiere dar a entender exactamente, Fiscal Reinhardt?
— Que dicho sector corrompido de la justicia ha estado interfiriendo en investigaciones muy importantes que podrían dejar al descubierto su vinculación con organizaciones criminales y red de tráfico internacional. Un claro ejemplo de todo lo que estoy diciéndole es precisamente el ex agente Louis Wieber, quien cuando se encontraba en los últimos tramos para llevar a cabo un complejo operativo por el cual trabajo años incluso con ayuda de su padre, el ex agente retirado del SIID, no solo fue apartado del caso. Anularon el proceso de la misión y fue inmediatamente reemplazado por orden del jefe Superior, y para que no representara ningún tipo de peligro, lo desvincularon también como jefe de la Bundespolizei.
Un repentino silencio se tornó posteriormente en el despacho del Fiscal.
— Podemos tomar su grave acusación contra el ex agente, pero muy difícilmente podremos proceder en su contra sin las pruebas correspondientes. En cuanto a lo referente a su hija, es un caso aparte, desde luego. Remitiré un citatorio a su nombre y deberá comparecer dentro de las próximas 48 horas para prestar declaración. Posteriormente haré lo mismo con respecto a su hermano Gregg Akins. Mientras tanto proseguiremos con las investigaciones, rogándole a Dios que logremos encajar todas estas piezas para que cada culpable cumpla con el castigo que le corresponde.
— Solo quiero a mi hija de vuelta conmigo, y desde luego que esclarezcan la muerte de Julius. El circuito de seguridad en los establecimientos de mi apartamento tuvo que haber captado el momento en el que Louis estuvo allí. Me dejó amarrada y encerrada a una silla la noche entera mientras perpetraba su horrendo crimen. Si mi esposo en verdad cometió un error, sabré asumirlo. Es más, de haberlo sabido a tiempo muy probablemente ni siquiera me habría casado con él, pero las cosas se han dado de este modo. Mi familia ha atravesado ya por muchas desgracias, y de solo pensar que inconscientemente tuve algo que ver con la trampa que le tendieron a mi hermano y al posterior atentado que sufrió estando con mi hermanita en su coche, me aterro de un modo que no se lo imagina —culminó poniéndose de pie—
El Fiscal Reinhardt también se puso de pie.
— Mi propio colaborador de cabecera se encargará de enviar cuanto antes el citatorio para el ex agente, y la mantendrá al tanto de la situación, señora Tarantino. A partir de mañana estaré fuera de la región por un par de días, pero en absoluto las investigaciones frenarán su marcha.
La joven Isabella asentó y abandonó el despacho del Fiscal General Federal siendo acompañada por la misma hasta la puerta.

MANSIÓN DE HERDECKE
— ¿Ihsân aun no ha venido?
— No, señor.
Ofuscado, Akins marcó el número de su primo un par de veces, pero no recibió respuestas.
— ¿Fue a despedir a la chica o es que acaso viajó con ella? Inténtalo tú por mi, Waldo, y si te contesta dile que venga de inmediato —ordenó subiendo a ver a Aurora—
Akins tocó un par de veces su puerta, y terminó por perder la paciencia, pues tampoco allí recibió respuestas.
— ¿No oíste acaso que estaba golpeando la puerta?
Aurorita yacía de espaldas a la ventana mientras que su prima Amalie se encontraba sentada al borde de la cama.
— Voy a bajar un momento. ¿Es verdad que mi padre estuvo aquí?
— Estuvo, sí, pero ya se fue.
— Bien… Iré abajo y lo llamaré porque necesito hablar con él.
Ni bien Amalie abandonó la habitación, Akins se acercó unos pasos a Aurora quien aún seguía de espaldas, mientras que Copito de nieve era el único que no lo ignoraba.
— Aurorita, me dijo Waldo que querías hablar conmigo y que estuviste hacia el sector de la mansión que tienes prohibido pasar. ¿Qué querías decirme?
La joven seguía sin contestar
— ¿Porque no hablas? ¿Qué te sucede ahora?
— Ojalá hubiese muerto dentro de ese coche.
— ¿Qué dices? ¿De nuevo con tus tonterías, Aurora?
— Ni siquiera habría sentido dolor como el que siento ahora. De haber muerto, nunca me habría enterado de que lo tienes todo planeado para dejarme, y que crees que no sufriré. Que seguiré con mi vida y que no tardaré en olvidarte.
Cuando finalmente Aurorita volteó viendo directo a los ojos de Akins, una grieta profunda parecía habérsele abierto en el pecho al ver su rostro empapado de lágrimas. Al ver a través de su mirada, el quiebre de su alma.
En esos momentos, Akins también prefirió haber muerto dentro de aquel coche en lugar de verla en ese estado por su culpa.
— Si lo que quieres es volver a esa isla y perderte en aquella cima, hazlo ahora mismo. No tienes que esperar más tiempo. Yo no quiero nada que provenga de tu estadía en este lugar. No quiero esta mansión. No quiero esas empresas y mucho menos todo el dinero que proviene de ellas.
Aurora tomó su bolso de bailarina y una maleta. Cargó a Copito de nieve en un brazo.
— ¿A dónde vas a ir?
— Eso a ti ya no debe importarte. No te atrevas a seguirme, y no te atrevas a ordenarle a tus guardias que me prohíban la salida.
Abajo, en el jardín, Amalie Majewski se encontraba hablando con su padre quien tuvo que abandonar la mansión sin poder verla pues se le había hecho tarde para su turno de ingreso en el hospital.
— Tú seguirás haciendo tus cosas como siempre, Amalie. No hay razón alguna para que vivas con miedo. Cometí el error de descuidarlos una sola vez, pero no volverá a suceder. Al menos no contigo, hija. Tu hermano sabe cuidarse solo desde hace tiempo.
Desde atrás, alguien le arrebató el teléfono móvil a Amalie. Se trataba del joven Ihsân quien finalmente había aparecido.
— ¿Qué dices, padre? También podría sufrir un atentado en cualquier momento en el que me tomen desprevenido. ¿Sabes?... Es más, hace un par de días recibí un impacto de bala en el pecho, pero afortunadamente traía puesto mi chaleco.
Amalie palideció oyendo esas palabras de su hermano.
— Te atormentará mucho en verdad saber quién fue, Y por esa razón te lo diré. No lo imaginarías. Katja Gartmann. La hija de Julia Gartmann. Esa misma que una vez se hizo pasar por otra persona para acercarse a Karîm e intentar obtener acceso a informaciones de toda la familia. Probablemente eso tampoco te lo imaginabas. La hija de Julia Gartmann se hizo pasar por Alina Dreßel para acercarse al príncipe heredero. Creo que incluso se hicieron novios, aunque Akins lo niega.
Atónito ante el teléfono, Najib Majewski quedó perplejo.
— ¿De dónde sacaste todo eso, Ihsân?
— Dime por quien demonios me tomas, padre. Escúchame muy bien lo que te voy a decir porque luego no te lo volveré a repetir. Seré yo quien cuide de Amalie. No permitiré que nada malo le suceda a ella. Tú encárgate de proteger a mi madre y a Sophia, porque si algo malo llegara a sucederles, primero acabaré contigo y luego con los enemigos.
Ihsân colgó abruptamente la llamada y le devolvió el teléfono móvil a su hermana.
A unos pasos más atrás de ambos, no se habían percatado de que Aurora todo lo había escuchado.
— ¿Primita, que haces ahí? —preguntó Amalie observando de reojos a su hermano quien también se sorprendió de ver a Aurorita allí parada y con una maleta en mano—
— ¿Qué es eso, Aurorita? ¿Vas a alguna parte?
Aurora, bajó a Copito de nieve. Soltó la maleta y el bolso acercándose a Ihsân.
— Repite eso que has dicho.
— ¿Lo que dije?
— No te hagas que lo oí muy claro, Ihsân. Aquella chica.
— No sé a que chica te refieres.
— Ihsân, voy a arrancarte los pelos. Lo juro.
— Alina Dreßel. ¿Te refieres a ella? —decía Ihsân intentando que su prima no se le avalanzara— Aurorita, tienes que calmarte porque si Akins se entera que oíste el nombre de esa chica querrá estrangularme, y sabes que no lo permitiré y acabaremos peleando a muerte.
— Cierra la boca. ¿Esa chica se hizo pasar por otra persona para acercarse a Karîm y hacerle daño? ¿Esa maldita garrapata succionadora volvió a aparecer? Contesta…
— Me pediste que cerrara la boca.
Pegando un grito de coraje, Aurora le jaló de los pelos, mientras Amalie vanamente intentaba apaciguarla.
— Primita, cálmate, por favor.
— ¿Qué modales de reina son esos, Aurorita?
— Mis modales de reina dejarán de existir por completo si no me cuentas todo con lujo de detalles.
— ¿Qué está sucediendo? — irrumpió Akins a unos cuantos pasos más alejado de los tres—
— Te lo contaré todo. Te lo prometo, pero no le digas a Akins lo que escuchaste. ¿De acuerdo? —susurró Ihsân—
— Nada del otro mundo —habló Amalie— Mi hermanito y yo estábamos peleando como siempre, y Aurorita solo intervino.
Sin decir nada, Aurora volteó. Volvió a tomar a Copito de nieve al igual que su bolso y maleta, y se alejó rumbo a la salida principal donde un Taxi ya estaba aguardando.
— Vámonos, Amalie. El taxi nos espera.
Amalie tomó su bolso, y abordando el taxi, ambas, la mansión de Herdecke abandonaron.
— ¿Escuché bien? Aurorita abordó un taxi y tú estás así de tranquilo?
— ¿Acaso ves una gota de tranquilidad en mi rostro?
— ¿Por qué salió de aquí con una maleta? ¿Se pelearon?
Sin contestar, Akins respiró profundo echándose sobre uno de los banquillos del jardín. En esos momentos tenía solo dos opciones. Actuar con la cabeza caliente y de un brazo traer de regreso a Aurora a la mansión, o apagar su mente por un par de horas encerrándose en el salón.
No tenia dudas. La segunda era la mejor opción.




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