UNIVERSITÄTS KLINIKUM ESSEN (Hospital Universitario de la ciudad de Essen)
— ¿Hija, qué tienes? ¿Te sucedió alguna cosa?
Alarmado, Najib Majewski observó a su alrededor y abrazó a su hija. Los guardias de la joven Amalie, estaban allí acompañándola como siempre, por lo tanto no pudo haber sucedido nada malo.
— Amalie, estás asustándome. Dime por qué lloras.
— ¿Todo lo que te ha dicho Ihsân al teléfono fue verdad, papito? ¿De nuevo estamos en peligro? Por favor, no me mientas. Primero Karîm es secuestrado y luego él y mi primita sufren un atentado horrible. ¿Que seguirá luego? ¿Esa gente vendrá por mí?
— Nadie vendrá por ti. Esta vez yo no lo permitiré.
— Tengo mucho miedo.
— Escúchame… Todo estará bien. Yo cuidaré de ti. Cuidaré de toda mi familia.
— ¿Jennifer y Sophia también corren peligro?
Negando con la cabeza, el hombre envolvió de nuevo entre sus brazos a su hija intentando vanamente calmarla.
— Ihsân dijo que le dispararon. Lo oíste muy claro, padre. Dijo que se trataba de la misma chica que alguna vez se acercó a Karîm. ¿En verdad se trata de la hija de aquella mujer que nos secuestró a mi hermano y a mí cuando éramos niños, y que acabó con la vida de la tía Paula?
— Amalie, es suficiente. Necesito que te calmes. Iremos a casa ahora. ¿De acuerdo? Allí ya tendremos ocasión de conversar sobre estos asuntos, pero bajo ningún sentido te atrevas a contarle eso a Jennifer. Prométemelo.
— Le dispararon a mi hermano.
— Tu hermano está bien. Prométeme que no le dirás nada a Jennifer.
— Está bien
Rodeado por sus guardias, ambos abordaron el coche. Por ese día, Najib Majewski había decidido reprogramar el resto de las citas de sus pacientes para llevar a Amalie hasta la casa y reunirse con su esposa y su pequeña hija Sophia.
MANSIÓN DE BYFANG
— ¿Papito Michael, qué haces aquí? ¿Te dieron de alta y nadie me avisó? —preguntó Aurorita observando de reojos a su hermana Gina Alicia—
— Más o menos, mi reina. Creí mejor terminar de recuperarme aquí en la casa.
En medio de sus lágrimas, Aurorita sonrió abrazando a Michael,
— Eso es verdad, Aurorita. Aquí Michael recibirá los mismos cuidados que en el hospital, y descansará en nuestra propia habitación. Es más, en este mismo momento subirá a descansar como corresponde. ¿Cierto, amor?
Michael asentó
— Te acompañaré —dijo Aurorita mientras que Gina Alicia se disponía a solicitar una conversación en privado con el ex agente Steen—
— ¿Me acompañas hasta el despacho, Louis? Por favor.
A Said Majewski ganas no le faltaron de seguir a ambos hasta el antiguo ex despacho para formar parte de aquella conversación, sin embargo decidió contenerse. Desde hacía años su hija mayor y Michael habían tomado las riendas de aquella mansión. Lo habían hecho de manera perfecta, por lo tanto su regreso no le otorgaba el mínimo derecho a una excepción.
— Acompañaré un momento a Michael y volveré en unos minutos porque necesitamos hablar no solo de Karîm —le dijo Aurora a su padre—
— Te esperaré aquí el tiempo que sea necesario.
Said Majewski tomó asiento sobre el sofá mientras que Aurora acompañaba a Michael hasta su habitación.
La joven ayudó a Michael a reposar sobre su cama y se dispuso a acompañarlo hasta que llegara la enfermera que se haría cargo de sus cuidados y curaciones.
— ¿Quieres contarme sobre qué asuntos pretendes hablar con tu padre?
Aurorita, por breves instantes se hundió en silencio
— Puedes hablarlo conmigo también, Aurorita, y lo sabes
— ¿Michael, tú sabías que la asesina que mató a mi madre está viva?
Sorprendido ante aquella pregunta, Michael palideció.
— ¿Qué dices, Aurorita? ¿De dónde sacaste eso?
— Contéstame. ¿Lo sabías? ¿Es verdad que mi padre piensa que esa mujer está muerta? Si él cree eso, debe saber que no es así, y yo misma se lo diré en este mismo momento.
Dispuesta a abandonar la habitación, Aurora se incorporó, y Michael, de manera abrupta se puso de pie intentando detenerla, sin embargo sintió un agudo dolor en el cuello que frenó sus intenciones.
La herida en el cuello, por segunda ocasión le había vuelto a sangrar.
— ¿Michael, qué tienes? ¿Por qué haces eso? ¿Acaso quieres volver al hospital? Acuéstate de nuevo, por favor. La enfermera no ha de tardar en llegar.
— Aurorita, tú no puedes contarle eso a tu padre.
— Por supuesto que puedo. Karîm tiene en cautiverio a esa mujer, y ahora aquella garrapata succionadora desea acabar con todos nosotros.
— ¿Qué? Espera que no entiendo nada…
— Hablaré con mi padre, Michael. Él es el único que puede arreglar toda esta situación porque al final de cuentas todo esto que estamos viviendo es por su culpa.
El hombre volvió a de tener a Aurora de una mano.
— Estoy de acuerdo contigo, Aurora, pero debes hacer las cosas con calma. ¿De dónde sacaste toda esa información que acabas de decirme? Habla…
— Amalie y yo nos reunimos con Ihsân antes de venir aquí. De hecho, en Herdecke ya oí una conversación de mi primo con su padre contándole esa historia, por eso le exigí que me contara toda la verdad.
Sin dar crédito a todo lo que escuchaba, Michael se tomó de la cabeza. En esos momentos, la enfermera quien acababa de llegar, se anunció en la puerta.
— Aurora, si le cuentas a tu padre que esa mujer está viva y que tu hermano la tiene en cautiverio, no lo resistirá. ¿Entiendes? Y no te servirá de nada contárselo.
— Karîm no merece estar en peligro por su culpa. Ninguno de nosotros lo merece —decía entre lágrimas—
— Lo sé, mi ángel. Lo sé, pero no será la manera correcta. Buscaremos un momento adecuado. ¿De acuerdo? Pase, por favor —autorizó finalmente a la enfermera— No le digas nada a tu padre aun. ¿Ok?
La enfermera ingresó a la habitación mientras que Aurorita abandonó la misma bajando hasta la sala donde su padre lo aguardaba. Oyó los ladridos incesantes de Copito de nieve que provenían del mismo lugar.
— ¿Qué sucede, Copito de nieve? Ah…ah… ¿Y ese gato? No es Vixen.
— No… Es la madre de Vixen y de los demás gatitos.
— ¿Los demás gatitos? —preguntó Aurora cargando entre sus brazos a Copito intentando calmarlo—
— Así es… aparte de Vixen están sus tres hermanitos recorriendo por toda la casa.
La joven sonreía, observando a la gata que de Copito de nieve había escalado muy arriba.
— Suficiente, Copito. ¿Qué modales tan horribles son estos? Es que nunca ha convivido con otros animales —prosiguió volteando a ver a su padre—
— Mmm… Pues menos mal no se me ocurrió regalarte uno también porque ya veo que Copito de nieve es muy celoso en verdad.
— De todos modos no podría tener un gatito porque Karîm es alérgico a los gatos. Aunque pensándolo bien, en este mismo momento sería capaz de adoptar cinco gatos y poner a todos a dormir en su cama para que se ahogue en su alergia.
Hechizado y con una felicidad que no le cabía en su pecho, Said Majewski oía y observaba a su hija.
— Tu madre era alérgica a los gatos, pero aprendió a convivir con Frufrú.
Aurora volvió a sonreír recordando a Frufrú. El gato que alguna vez tuvo su hermana Gina Alicia.
— Estoy seguro que tu hermano aguantaría a esos 5 gatos solo por ti.
— Eso no es verdad. Karîm ya no me quiere —dijo repentinamente echándose a llorar—
— Eso es imposible.
— No lo es… Te dije que lo tiene todo planeado. Karîm me va a dejar. Irá muy lejos para perderse en aquella cima.
Aurora llamó a Susanne, el ama de llaves, para que se llevara a Copito de nieve hasta la cocina.
— ¿Qué le sucede, señorita Aurora? ¿Puedo traerle algo de beber o de comer?
Aurora negó con la cabeza
— Solo hazte cargo de Copito. Dale algo de comer y que se mantenga alejado de los gatitos.
Susanne, con Copito de nieve entre sus brazos abandona nuevamente la sala.
— Recién estabas sonriendo. No puedes ponerte triste ahora.
El hombre tomó las manos de su hija y la condujo hasta el sofá dónde tomaron asiento.
— Cuéntame, mi hermoso ángel. Sí de algún modo puedo aliviar un poco el dolor que les causé a ti y a tu hermano, juro que lo haré. Necesito que me cuentes todo lo que sabes.
Desde luego que contarle absolutamente todo lo que sabía y que acababa de enterarse, era lo único que quería, no obstante las palabras de Michael acabaron bloqueando por completo sus intenciones.
Ese hombre que estaba frente a ella no merecía la mínima compasión. No merecía su perdón. Eso era lo único que su mente una y otra vez repetía, sin embargo, ir contra la corriente de lo que su corazón sentía, más no podía.
Había extrañado tanto a sus padres, y tantas noches había clamado por el milagro de volver a sentir la presencia de ambos, que el noble corazón de Aurora dio un vuelco inesperado. No podía odiarlo. Al mirarlo a los ojos, no podía evitar dar infinitas gracias a Dios por aquel maravilloso regalo .
No se trataba de un sueño. No era solo una ilusión. Su padre en verdad estaba allí junto a ella, y en verdad estaba tomándola de las manos. ¿Cómo podría siquiera atreverse a matar aquel momento? Por Akins estaba dispuesta a hacer lo que sea, pero nunca atentando contra la salud de aquel hombre a quien había extrañado tanto.
— ¿Entonces, Aurorita? —preguntó besando sus manos— Te escucho.
— Karîm nunca me ha inmiscuido en sus asuntos, papito. En Herdecke existe una línea que tengo prohibido atravesar. Solo sé que tiene intenciones de arreglarlo todo antes de volver a Jeju-Do. Él me dejará aquí sola. Yo ya no le importo en absoluto.
— No creas una cosa como esa, mi hermoso ángel.
El hombre volvió a rodearla entre sus brazos
— Te digo que eso es imposible.
— No lo es. Karîm volverá a Jeju-Do con el maestro Chung. Lo oí de sus propios labios. Tan poco le importo ya, que incluso olvidó nuestro viaje a Viena.
— ¿A Viena?
— Así es. Karîm me prometió qué iríamos juntos a Viena. Hace un par de meses recibí una invitación para el cierre de temporada del ballet estatal de Viena, y debo viajar en tres días, pero él ni siquiera lo tiene en cuenta. Me siento tan desdichada, papito.
— No digas eso, mi luz. Solo tuvo que habérsele olvidado, pero todo es tan simple como que se lo recuerdes.
— No lo haré —se incorporó en voz elevada haciendo a un lado sus lágrimas— Iré yo sola. No merezco las migajas de su tiempo y su atención.
Said respiró profundo mientras su hija volvía a rodearlo con sus brazos y él hacía lo mismo. El hombre pensaba en esos instantes en dar lo que le quedaba de su miserable vida con tal de no verla sufrir de ese modo.
Gina Alicia y el ex agente habían sido interrumpidos en los tramos finales de su conversación. Susanne, el ama de llaves anunció la presencia de un oficial de la Policía Federal General.
El mismo, había sido exclusivamente enviado por la FGF con el fin de entregar las respectivas notificaciones de comparecencia, tanto a la señora Bruchhagen como a su hermano Gregg Akins. Por otra parte, un citatorio penal en contra del ex agente del SIID y oficial de la PFA, Louis Wieber.
El ex agente, quien no tenía la mínima intención de esconderse, hizo presencia en compañía de Gina Alicia. El oficial le entregó a la mujer la notificación de comparecencia que le correspondía.
— El Fiscal General Federal estará fuera de la ciudad por tres días, por lo tanto las respectivas notificaciones poseen fechas estipuladas que espera sean respetadas. Todo será como corresponde, respetando el derecho a presentarse con una defensa, por sobre todo en el caso de usted, señor Wieber que cuenta con un citatorio de carácter penal —prosiguió el oficial entregándole el sobre correspondiente—
Wieber, lo tomó observando el remitente que efectivamente correspondía a un citatorio penal proveniente de la propia Fiscalía General Federal.
— Mmm… ¿No hubiese sido mejor una orden de captura en lugar de un citatorio penal? Me han acusado de un crimen, por lo que correspondería que me llevaran detenido en este mismo momento. Espera… Ya sé… No cuentan con una sola prueba en mi contra. ¿Cierto?
— El citatorio penal ya le fue entregado, señor Wieber. Deberá presentarse ante el Fiscal General Federal en fecha y hora estipulada. De no ser así, se procederá a su detención conforme prosigan las investigaciones con respecto a la muerte de Julius Tarantino.
— ¿Señor oficial, podría yo entregarle la notificación a mi hermano? —habló Gina Alicia—
— Me temo que eso no será posible, señora Bruchhagen. Debo entregar personalmente la notificación correspondiente al señor Gregg Akins.
Ocultos en la sala, Said Majewski y Aurorita absolutamente todo lo escuchaban. Isabella, la recientemente viuda de Tarantino, en compañía de Timothy Haggard llega a la mansión
— Hasta que finalmente das la cara. ¿Dime dónde está mi hija? ¿Dónde está Paulita? —vociferó abalanzándose contra el ex agente mientras su primo y su hermana intentaban controlarla—
— Isabella, Paulita ya se encuentra en la mansión. Se encuentra de regreso con nosotros.
— Te juro que esta vez haré hasta lo imposible para que nunca más vuelvas a ver a mi hija. Eres un asesino. Te pudrirás en la cárcel, Louis. Lo juro.
Timothy Haggard acabó conteniendo a Isabella alejándola del lugar.
— Paulita se encuentra con Hebâ en el jardín. Llévala hasta allí, Timo, por favor.
— Yo debo marcharme —dijo el oficial— Permiso
El ama de llaves acompañó al oficial hasta la salida.
— ¿La oíste? Isabella insiste en amenazarme con mi hija. No le bastó con todo el desastre que ha ocasionado por comportarse de ese modo. Le advertí en infinitas ocasiones que no me amenazara con apartarme de Paulita, pero decidió no tomar en serio mis palabras. Le pareció muy poco el hecho de haber quedado viuda.
Sin palabras, Gina Alicia quedó palidecida.
— ¿Wieber, de que estás hablando? Acabas de convencerme en el despacho de que tú no tuviste nada que ver con la muerte de Julius.
— No te equivoques, Gina, que yo no he intentado convencerte de nada con respecto a eso, porque en verdad no me interesa. ¿Ves este citatorio penal? Estamos de parabienes, porque es la prueba de que el Fiscal General Federal no tiene precisamente las intenciones de enviarme tras las rejas. Es un hecho que le pondrá un costo a mi libertad, y pronto lo vamos a averiguar.
— Prométeme que hablarás con mi hermano, Louis. Explícale tus intenciones de llevar a cabo ese arriesgado plan. Dile que todo se trata de liberarnos de una vez por todas de toda esta pesadilla. Que con ello limpiarás su nombre y el tuyo propio, y se asegurará la paz y tranquilidad de toda nuestra familia.
— Iré a casa de mi madre ahora. Mi-suk se encuentra de nuevo allá y deseo saber si todo está bien. A primeras horas de la mañana iré a Herdecke para hablar con Akins. Solo espero que ese principito testarudo esté de buen genio.
Gina Alicia asentó. El ex agente Steen se marchó.
— Papito, Karîm irá a la cárcel.
— ¿Qué dices, hija?
— Todo porque no hace otra cosa más que meterse en problemas.
— Es solo una notificación. Tu hermana también ha recibido una, por lo tanto no hay razón para alarmarse.
Nuevamente consumida por el llanto, Aurorita fue a echarse sobre el sofá.
— Te lo preguntaré una vez más, hija. ¿En verdad no sabes de alguna cosa que pudiera ayudarme a proteger a tu hermano? Es preciso que me lo cuentes para saber de que modo actuar. Si lo haces, no solo estaré protegiéndolo a él. También a ti, a tus primos, a tus hermanas. A toda la familia.
La joven insistentemente negó con la cabeza.
— Aurorita… Por favor, mi ángel.
— No quiero perderte de nuevo, papito. No me dejes solita otra vez.
— Eso no sucederá, mi amor. Esta vez no te dejaré. Te lo prometo.
— No me prometas algo que no cumplirás. Tu corazón está frágil. Lo sé.
— Es verdad, pero por ti y por tu hermano mi corazón lo resistirá todo. Cuéntame, Aurorita. Dime lo que sabes.
— Karîm tiene en cautiverio a esa mujer y ahora su hija desea acabar con todos nosotros. Él la matará con sus propias manos. No quiero que Karîm vaya a la cárcel. Mil veces prefiero que vuelva a Jeju-Do si allí estará a salvo por siempre.
— ¿De qué mujer hablas?
— De la mujer que mat…
— Aurorita —irrumpió abruptamente Gina Alicia—
— Gina, por favor. Ni siquiera lo intentes. Habla, mi amor. ¿Qué mujer es esa?
— La asesina que mató a mi madre. Karîm la tiene en cautiverio, y ahora su hija, aquella zarrapastrosa de Alina Dreßel está detrás de todos nosotros. Ya disparó contra Ihsân. Afortunadamente nada malo le pasó a mi primito.
Un silencio aterrador se tornó en la sala. Aurora observó a su padre quien palidecido yacía sin palabras.
— Papito, me prometiste que estarías bien.
Aurora acarició las mejillas de su padre, y lo abrazó con fuerza.
— Me lo prometiste. Si algo malo te sucede me sentiré culpable toda mi vida. ¿Papito?...
Una repentina y espantosa punzada en el vientre de Gina Alicia estremeció toda la mansión con un grito desgarrador. Bastaron unos segundos para que cayera desvanecida y todos los presentes en la mansión acudieran a socorrerla.
Su hermana Isabella y su primo Timothy, fueron los primeros en acudir alarmados desde el jardín.
— ¿Gina? ¿Qué fue lo que le sucedió?
— ¿Gina, que tienes?
Timothy, la cargó en brazos decidiendo que lo mejor sería llevarla de inmediato al hospital. Isabella, en esos momentos se percató de la presencia de su padre y de Aurorita.
Alarmado por aquel grito, Michael insistió en bajar a ver lo que sucedía. La enfermera bajó tras él. En cuestión de segundos, la mansión se había vuelto un verdadero caos.
— ¿Gina? ¿Gina, mi amor, que tienes? ¿Qué fue lo que sucedió?
— Solo oímos un grito y al ingresar a la sala ya la vimos desmayada. Lo mejor será llevarla a un hospital, Michael —decía Timothy dirigiéndose a la salida rumbo a su coche—
Por breves instantes, Isabella volvió a voltear en dirección a la sala, pensando en su padre y en su pequeña hermana, mientras se preguntaba qué fue lo que había sucedido. No obstante, optó por acompañar a Gina y a Michael quien aún no había terminado en recuperarse.
— Sarah, te encargo a las niñas. Por sobre todo a mi hija. ¿De acuerdo?
— Por supuesto, señora
El ama de llaves y los demás miembros del servicio de la mansión vieron partir a la señora de la casa, y acongojados todos ingresaron.
— Todo esto es por mi culpa. ¿Papito, por qué no reaccionas? Dime algo.
— Señorita, lo mejor será llevarlo hasta su habitación —habló la enfermera, y Aurora no dudo un instante en acatar dicha sugerencia—
Entre ambas ayudaron al hombre a llegar hasta su habitación para que pudiera reposar
— Lo mejor será que descanse un poco, señor Majewski
Reposar era lo último que se le pasaba por la mente.
— Que clase de pesadilla es esta. ¿Hasta cuándo Dios seguirá castigándome de este modo?
Preso de un odio que le carcomía hasta los huesos, Said Majewski derribó todo a su alrededor. Su ira era tal que no había poder humano en esos momentos que pudiera detenerlo.
Como si un despiadado huracán hubiese arrasado con todo a su paso, la habitación en cuestión de segundos quedó hecha pedazos.
En medio de los escombros y de todas sus miserias, una voz lo detuvo. La única voz que lo mantenía con vida cuando todo lo que deseaba era enterrarse a sí mismo a 10 metros bajo tierra.
— Asustas a nuestro pequeño ángel. Amor mío, detente.
Said volteó en busca de aquella voz, y halló a su hija, temblorosa y empapada en llanto, en un rincón.
— Mi amor, lo siento
El hombre se acercó de inmediato y le tendió las manos.
— Perdóname, mi ángel. No volverá a suceder. Estaré aquí contigo siempre, o al menos hasta donde me den las fuerzas, yo estaré a tu lado.
Said besó las manos de su hija, y ambos volvieron a abrazarse.
— No quiero que nada malo te suceda por mi culpa y tampoco a Karîm. Él se molestará mucho conmigo por habértelo contado.
— Nada de esto es ni será tu culpa jamás. Este será nuestro secreto porque a final de cuentas todo es con el único propósito de protegerlo. ¿De acuerdo?
— Señor Majewski, perdone la interrupción, pero es hora de su medicina. Y si me permite decirlo, considero que debería descansar un poco. Le está dificultando un poco respirar.
El hombre asentó
— Lo haré
— Puedes descansar en mi habitación. Le diré a Susanne que mande reordenar este lugar de inmediato.
— En breve los alcanzaré. Llevaré su galón de oxígeno, señor.