BOCHUM (RESIDENCIA DE LA FAMILIA STENZEL)
August Stenzel, hijo mayor de Judith y Norbert Stenzel, quien previamente a todo lo sucedido había tomado la decisión de retornar a Alemania con su esposa y sus hijos luego de varios años radicados en Grecia, visitó a sus padres. Necesitaba saber a acerca del estado de salud de su madre, y de paso poner al tanto a ambos de lo que acababa de suceder con Gina Alicia.
— Pasa, hijo. ¿Cómo estás? Pensamos que ya no venderías. ¿Y tu esposa y mis nietos?
— No pudieron venir. Nos estamos acomodando, padre. Esto de mudarse no es nada fácil, pero ni bien terminemos de instalarnos, serán los primeros invitados en nuestra nueva casa. Todos les envían saludos y abrazos.
El hombre, sonriente asentó
— Tuve que venir por un asunto en particular.
— ¿De qué se trata?
— Acabo de recibir una llamada de Philip.
— ¿Le sucedió algo a tu hermano? —preguntó Norbert, alarmado—
— Nada malo. Estuvo esta mañana en compañía de Timothy y su esposa acompañando a Isabella en la morgue judicial, y se dirigieron luego a Byfang para llevarla hasta la mansión. Timothy decidió quedarse, y mi hermano se ofreció en llevar a su mujer hasta su casa porque tenía otros asuntos pendientes que atender. En el trayecto llama Timothy y les dice que Gina se sintió muy mal y fue llevada de urgencias al hospital.
— ¿Qué dices? ¿Sabes qué le sucedió a Gina? ¿Cómo se encuentra?
— Todo esto es culpa tuya, madre —vociferó apuntando en dirección a la puerta donde avizoró a Judith oyéndolo todo— Tuya y de nadie más. ¿Y sabes que es lo peor? Que ni siquiera dimensionas todo lo que has ocasionado con ese comportamiento de odio que nunca has abandonado.
— August, por favor tienes que calmarte. Mejor dinos qué fue lo que le sucedió a tu hermana.
— ¿Calmarme, padre? ¿Yo debo calmarme?
August tomó a su madre de un brazo y la sentó sobre el sofá.
— Desde la muerte de la tía Paula, todos hemos sufrido. La vida no ha vuelto a ser la misma para nadie, por sobre todo para sus hijas. Luego aparece un hijo del cual solo tú sabías acerca de su existencia, y decidiste callar incluso luego de la muerte del señor Majewski.
— ¿La muerte del señor Majewski, dices? Ese hombre arrebató de los brazos de Paula a su hijo. Aquel pequeño varón que ella tanto deseaba y amaba con toda su alma. Mi Paula murió por su culpa, y luego fingió su muerte abandonando a sus hijas a su suerte con tal de librarse de la justicia.
— A eso mismo me refiero, madre. Ese ha sido siempre el problema que nunca te ha dejado seguir adelante. Quebraste a toda la familia. Te alejaste de tus sobrinas. Has negado volver a mirarme a la cara y ni siquiera conoces a tus nietos por el simple hecho de haber aceptado un puesto en Bahar Malak. Todos nos hemos tenido que levantar. Todos lo hicimos, menos tú. Has escogido vivir sumergida en ese odio que a final de cuentas no te ha conducido a nada bueno. Intentando acabar con la vida de una persona casi hieres de muerte a tu propio ahijado. Al esposo de la niña que tú y mi padre criaron como a una hija. La madrina Norah, teniendo al padrino en el hospital casi pierde a su único hijo por tu locura. Pudiste haber ocasionado una desgracia mucho más grande en la boda de tu sobrina, y aun así sigues centrada en tu odio hacia una persona que ha pagado suficiente ya por todos sus errores y que seguirá pagando si no se solucionan los problemas actuales dentro de la familia Majewski. Isabella perdió a su esposo, Aurorita y Karîm sufrieron un atentado, y en estos momentos Gina se encuentra en el hospital porque casi sufre la pérdida de su embarazo, pero tú no estás allí para acompañar a nadie.
— ¿August, que dices?
— ¿Esa es tu forma de honrar a la tía Paula? ¿Piensas que estaría feliz por desquiciada actitud?
Hundida en el más devastador desconsuelo, Judith Stenzel se derrumbó en llanto, amargamente, mientras el señor Norbert volvía a preguntarle por Gina Alicia.
— Por favor, hijo, dime cómo está Gina. ¿En qué hospital se encuentra.
— En el Hospital Universitario, pero no sé cómo se encuentra. Solo sé lo que Timothy le contó brevemente a Philip.
— Quisiera ir allá, pero después de todo lo que ha sucedido, no podría sostener la cara de tanta vergüenza —prosiguió observando de reojos a su esposa quien no paraba de llorar— Con suerte, por tantos años de amistad, Norah no presentó cargos contra tu madre, pero ni siquiera deseo imaginar lo que hubiese sucedido si a Michael…
Norbert tomó asiento sobre el sofá.
— No fue mi intención.
— Lo sabemos perfectamente, madre. Tu única intención era acabar con el señor Majewski en la boda de tu sobrina, delante de todos los invitados. Todo debido a ese odio que te ha envenenado por completo.
— Judith, por el amor de Dios. ¿Crees en verdad que no ha sido suficiente ya? Nos hemos mantenido alejados de Gina durante todos estos años por causa de tu comportamiento, y ahora ni siquiera podremos ir a ver como se encuentra. No podemos estar con la niña que hemos criado durante años como nuestra propia hija —vociferó el señor Norbert en medio de su impotencia—
— Padre, iré a ponerme al tanto sobre el estado de salud de Gina, y ni bien tenga noticias te llamaré. ¿De acuerdo?
El acongojado hombre asentó. August dio unos pasos en dirección a la salida, sin embargo detuvo sus pasos volviendo en dirección a su madre.
— A pesar de que has sobrepasado todos los límites, creo que aun estás a tiempo de arreglar las cosas, madre. Y si estás dispuesta a hacerlo, sabes muy bien por dónde empezar y con quien hacer las paces por el bien de todos.
Judith observó fijamente a los ojos de su hijo, y haciendo a un lado sus lágrimas se puso abruptamente de pie.
— Jamás… ¿Me oyes? Prefiero mil veces ir a la Unidad Policial y confesar lo que hice, porque yo sí estoy dispuesta a pagar por mis errores. Es más, es exactamente lo que haré en este mismo momento.
La mujer tomó su bolso dispuesta a cumplir con aquellas palabras sin tiempo que perder.
— Judith…
— Haré lo que corresponde, Norbert. Lo que debí hacer desde aquel día. Ve a ver a nuestra hija, que tú sí podrás hacerlo porque nada tienes que ver con todo esto. A ti te recibirá y estará muy feliz de verte. Acompáñala y mantente cerca de Gina las veces que te sean posibles.
Judith acarició las mejillas de su esposo, y con un beso se despidió.