Antes de pasar al hospital universitario, el joven Akins en compañía de Waldo, y seguido por un par de vehículos de guardias había logrado contactar con su primo Ihsân quien le pidió que fueran por él hasta una estación de servicio porque el coche donde viajaba en compañía de sus dos habituales amigos se había averiado.
Ihsân le compartió a Akins su ubicación, quien sin más tiempo que perder, con su séquito de guardias fueron a por él. Al llegar, el chico abordó con gran prisa y Waldo aceleró la marcha.
— ¿El coche que se te averió dónde está? —preguntó Akins observando hacia atrás—
— Mis amigos y yo lo dejamos en la carretera, y cada quien fue por su lado.
— ¿Vas a decirme en qué andas metido está vez, Ihsân?
— ¿Oye, desde cuándo yo te debo explicaciones?
— Pues déjame refrescarte la memoria. Desde que decidí que estuvieras de mi lado para evitar que te enviaran a una correccional de menores hasta que tuvieras la edad suficiente de pudrirte en una cárcel de máxima seguridad.
El joven Ihsân respiró profundo poniendo los ojos en blanco.
— ¿Qué traes en ese bolso?
— No es asunto tuyo
— Espero en verdad que no andes de nuevo metido en cosas turbias, porque si tan solo lo intentas yo mismo te entregaré a la Kripo.
— ¿Te das cuenta de lo que dices? Porque si no es así, también te refrescaré yo la memoria. Tú no estás en posición de amenazarme con entregarme a la Kripo. Si yo caigo, tú caes. Es más, todo caerá a nuestro alrededor, y lo sabes. Mejor dime para qué me andabas buscando.
— Quiero saber qué fue lo que le dijiste a Aurorita
— ¿Qué le dije? No sé de que hablas.
— No te hagas el imbécil y contéstame
— ¿Qué pude haberle dicho? Espera un momento… ¿Aurorita se molesta contigo y tú buscas a otros culpables? ¿Es eso? Mejor pregúntate qué has hecho esta vez para enojarla tanto, a tal punto de que te dejara solo en Herdecke.
Akins respiró profundo intentando huir de las ganas que tenía de ahorcar a su primo.
— No dices nada porque eres el único culpable.
Waldo, de la nada frenó el coche abruptamente, pues casi desprevenido, un par de vehículos le había cerrado el camino. Hombres con pasamontañas y fuertemente armados descendieron de los mismos.
— Maldición, es una emboscada —advirtió Waldo alertando a través del radio a los guardias que venían detrás—
— Esos malditos no van a desistir hasta acabar conmigo, pero voy a darles una muy mala noticia. En estos momentos no me dan ganas de morir —dijo Akins buscando de inmediato las armas que se encontraban en la parte de atrás del coche, mientras Ihsân intentaba esconder con gran prisa el bolso que traía consigo—
Con el coche, Waldo retrocedió unos centímetros para acercarse a los guardias que en esos momentos ya se encontraban haciendo de escudo con sus respectivas armas.
Akins tomó el arma más potente que traían, un subfusil Agram 2000, y le ordenó a Waldo que abriera el techo del coche.
— No es buena idea, jefe. Quédese aquí. Nosotros nos encargaremos.
— Haz lo que te pido, Waldo. Ahora
— Plantom K, sabemos que estás ahí. Devuélvenos el bolso y te perdonaremos la vida a ti y a tu equipo.
Akins, quien ya se encontraba presto para enfrentar a esos hombres, observó a Waldo, y luego ambos voltearon en dirección a Ihsân cayendo en cuenta de que en aquella ocasión no se trataba de sus enemigos. Venían por su primo, o mejor dicho por el bolso y lo que sea que hubiera dentro del mismo.
Sin dar atisbos de intimidación, Ihsân también tomó un arma, dispuesto a enfrentarse a lo que sea en lugar de entregar aquel bolso. Le entregó dos armas más pequeñas a su primo y tomó en su lugar el Agram 2000.
— ¿Podrían bajar a cubrirme? Será solo para que los distraigan. Yo mismo acabaré con esos idiotas.
— Te lo advertí, Ihsân. ¿Piensas que no tengo suficiente con mis propios enemigos? ¿También debo lidiar con los tuyos?
— Deja tus malditos sermones. ¿Me ayudarán si o no?
— Es nuestra última advertencia. Tira el bolso y nos iremos.
Sin decir nada, Akins tomó el par de armas pequeñas y las ocultó, una bajo cada manga.
— Bajaré, Waldo, y acabaremos con esto de una vez. Ordénale a los guardias que no intervengan. Tu te quedarás aquí y le abrirás el techo a Ihsân cuando te lo diga.
A la expectativa de los delincuentes, la puerta del coche se abrió, sin embargo, quien descendió del mismo no se trataba en cuestión del personaje que esperaban.
— Señores, no sé quiénes son y no me interesa. Necesito que despejen el camino para que podamos continuar.
— Lo haremos en cuanto Planton K nos entregue el bolso. Sabemos que se encuentra dentro del coche. Si no sale en 5 segundos, tú irás al infierno con él.
Con aquel ya reconocido sarcasmo, el joven sonrió
— Conozco el infierno mejor que nadie y seré yo mismo quien los arrastre hasta allá si no despejan mi camino.
Burlándose de las palabras de Akins, aquellos extraños con pasamontañas se echaron a reír.
— Ich bin Kara Kanatlı Prinz. Der Herrscher über das ganze Mittelmeer, und niemand lacht besser als ich, der die andere seite der Hölle nicht kennt! (soy el Príncipe de Alas Negras. El soberano de todo el Mediterráneo, y nadie ríe mejor que yo sin conocer el otro lado del infierno) —vociferó deslizando las dos armas que llevaba guardada bajo sus mangas para abrir fuego—
El joven Ihsân, sobre el techo del vehículo se asomó, y en cuestión de segundos a todos acribilló, estrenando aquella noche un nuevo episodio sangriento en la ciudad de Essen.
En medio de los disparos, Akins recibió un roce de bala en el brazo.
— Jefe, está herido
— No soy un cobarde. Me quedaré aquí y asumiré el destino que me ha tocado. Ya no le temo al infierno. ¿Me oyeron? —vociferó— Ningún abismo podría ser peor que este lugar. Seremos el Clan Kara Kanatlar y todo Oriente lo sabrá. Todo oriente, a las buenas o a las malas nos tendrá que respetar
Consumido por su furia, Akins llenó de balas el cuerpo de uno de los sujetos que, herido aún se movía.
Sin palabras, Ihsân y Waldo lo observaban. El guardia principal se acercó
— Señor, lo mejor será retomar nuestro camino al hospital.
Akins esbozó una sonrisa.
— Por supuesto que retomaremos nuestro camino al hospital, Waldo. Esta herida me viene como anillo al dedo —prosiguió abordando el coche— Suban todos. Rápido…
Ihsân y Waldo se observaron extrañados.
— ¿Qué le sucede? ¿De nuevo cayó en su crisis mental? Él odia los hospitales
— Mejor sube, Planton K. Apresurémonos en salir de aquí que no tardará en reportarse la policía —decía Waldo mientras los guardias terminaban de despejar el camino para poder continuar—
— Nuevamente la ciudad amanecerá con otra masacre, y todo por tu culpa. Dime qué demonios tienes en ese bolso y por qué rayos te llaman Planton K.
— Soy Gamer. ¿Lo olvidas? Mi equipo es Planton, y yo soy K.
— Lo único que no he olvidado es que eres un delincuente —decía Akins discutiendo con su primo. ¿Qué hay en ese bolso?
— Un dinero que mi equipo y yo ganamos limpiamente, aunque no lo creas. Nos anotamos a una competencia, que desde luego ganamos, pero resulta que fue organizada por mercenarios. Gente que lava dinero en casinos y organizando eventos de competiciones. Hace una semana debían pagarnos nuestro dinero en criptomonedas, pero solo hemos recibido la mitad.
— ¿Criptomonedas?
— Las criptomonedas son activos digitales. Algo así como dinero virtual, pero que no existen físicamente y no están reguladas por gobiernos o bancos.
— Si esas criptomonedas no existen físicamente, entonces lo que tienes en tu bolso, imagino que son billetes reales.
— Imaginas bien
— ¿Y de qué modo obtuvieron el dinero que les faltaba?
— Oye, ya son demasiadas preguntas. Ciertas cosas no son de tu incumbencia
— Ihsân, no me hagas perder la paciencia.
El equipo Planton era uno de los más conocidos en el mundo de los Gamers por participar en grandes competencias y ganar millones en activos de criptomonedas, y por otra parte, un grupo anónimo de delincuentes cibernéticos que en los últimos años había perpetrado hackeos millonarios a empresas y entidades bancarias. En aquella ocasión, para recuperar el monto del dinero que no les había sido otorgado, utilizaron el método Ransomware, bloqueando todo el sistema del casino. Reservas, cámaras, y pagos, para exigir un rescate con el doble del monto que no les fue otorgado.
A excepción de otras, en aquella ocasión habían sido descubiertos al momento de retirar el dinero a cambio del rescate del sistema, razón por la cual el joven Ihsân optó por la única opción de proteger al equipo Planton. Acabar con todos los hombres que venían persiguiéndolo desde la entrega del dinero.
— Bloqueamos todos los sistemas del casino y pedimos un rescate
— Pero todo les salió mal y fueron descubiertos. ¿Cierto?
— Nada nos ha salido mal. Al menos no lo más importante. Nos tendieron una trampa porque esos sujetos no tenían intención alguna de pagar el rescate por el sistema. Son la peor basura con la que nos hemos topado.
— Mmm… ¿Sabes? Me agrada
— ¿Qué cosa?
— El nombre de tu equipo. Con una pequeña modificación sonará mucho mejor.
Frunciendo el ceño, Ihsân intentaba comprender. Su primo en verdad estaba comportándose mucho más desquiciado de lo habitual.
— Los traerás a todos ante mí, pero será en cuanto me haga cargo de mis propios asuntos. En estos momentos tengo otra cosa importante en mente, y tú me vas a ayudar.
Minutos más tarde, llegaron hasta el hospital, y debido a la herida de Akins, lo lógico era que ingresaran por el sector de urgencias. Antes de hacerlo, el joven le pidió a Waldo que enviara a uno de los guardias para percatarse de que no se encontrara ningún miembro de su familia rondando por esos pacillos, pues no deseaba dar explicaciones de lo sucedido y mucho menos darles motivo extra de preocupación.
Con lo de su hermana mayor de quien ni siquiera tenía noticias acerca de su estado de salud, no merecía atormentarlos con sus asuntos.
— Ningún miembro de su familia se encuentra en la zona, señor —dijo el guardia acercándose— Hablé en recepción y lo recibirán en una sala de curaciones.
Akins respiró profundo. De tan solo pensar en una sala de curaciones, se le revolvía el estómago, sin embargo las palabras de Aurora le golpearon tan fuerte que causaron estragos descontrolados en todo su orgullo.
— Te arrepentirás de haberme llamado cobarde y poco hombre, pequeña diabla.
El joven Ihsân, Waldo y un par de guardias más quedaron esperando en los pasillos mientras Akins se encontraba en urgencias siendo asistido.
— Perdí mucha sangre. ¿Necesitaré transfusión?
— No será necesario. Afortunadamente fue solo un roce. Con la sutura y un par de curaciones, pronto estará bien —habló la enfermera que acababa de asistirlo—
— ¿Me enviarán a una sala de reposo?
— Tampoco será necesario, señor.
— ¿Que no será necesario? No estoy bien. Me siento débil. Solicito una sala de reposo al menos por un par de horas. ¿De acuerdo?
— Veré que puedo hacer, señor. Las salas solo están disponibles para pacientes que realmente lo necesitan.
— Pues yo realmente lo necesito
La enfermera asentó
Sí algo había aprendido Akins a la perfección de Aurora, era sobre dramas y exageración, y aquella noche se dio el momento perfecto de poner a prueba sus dotes ocultos de actuación.
— ¿Qué es esa historia de que van a pasarte a una sala de recuperación? —preguntó Ihsân ingresando por delante del guardia principal—
— Escúchame muy bien lo que harás. Una vez que me encuentre en la sala de reposo, vas a llamar a Aurorita y le dirás que intentaron asaltarme. Que cinco hombres me rodearon para robarse todas mis pertenencias. Le dirás que luché contra todos ellos y que los aniquilé, pero que uno logró herir mi brazo con un balazo.
— ¿Vas a mentirle a Aurorita? —dijo Ihsân echándose a reír—
— Compórtate. ¿Quieres?. Si no lo tomas con seriedad, ella no va a creerte.
Oyendo todo aquello, Waldo negaba con la cabeza.
— Le dirás que perdí mucha sangre y que me enviaron a una sala de reposo para recuperarme.
— Jefe, nada de eso me parece buena idea. Luego de todo lo que nos ha sucedido en las últimas semanas, no sería correcto mentir de esa manera.
— A ti nada te parece buena idea, Waldo. Por esta ocasión solo coopera sin opinar. ¿De acuerdo? Ihsân, llama a Aurorita ahora mismo, y procura ser lo suficientemente convincente.